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La nota del día
Dejemos lo moderno y volvamos al tapesco

Valdría la pena hacer una pequeña encuesta, para saber cuántos salvadoreños quieren dejar sus zapatos y andar descalzos o con caites, renunciar a sus empleos para sembrar maíz y frijoles.

Publicada 2 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

El diario de hoy
editorial@ elsalvador.com

Un grupúsculo de desquiciados mentales propone que todos los salvadoreños volvamos a la tierra, rechacemos el desarrollo y las formas de vida del primer mundo para vivir con dignidad, felices. Sí, muy felices acostados en tapescos, visitando curanderos, sin máquinas ni vehículos ni anestesia ni comunicaciones ni nada que no corresponda a lo que mayas y pipiles tuvieron antes de la llegada de los perversos conquistadores españoles, aunque eso represente volver a los sacrificios humanos.

Haciendo un pequeño cálculo, al repartir los veinte mil millones de metros cuadrados de nuestro territorio entre los seis millones de salvadoreños, a cada uno le corresponden tres mil trescientos metros cuadrados, a lo que se debe restar la parte montañosa, quebradas, zonas áridas e insalubres.

Lo que esos salvadoreños que vuelvan a la tierra con dignidad pueden sacar para vivir, nos deja perplejos aunque hay un modelo de referencia: Haití, el misérrimo país del Hemisferio donde la población vive de la tierra, todos son minifundios y no hay ni inversiones ni la clase de progreso que tienen las naciones desarrolladas.

Para ser felices, pues, establezcamos un esquema haitiano aquí en nuestro suelo. Los soñadores se lamentan de que hayamos perdido nuestras lenguas autóctonas, por lo que para alcanzar el éxtasis tendríamos que olvidar el español y aprender el pipil, aunque eso nos deje incomunicados del resto del mundo. De seguro se contemplan castigos ejemplares para los que se nieguen a reindigenizarse y seguir el ejemplo de Evo Suéter, que envuelto de plumas ya invocó las deidades del altiplano y las montañas de Bolivia. La diferencia es que Evo Suéter se pone plumas de cóndor y a nosotros nos tocará usar de gallina.

Hay otro ejemplo de las consecuencias de forzar la vuelta al terruño, a las formas de vida ancestrales: el de Cambodia bajo Pol Pot, que en su celo por reeducar y replantar a sus connacionales, exterminó a la mitad de ellos. Ni los camaradas Mao y Stalin pudieron superar, en términos porcentuajes, el número de masacrados causados por Pol Pot en su frenesí por volver a las simples formas de vida de sus antepasados.

En vez de ir adelante, quieren retroceder

Valdría la pena hacer una pequeña encuesta, para saber cuántos salvadoreños quieren dejar sus zapatos y andar descalzos o con caites, renunciar a sus empleos para sembrar maíz y frijoles, dejar su entretenimiento para divertirse oyendo sólo pitos y tambores, además de cuentos de comadronas sobre el Cipitío.

¿Habrá salvadoreñas con el deseo de vestirse al estilo de la Menchú? Inclusive, debe averiguarse cuántos de los automovilistas que noche a noche atascan las calles y carreteras de todo el país, querrán transportarse en mulas como lo soñó don Schafik, aunque eso represente hacerle espacio en las casas para cuidarlas, mantenerlas y recoger lo que hacen al otro extremo de las orejas.

Es lamentable que en vez de consolidar en nuestro suelo lo mejor de la época contemporánea, se incite al odio y a la discordia trayendo a cuento lo sucedido hace quinientos años y que en todo caso no podemos cambiar. Pero además esos resentimientos se dirigen contra lo que mueve el mundo, lo que nos da empleo, produce los bienes que consumimos, nos capacita, nos cura y nos entretiene. Hasta volver el reloj diez años produce escalofríos.

 

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