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Punto de vista
Después del ruido

Hace énfasis, además, en la pérdida de confianza que Europa está padeciendo con respecto a los valores espirituales, religiosos y morales; a la tendencia a borrar a Dios de los espacios públicos, etc.

Publicada 4 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Como suele suceder con las noticias, después de dos o tres semanas de estar en la picota, pierden actualidad, se olvidan, y son sustituidas por otras más candentes.

Eso ha pasado con las reacciones que provocó en algunos ambientes del mundo musulmán, y en las salas de redacción de las corporaciones de noticias y medios de prensa, el discurso que pronunció Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, el pasado mes de septiembre.

Sin embargo, todo se aprecia siempre con mejor perspectiva, una vez que los ánimos se enfrían. Y eso ha hecho un teólogo español de la Universidad de Salamanca. Olegario González de Cardenal ha dado recientemente unas declaraciones en las que no revuelve la herida, sino que se pregunta las causas de la pésima acogida que tuvieron las palabras del Papa.

Con ánimo de aprender y no de revivir ofensas, este estudioso dice que tanto desde los ambientes musulmanes, como en los occidentales, existen actualmente algunos puntos que hicieron desagradable la acogida de la cita de Benedicto XVI.

Más aún, precisamente por esas circunstancias, se dan no sólo reacciones desproporcionadas ante unas palabras cuyo significado se retuerce, sino también acciones como las anunciadas por el Primer Ministro turco, quien ha advertido que abandonará su país en los próximos días, durante la visita del Papa a Turquía.

González de Cardenal enmarca su análisis haciendo notar que las reacciones desfavorables no habrían sido posibles, si no existiera una atmósfera de tensión entre Occidente y el Islam. Concretamente, entre un Oriente que se siente explotado y una Europa que se siente desafiada.

Del lado occidental, el teólogo señala algunos problemas de fondo, tales como la caída de la natalidad en Europa, que hace a ese continente dependiente de la inmigración, principalmente desde países islámicos. Hace énfasis, además, en la pérdida de confianza que Europa está padeciendo con respecto a los valores espirituales, religiosos y morales; a la tendencia a borrar a Dios de los espacios públicos, etc.

Esos elementos hacen que cualquiera que pretenda dar testimonio público de Dios (aunque sea llevar cubierta la cabeza de las mujeres), sea visto en algunos ambientes como intransigente, en el mejor caso, o enemigo de la democracia y de la sociedad, en el peor de ellos.

Por otra parte, el mundo islámico plantea a Europa asuntos como la dimensión religiosa de la existencia humana. Una realidad que lleva a que Dios tenga una presencia pública en la sociedad, porque una creencia privada en Dios, que no tenga manifestaciones públicas, no es una creencia completa.

El Islam plantea, además, la coherencia entre las creencias y las actuaciones, la reivindicación de los valores espirituales que se ven cada vez más ahogados por los materiales, la reafirmación de la oración y el ayuno como acciones valiosas y no sólo como excentricidades de algunas personas creyentes, etc.

Es interesante notar que González de Cardenal no pone la discusión en los asuntos fundamentales de ambas culturas (cristianismo o islamismo), sino en los puntos que ambos credos tienen en común. Que en el caso de Occidente han ido palideciendo, mientras que en algunas sociedades orientales, parecen estar tomando control de todo.

No se trata de optar por una u otra cosmovisión, sino de encontrar lo valioso de cada una de ellas y referirlo a la dignidad humana. También hay que decir que las palabras del teólogo, están dirigidas a una sociedad española en la que actualmente es candente el debate del papel de la religión en la vida pública.

Así, dejar el discurso del Papa en mera anécdota habría sido demasiado frívolo o superficial. Por eso viene bien dar seguimiento a los asuntos importantes. Ojalá los periodistas, y quienes desataron las reacciones crispadas, se hubieran fijado más en el fondo del discurso pontificio y no sólo en la oportunidad de atacarle.

Por ello, porque nos ayuda a comprender un poco más el mundo en que vivimos, he querido hoy dedicar esta nota a un asunto que si bien --a primera vista-- podría parecer superado; después de un análisis más sereno, puede proporcionarnos muchas y buenas lecciones de vida.

*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.carlos@mayora.org

 

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