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Comentario de la semana
Seguridad: el nuevo debate

¿Y qué decir de lo que estamos todos observando con la actual huelga en el Seguro Social?, ¿es que nos hemos hecho tan insensibles que vemos ya como “normal” el dolor humano, mientras sea ajeno?

Publicada 4 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Eduardo Torres*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Crece a nivel internacional el problema de la seguridad física y como si poco fueran la regionalización y globalización de estructuras del crimen organizado, narcotráfico, comercio clandestino de armas, tráfico de seres humanos y prostitución, entre otros, nos enfrentamos además, desde hace cinco años, a la guerra global contra el terrorismo. Lo cual para ponerlo simple equivale a la posibilidad de que nos hagan volar en mil pedazos sobre territorio occidental desarrollado, por el solo hecho de estar allí.

En cuanto a nuestro país, con contundencia muestran las encuestas que la seguridad física es, de manera individual, el problema número uno de los salvadoreños y que crece la angustia que como sociedad tenemos. Por ello fue, desde mi punto de vista, que tuvo tanto impacto semanas atrás el discurso del embajador de los Estados Unidos, Douglas Barclay, ya que sin duda tocó las fibras más íntimas del sentir generalizado de la nación.

Creo que también han sido importantes los señalamientos específicos realizados por la ANEP, pues resultados inmediatos, como el aumento de patrullajes que se están viendo en algunas de las principales ciudades es de lo primero que se requiere en esta lucha sin cuartel que como sociedad libramos en contra de la criminalidad. Para empezar, hay que apoyar a la Policía, dotándole de los necesarios recursos materiales, científicos y técnicos, -que incluya la mejora de salarios y aumento de prestaciones para el cuerpo policial- y las asesorías necesarias para convertirla en la corporación para la cual fue creada.

Habiendo hace tres días juramentado el Presidente de la República a una amplia y representativa comisión para tratar el tema de la seguridad ciudadana, pues lo menos que se les puede desear son muchos éxitos. El asunto de fondo, empero, como tan claramente lo manifestó el embajador Barclay, continúa siendo que la criminalidad hay que detenerla “ahora”. Muy bien con la comisión si desde allí se apoyan al corto plazo medidas concretas como las planteadas por la ANEP y se deja la agenda más amplia para el mediano y largo plazo.

Porque al igual que en el tema económico, ya no se trata de andar elaborando planes para después engavetarlos. Se trata de debatir lo de fondo, que está ya en el tapete de la discusión pública, como lo de traer 2,000 policías para las principales ciudades y sustituirlos con 2,000 soldados en el campo. Se trata de discutir las escuchas telefónicas a solicitud de la Fiscalía, y de las normas que habrán de regir en los penales. Se trata de plantear nuevas reformas a la legislación penal o como dijo el Presidente antes de salir hacia la cumbre en Uruguay, lo que de verdad se necesita son nuevos códigos.

¿Y qué decir de lo que estamos todos observando con la actual huelga en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social?, ¿es que nos hemos hecho tan insensibles que vemos ya como “normal” el dolor humano, mientras sea ajeno? ¿Es o no la comisión recientemente instalada un órgano de discusión de este tipo de problemática? ¿Es el caos y el desorden generalizado, venga de donde venga, provocado o no, algo que abona a la escalada criminal?

Personalmente pienso que hay reserva moral en nuestro país para rato, y que esta es la que está empezando a salir a luz ante la crueldad de los hechos que venimos presenciando. Vivimos, ciertamente, tiempos convulsos, donde por momentos parecería ser nuestra escala de valores el principal objetivo a vencer. Pero no es así, porque parafraseando a un autor espiritual de nuestra época, “estos tiempos de crisis”, para el ámbito que nos ocupa, pueden también sacar lo mejor de nosotros hacia el país.

Lo que desde el discurso del embajador Barclay ha cambiado, es que el debate sobre seguridad será más abierto y más serio. ¡El Salvador lo merece!

Director Editorial de El Diario de Hoy.


 

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