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Noche de fantasía y comilona

Tonacatepeque El singular desfile de la Muerte y El Cipitío fue visto por centenares de personas. El ayote en miel fue regalado por la municipalidad. La fiesta se celebra el Día de los Santos


Publicada 3 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Participación. Niños, jóvenes y adultos se involucraron en la celebración del día del ayote. Foto: EDH
Mauricio Martínez
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Con la luna a cuestas y en medio de una espesa neblina, personajes de la leyenda salvadoreña se dieron cita el miércoles por la noche en la ciudad de Tonacatepeque.

Niños y adultos disfrazados de siguanaba, justo juez, cadejos, cipitío, las lloronas, el padre sin cabeza, la muerte y de ángeles, fueron la atracción de este singular desfile.

Cada uno de los personajes se paseaban en las calles llevando consigo una “calabiuza” (calabaza elaborada de morro o ayote) la que iba iluminada con candela.

“Mis hijos, mis hijos, denme a mis hijos”, clamaba a gritos una de las lloronas, que iba con vestido de novia y con el velo puesto.

A lo lejos se divisaba la tenebrosa carreta chillona que parecía salida de las leyendas contadas por nuestros abuelos. La carreta era guiada por hombres que representaban a los ángeles.

Tradición. Los vecinos prepararon el ayote en miel en sendos peroles, el cual fue repartido entre los visitantes de varios lugares del país. Foto: EDH

La muerte y varios monjes con incenciarios circulaban por las calles provocando el terror a infantes y mujeres, y trayendo recuerdos a los mayores.

La misma iba adornada con cráneos y llevando consigo algunos “cadáveres” de desafortunados, provocando ruidos extramadamente agudos y extraños que ofendían al oído.

Según el historiador Luis Nicolás Silva, la tradicional fiesta se celebra el Día de los Santos. Es parte del rito o culto a Mictlantecuhtli, el señor de la muerte, quien en cuclillas velaba a los enfermos graves.

Es creencia popular que el 1 de noviembre Dios concede permiso a todos los santos para que, convertidos en ángeles, bajen a la tierra. Estos ángeles necesitan alimentarse y encuentran en el ayote en miel un manjar exquisito.

El desfile fue presenciado por centenares de personas de todo el país.

 


Desfile.
El atuendo y las máscaras de los personajes provocaron temor a los niños y a las mujeres. La fiesta culminó a las diez de la noche. Foto: EDH

El plato típico que nunca puede faltar

El ayote es sin duda uno de los platos centrales de esta antigua celebración.

El ayote en miel es preparado junto a especies como la canela, la pimienta gorda y el dulce de panela.

Primero se limpia el ayote, luego se le sacan los bejucos. Después se coloca en un recipiente junto a las especies y se pone a hervir.

El tiempo de preparación dependerá de cuán suave esté el ayote.

Por lo general el tiempo de cocción es de más de una hora, según las expertas.

Flor María Gómez es una de las personas que participó en la elaboración de este producto.

El platillo fue repartido a los niños que se acercaron a su casa. Según Gómez, el requisito para entregar una porción del alimento es que las personas llegaran con disfraces y entonando el cántico tradicional.

Según Pedro Erroa, alcalde de Tonacatepeque, fueron 30 familias aproximadamente que contribuyeron en la preparación del tradicional platillo.

El ayote no sólo fue entregado en las puertas de las casas, sino que al final de la celebración la comuna repartió la comida entre los centenares de asistentes.

Las personas se retiraron satisfechas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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