| Manuel
J. Aguilar Trujillo*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El cinco de noviembre el pueblo de Nicaragua se apresta ir a las urnas
para escoger entre cinco candidatos al próximo presidente del país.
Ellos son Eduardo Montealegre Rivas, José Rizo Castellón,
Edmundo Jarquín, Edén Pastora Gómez y Daniel Ortega
Saave-dra, quien resulte electo regirá los destinos de un pueblo
que por obra y gracia de muchos de sus políticos, desde los mismos
albores de su independencia como provincia del Reyno o Capitanía
General de Guatemala, se ha visto inmerso en asonadas, guerras civiles,
asesinatos políticos, en fin, una serie de desastres que, a pesar
de ser un país con grandes recursos naturales y un pueblo industrioso
y trabajador, esos políticos le han impedido desarrollarse como
los otros países del Istmo, teniendo el dudoso honor de ser el
más pobre de la región centroamericana y el segundo o tercero
de todo el continente.
Gran parte de esa o esas tragedias, se deben a la índole de sus
dirigentes, incapaces de sobreponer sus ambiciones e intereses personales
en aras del bienestar de la patria, luchando entre si en alcanzar el poder,
siendo incapaces, ante un enemigo común de unirse, con muy pocas
y notables excepciones, siendo una de ellas, cuando debido a feroz guerra
civil entre demócratas y legitimistas, los políticos leoneses
contratan, por medio del tratado Byron-Cole-Cas-tellón, mercenarios
esclavistas estadounidenses, quienes llevando como jefe al aventurero
William Walker, viendo la debilidad de los nicaragüenses, vale decir,
demócratas y legitimistas, se apoderan del país, siendo
necesario la unión de ambos partidos y la participación
del resto de Istmo, para expulsarlos.
Es en el período conocido como el de los treinta años, que
en realidad fueron treinta y seis años, en el cual gobernó
la oligarquía conservadora comenzando con el general Tomás
Martínez Guerrero y terminando con el doctor Roberto Sacasa Sarria,
que se inaugura la primera de las dos grandes dictadores que ha tenido
Nicaragua, ambas pertenecientes al Partido Liberal, la del general José
Santos Zelaya, quien tiranizó Nicaragua desde el año 1893
a 1909, y las dinastías Somoza-García y Somoza Debayle,
que en conjunto convirtieron a Nicaragua en un feudo, por espacio de más
de cuarenta años.
Todo por la guerra civil, entre liberales y conservadores, lo que fue
posible por la desunión de los de los partidos de la oposición
a ambos dictadores, y propició con la siempre desunión de
los políticos, la llegada del marxismo-sandinismo a Nicaragua,
cuya secuela, nefasta para el país, es el ex-miembro de la junta
de gobierno y ex-presidente sandinista de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra,
quien a pesar de ostentar en su hoja política de vida, ejecutorias
tales como depredador de su patria, acusado por su hijastra Zoyla América
de incestuoso, acusado de masacrar de la etnia Miskita, “mago”
que después de haber llegado al poder con una mano delante y a
otra atrás, él y su hermano Humberto, se han convertido
en dos de los personajes mas adinerados, no sólo de Nicaragua,
sino de todo el Istmo.
Tales ejecutorias en cualquier país civilizado serían más
que suficientes para inhibirlo de ser candidato, no digamos a presidente,
sino a ocupar cualquier puesto público por modesto que este sea.
El contumaz político Ortega Saavedra, a pesar de haber sido derrotado
en forma contundente en tres ocasiones, vuelve de nuevo a las andadas,
esta vez con la no muy descaminada seguridad, que las ambiciones presidenciales
que por separado tienen Montealegre y Rizo, Jarquín y Pastora no
son más que meras comparsas, le darán la mayoría
para volver al sillón presidencial y regresar a las andadas ahuyentando
a las inversiones tanto internas como externas, y lo que poco a poco,
a pesar de la ayuda que con toda seguridad le prestará don Hugo
Chávez, el país volverá a tiempos ya idos, al desempleo
y que una turba de aprovechados, tanto nacionales como extranjeros, esta
vez cubanos y venezolanos, conviertan Nica-ragua en un feudo del chavismo-castrista.
Dios quiera, que, a pesar de la ceguera de Montealegre y Rizo, el pueblo
nicaragüense haga lo que yo en esta bendita tierra que es El Salvador:
VOTAR POR EL MENOS “ PIOR” PARA QUE
NO SE NOS ENCARAME EL MAS “PIOR”.
*Colaborador de El Diario de Hoy.

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