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"Soy un autodidacta del periodismo"

Ricardo “Chiri” Rivas, conductor de “Bola al centro” y propietario del Grupo Radial Carnaval, habla de todo. Del flamante premio que recibió por su trayectoria, de su pasión por la radio, de su formación como comunicador y de sus frustraciones y alegrías


Publicada 4 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Inseparables. Junto a Elena, su esposa. Llevan 24 años de casados.
“ME hubiera gustado entrevistar a juan PaBLOII, sin embargo me conformo con joaquín navarro vals, el portavoz del vaticano”

Claudio martínez
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

Chiripitifláutico. La palabra -rara, difícil de pronunciar y sin ningún significado aparente- le llamó la atención desde pequeño. Un personaje de la telenovela argentina Jacinta Pichimahuida, éxito en la década del 70 en la TV salvadoreña, lo utilizaba para darle la bienvenida a los alumnos del colegio donde se desarrollaba la historia.

“Hola mis chiripitifláuticos”, les decía Efraín, el celador, cada mañana.

Ricardo Rivas, que por ese entonces daba sus primeros pasos en la radio, decidió adoptar la palabra y no se cansaba de repetirla en su programa de la Femenina. “Probaba cuántas veces podía decirla en 30 segundos”, recuerda hoy con algo de nostalgia.

No le costó mucho ganarse un sobrenombre: El Chiripirifláutico. Luego, el tiempo lo fue erosionando hasta dejarlo en simplemente Chiri, como lo conocen todos.

Por esas cosas de la vida, Ricardo es al mismo tiempo uno de los comunicadores más famosos del país y también uno de los dentistas más prestigiosos. Él lo explica con una frase: “Son cosas del trópico, como decía mi amigo español Juan Bosco”. En un mismo techo conviven su consultorio y una de sus radios, la 102nueve. Y en su amplia oficina hay armonía entre los textos de periodismo y los libros de odontología que pueblan las bibliotecas, donde también hay espacio para diplomas, preseas y reconocimientos. Allí, entre todos ellos, está la última incorporación: el trofeo de Nuestras Estrellas que le otorgó El Diario de Hoy por su notable trayectoria en los medios.

¿Se lo esperaba?
Para nada. Me tomó por sorpresa… Fue una alegría muy grande. Los que sí sabían eran Pencho y Ochi, la gente de la radio. Nunca sospeché nada, pero ahora que lo pienso hubo cosas raras.

¿Cómo qué?

Me llamaron varias veces para confirmar si iba a ir. Además, Pencho pasó por mí en su carro, algo que no es común. Y en un momento, cuando ya estaba por terminar el show, yo dije que estaba pensando en irme porque a la mañana siguiente tenía pacientes temprano. Pero todos querían retenerme… Ahora me doy cuenta. Incluso cuando Willie Maldonado empezó a hablar del ganador del premio y comentó que conocía a su padre y que una vez, muchos años atrás, éste le dijo que no estaba seguro de la profesión de su hijo, yo me dije: “Oh, el señor pensaba igual que mi papá”. Era mi papá.

Su ámbito. En la oficina de Ricardo se mezclan dos pasiones: los medios y la odontología.

¿Su padre era así?
No le gustaba que hiciera radio, y mucho menos televisión. Le tuve que decir, para que se quedara tranquilo, que iba a terminar mi carrera. Esa promesa me costó sangre, sudor y lágrimas. Porque entre la carrera, el canal, la radio casi no dormía. Porque además tenía que hacerme un tiempo para ver a Elena, la que ahora es mi esposa.

¿Y además era buen alumno?

Me gradué con el primer puesto de mi promoción, lo digo sin soberbia. Ese fue el esfuerzo.

¿Y el periodismo?

Siempre estaba a la par. Dios me fue jalando para el lado de la comunicación. Yo estaba centrado en mi carrera, pero iba creciendo una vocación. Además, me estaba generando unos ingresos. Aquello me dio una independencia enorme, a tal punto que nunca necesité pedirle dinero a mi padre. Sólo una vez recurrí a él, cuando me dio 550 colones para mi primer instrumento de odontología.

¿Nunca estudió periodismo?
Soy un autodidacta del periodismo. Leo mucho y he invertido mucho en libros. La vida me ha dado tres hijos. Alejandra, la primera, estudia Radio y TV en Pamplona. Todos los libros que ella ha leído, luego me los ha mandado. Ricardo, el segundo, está claro que va a estudiar periodismo y yo me siento feliz. Creo que es una de las áreas donde más se puede influenciar y meter positivismo en este país.

Estuvo casi siete años fuera de los medios. ¿No sentía ganas de volver?
Quería regresar a hacer algo que fuera diferente, que aportara. Y no encontraba ese espacio. Una vez, en 2003, estuve a punto de volver a hacer un programa de opinión en Canal 12. Así comencé a pensar en Bola al centro. Me ha hecho mucha falta y es una tentación teniendo la radio tan cerca. Igual, en casos como el huracán Adrián, y las muertes del Papa y Schaffick me metí un poco. Lo hago cuando se trata de darle un servicio a la gente.

Y parece que volvió con todo...
Sí, ahora he decidido meterme más en el periodismo. Ya llevo cinco meses con el programa y estoy satisfecho. “Si no lo hago, me voy a frustrar”, me dije. Es un espacio abierto, donde se oyen todas las ideas. También quiero volver a la televisión, hacer un programa de opinión. Vamos a volver a escribir cuando sea el momento oportuno, porque el género de la columna me apasiona.

¿Qué le gustaría hacer en TV?

Bola al centro en TV es una buena idea... No sé, tiene que ser algo de opinión, pero ya estoy listo...

Diente por diente

Tratar de reflejar la vida de “Chiri” Rivas en dos páginas es como intentar explicar los principios de la física cuántica en apenas una frase. Sentado en su despacho, rodeado de una computadora, un televisior y un aparato de radio, da la sensación de nunca perder la calma. Su uniforme, impecablemente blanco, cuelga prolijo de una silla. Ricardo también ha contribuido, con esa paz interior, a cambiar un poco el estereotipo del dentista, esa persona a la que todos temen y que cuenta en sus manos con esa especie de arma de destrucción masiva llamada torno.

Evidentemente, aunque escondida, estaba la vocación de comunicador...
Ahora que empiezo a desempolvar recuerdos creo que sí, aunque no me diera cuenta había una vocación. En ese momento no había facultad de comunicación. Tampoco busqué hacer estos programas, fue como por invitación. Pero la radio es una pasión. Elena siempre me decía que yo tenía dos novias:ella y la radio. Y algo de razón tenía, porque cuando entraba a la radio yo besaba la pared.

Fue uno de los primeros Djs de El Salvador. ¿Cuáles fueron sus influencias?
En mi época se decía disck jockey. Siempre fui un enamorado del rock: me gustaban los Rolling Stone, Chicago, Jethro Tull... Incluso toqué guitarra, pero la verdad es que soy un frustrado del piano. Es un instrumento al que me gustaría dedicarle tiempo en algún momento de mi vida, aunque creo que mi período sensitivo ya pasó.

¿Algún punto de inflexión en su vida?

Hubo un momento muy importante y fue en 1977. Estaba en tercer año de odontología y la universidad estaba intervenida. Se cerró dos años y luego otros dos en el exilio. Cuando esto pasó me quedé en el aire, académicamente hablando. Pero se me abrieron un montón de puertas en el área de la comunicación.

¿Qué edad tenía?

21 años, y era director de producción de Canal 6. No sé en que luna andaban los directivos que me dieron esa responsabilidad siendo cipote. Dormía en el canal. A la par era director de Radio Femenina. La universidad no se regularizaba, entonces por 8 meses decidí dejar mi carrera. Para ese entonces ya me había casado con Elena. Cuando empecé a juntar los instrumentos para venderlos, recapacité. “Me faltan tres años, ¿cómo voy a dejar todo?”, pensé. Y mi esposa me ayudó a sacar la carrera, lo cual significó renunciar al canal... Ahora me siento diferente, ya pasé la etapa de la fama, la de las frustraciones...

¿Cuáles fueron sus grandes frustraciones?

Una fue en el año 2000, cuando me di cuenta de que la radio no funcionaba, por lo que tuvimos que hacer un gran replanteo. Y la otra fue cuando tomé la decisión de dejar el servicio público. Yo asumí como vocero del presidente Francisco Flores y antes del primer mes renuncié. No pude seguir. Era un presidente que no comunicaba, siendo él un extraordinario comunicador. Por eso decidí irme. Yo le decía al presidente: “Dejá que Paco Flores sea Paco Flores”. Pero no pudo.

¿Con Saca hubiera sido más fácil?
Con él no es necesario. No necesita vocero, es un excelente comunicador.

¿Alguna vez pensó en meterse en política?
No, y lo he demostrado.

Además de aprender a tocar el piano, ¿alguna otra asignatura pendiente?
No, sólo quiero generar opinión y ver a mis hijos felices.

¿Cual fue el mejor personaje que entrevistó?

Ignacio Ellacuría, rector de la UCA que luego asesinaron. Una persona brillante. Lo entrevisté cinco veces y aprendí mucho de él. Y tampoco me olvido de cuando transmití en cadena oficial la firma de los acuerdos de paz en el Castillo de Chapultepèc, en México. Toda la prensa mundial estaba pendiente de eso.

¿Y a quién le gustaría entrevistar?
Me hubiera gustado a Juan Pablo II. Sin embargo, me conformo con Joaquín Navarro Vals, el portavoz de El Vaticano. Hubiera sido feliz entrevistando a los escritores Chesterton y C.S.Lewis, dos de mis preferidos.

Hombre de familia
A los seis años, su único sueño era ser dueño de un circo. Luego cambió sus prioridades: “soñaba con tocar la batería en un grupo musical”. Pero pronto descubrió que en realidad quería ser luchador, un guerrero a imagen y semejanza de The Tempest, el ídolo de la lucha libre salvadoreña de aquellos tiempos al que su tío le llevaba a ver.

¿El fútbol nunca lo sedujo?
Sí, claro. A pesar de que mi padre era basquetbolista, yo era fanático del equipo de fútbol de la “U” y recuerdo los clásicos con el Alianza. Pero ya no lo sigo a nivel local.

¿Y el internacional?

Somos de sangre azulgrana en mi casa, creo que es el efecto de la globalización. Hace unos meses nos ocurrió algo muy lindo en Houston. Íbamos para el hotel en un carro y de repente mi hijo Guille me grita: “Papi, pará...”. Ahí estaban Edmilson y Sylvinho, así que nos bajamos. Fue el día que Barcelona y el América empataron 4-4. Una alegría muy grande. El fútbol local no me interesa, pero no me pierdo ningún juego de la Selecta.

¿En serio?
Sí, a la Selección, a todos lados. Siempre voy, incluso los partidos de la Sub-17. Unos días antes me habían hecho una operación de corazón abierto y sin embargo ahí estaba. Elena nos dejó en la puerta del estadio y subí caminando...

Su esposa juega un rol clave...

Elena es la persona que late conmigo. Vivo una vida muy intensa y sin ella todo sería imposible. Llevamos 24 años, pero nos consideramos una pareja joven. La amo con la misma ilusión del primer día y tenemos pasión por combatir la rutina. Si nosotros como pareja estamos bien, nuestros hijos estarán bien. La familia es lo más importante.

¿Por eso decidió aceptar la presidencia de APCE?

Y sí, no podía ser incoherente. Desde 2004 soy el presidente de la Asociación Promotora de Centros Educativos. Son La Floresta, Lamatepec, Campoverde y Horizontes. Es un modelo educativo muy fuerte en valores que se basa en la práctica de las virtudes en la vida cotidiana. Te educan en la libertad. Estoy convencido de que el colegio es la continuación de tu casa y que de lugares como esos saldrán los futuros líderes del país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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