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De chiripa

Un insólito autogol rumano le dio la victoria y la clasificación al Real Madrid


Publicada 2 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

El error y el lamento. Banel Nicolita es consolado por Sorin Ghioneal tras su increíble autogol, que sentenció el partido. David Beckham es la contracara, pura sonrisa. Foto: AP

Redacción deportes
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Real Madrid, con la ayuda del gol tonto de la noche europea, marcado por Banel Nicolita en propia puerta, acabó con las esperanzas del Steaua de Bucarest y sacó su billete para los octavos de final de la Liga de Campeones.

No fue un partido para grabar en video desde luego. La buena noticia es que el Real Madrid ha hecho sus deberes y podrá afrontar con más calma el calendario europeo que le resta ante Lyon y Dinamo de Kiev en Ucrania.

El Madrid jugó de visitante en el Bernabéu. Los 15,000 rumanos metieron tanto ruido en la grada que el partido parecía se jugaba en Bucarest.

No jugó bien el Real Madrid en el primer tiempo. A Cosmin Olaroiu, el técnico del Steaua, alguien le dejó el video contra el Atlético de Madrid de Javier Aguirre. Repitieron el guión. Asedio a Guti, con Petre y Paraschiv al frente de la batalla, y escasa salida del balón en ataque para de Capello.

El Steaua actuó con inteligencia. Sacudió mucha ‘patada táctica’ y buscó la contra de Dica en el medio centro. A Iker apenas si le encontraron. Sólo en una pusieron peligro. A los 34 minutos sacó una mano buena Iker a disparo de Marin, ofensivo siempre en el carril izquierdo. Sin embargo, Iker anduvo con poco tino en el saque de puerta. Llegó a acumular hasta cinco saques a la grada. Al sexto, apostó por sacar jugado el balón con la mano.

El juego fue trabado, con poco tiempo de juego real. En entrega, Capello no puede reprochar nada a su tropa. En acierto y en juego, sí. Van Nistelrooy apenas si entró en acción, aunque mandó un balón al palo.

Y es que el Madrid, al que en las últimas semanas se le había dado bien el juego aéreo, no jugó cómodo con dos gigantes como Goian y Ghionea. La fluidez del balón era la asignatura pendiente del Madrid en el segundo tiempo. Fue demasiado previsible.

Tras el descanso, más ocasiones en siete minutos que en todo el primer tramo. Raúl, Helguera avisaban. Robinho puso energía.

Capello movió ficha. Beckham suplió a Diarra y el Madrid ganó en profundidad. No tiene velocidad, pero sus ‘plátanos’, sus pases medidos desde la derecha siguen siendo letales.

En un de ellos, al saque de una falta, Sergio Ramos mereció gol con un remate que se le fue arriba del portal de Cernea.

El gol del Madrid, en cambio, llegó en un tanto absurdo. Nicolita le entregó un balón a su portero. La fatalidad hizo que la mandara a a la red. Nicolita no lo podía creer. Hundido en el césped, Beckham y Raúl tuvieron que ir a consolarle, a levantarle y animarle. Instantes después, Cernea volvió a estar dormido. Tumbó a Van Nistelrooy cuando se iba a la portería. Penalti. El holandés lo mandó a las nubes. Ronaldo, de inmediato, sustituyó a Van Nistelrooy. Al final, el 1-0 bastó en una noche que difícilmente podrá olvidar el equipo rumano. <efe>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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