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El 7 de Noviembre
¿Cómo “votarían” los latinoamericanos?

Los hipotéticos votantes latinoamericanos en los comicios estadounidenses se encuentran tan divididos o tan llenos de contradicciones que el resultado de su votación es … ¡a cara o cruz!

Publicada 3 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Álvaro Vargas Llosa*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

A propósito del enérgico sermonario del embajador Douglas Barclay, pronunciado el 16 de octubre recién pasado en FESPAD, decía en el artículo “El Estado en mal estado”, que había creado conciencia sobre el problema delincuencial, a pesar de que ya lo habían denunciado diversos sectores tales como partidos, universidades, sindicatos, etc.

Las reacciones fueron diversas. Unos, que fue sugerente; otros, integral y otros, recriminante. Pero todos lo aceptaron convencidos de que tuvo como objetivo fundamental unir esfuerzos para luchar contra la epidemia de la violencia criminal. La única reacción sorpresiva fue la del vocero de Go-bernación al aceptar la alocución con cara “agradecida, pero jodida”.

Pero sea lo que sea, la verdad es que el Estado salvadoreño no puede capitular de su responsabilidad constitucional de garantizar a los ciudadanos el derecho a la vida, a la libertad, al trabajo, a la propiedad privada y a la seguridad pública. Porque lo peor que le puede pasar a un país convulso y desgarrado es una autoridad indecisa y omisa. Por esta conducta negligente el embajador Barclay tuvo el valor de decirnos en nuestra propia cara --a sabiendas del principio de no intervención-- que debemos encarar la violencia criminal haciendo cumplir la ley con la fuerza de la democracia y el poder del Estado de Derecho.

Ante el valor fundamental de preservar la vida y otorgar seguridad a los ciudadanos, antes que los negocios, no vale ninguna justificación: ni la falta de dinero, pues asignándolo racionalmente se puede hacer mucho y no dilapidándolo en viajes, publicidad y banquetes; ni culpando al rival, como lo hacen recíprocamente los dirigentes de ARENA y del FMLN, porque además de partidizar un problema nacional con fines electoreros, sólo refleja hipocresía y cinismo; ni alegando en forma eufemística, que la “responsabilidad es de todos”, pues significa exculpar a los responsables. ¡Cómo que nadie es responsable! Y los representantes electos, ¿para qué sirven? Porque sería inconcebible creer que los elegimos como simples adornos y no para devolverle a los ciudadanos su seguridad y a los industriales su certeza. Los gobernantes son elegidos para poner la ley al servicio del orden y la seguridad pública.

El embajador Barclay fue claro al responsabilizar al Gobierno --Poder Ejecutivo, Poder Legisla-tivo y Poder Judicial-- por la falta de seguridad pública. ¡No le llamemos amor a lo que es simple sexo! El diagnóstico del embajador Barclay se centró en la tesis de que las autoridades no han logrado construir el andamiaje institucional necesario para hacer frente a la delincuencia en cualquiera de sus manifestaciones. O sea, que no existe coordinación para prevenir, juzgar y castigar la delincuencia. Por el contrario existe desorden e impunidad, lo que estimula más epidemia criminal.

Pero también está el aspecto subyacente: si los gobernantes no pueden garantizar la seguridad de los gobernados es porque existe ingobernabilidad; porque vivimos en un interregno en donde no hay soberanos, ni reyes, ni califas, ni sultanes y, en fin, porque las instituciones democráticas están en crisis. Es claro que no se trata de encontrar cabeza de turco porque la crisis no es de individuos --”falta de liderazgo”, como dice el Dr. Armando Calderón Sol--, sino de instituciones políticas. Hay una acumulación de evidencias de que la estructura política ha caducado y que se debe transitar a otra.

El fenómeno de la ingobernabilidad se entiende mejor en relación al de la gobernabilidad. La voz gobernabilidad se refiere a la calidad de gobernable y este, a su vez, al poder de mandar, dirigir. E ingobernabilidad significa falta de poder, de mando, de autoridad. Pero mientras la gobernabildad se alcanza, generalmente, en los regímenes totalitarios --comunistas, fascistas, islamistas-- la ingobernabilidad sobreviene en los sistemas democráticos. Las paradojas de la política.

Por eso dijo Wiston Churchill que “la democracia es el menos malo de los sistemas, exceptuando a todos los demás”. O sea, que la democracia no es sólo la menos mala, sino la mejor forma de gobierno que conocemos. El corolario no es, entonces, cambiar el sistema democrático, sino sus instituciones envejecidas e inoperantes como la de los partidos políticos.

*Columnista de El Diario de Hoy. carlos_sando1@yahoo.com

 

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