elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Berrinches, un mal hábito

Todos los niños hacen berrinches alguna vez. Los padres deben corregir estas conductas en el momento que surgen, de lo contrario, la situación puede salirse de control.


Publicada 1 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

 
Karina García
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

“No sé para qué me tuvieron si no me iban a querer. Los odio. Cualquier día, me voy de esta casa”, así les gritaba Ronald, de ocho años, a sus padres cuando ellos le apagaron el televisor y lo mandaron a dormir.

“Es una frase típica de los niños”, dice la terapeuta de familia, Margarita Mendoza Burgos. “Estamos ante un berrinche”, agrega.

Según la psicóloga, cualquier persona, independientemente de la edad, puede presentar esta conducta. Por lo general, es más común en los niños de dos a cuatro años y en aquellos que son consentidos por los padres.

De acuerdo a Mendoza Burgos, “un berrinche es cuando un menor se altera, distorsiona su conducta, grita y patalea al no obtener algo que quiere.”

Si estas conductas no son corregidas de manera adecuada, pueden aumentar y empeorar con el paso del tiempo.

La permisión puede formar niños manipuladores. Lo que a la larga puede llevar a la infelicidad.

Y es que a medida que van creciendo, intentan manejar a quienes los rodean, pero cuando descubren que la táctica no funciona más que con sus padres, se frustran.

Esto, en ocasiones, “crea menores ansiosos, temerosos, que no quieren ni salir de la casa porque no saben dónde están sus límites”, explica Mendoza Burgos.

De acuerdo a la terapeuta, la culpa de los berrinches la tienen los padres. “Estas situaciones son producto de un amor mal entendido. Se piensa que hacer sufrir a un hijo, no dándole lo que desea, es malo”, señala.

“Los padres deben aprender a educar con amor, teniendo en cuenta que habrá veces en que también deberán corregir”, agrega.

Consejos

Cuando un niño está haciendo un berrinche, se puede actuar de varias maneras: “si se puede, hay que abrazarlo hasta que se le pase”, dice Mendoza Burgos.

Si está en la casa, puede ignorarlo o mandarlo a un lugar donde no pueda hacerse daño e indicarle que cuando se tranquilice, van hablar. Si está en un lugar público, la profesional recomienda levantarlo, llevárselo al baño y darle un par de nalgadas.

Posteriormente, habrá que imponerle un castigo y explicarle que como consecuencia de su mal comportamiento, recibirá una sanción. “Todos los niños entienden, no importa la edad que tengan”, sostiene la especialista.

Si un pequeño le pega a uno de sus padres, éste debe decirle que eso no se hace. De lo contrario, la conducta se volverá recurrente.

Los adultos no deben acceder a todo lo que sus hijos le pidan, pues a la larga, los chantajes pueden volverse más críticos, incluso pueden llegar a amenazar contra su propia vida.

Buena conducta
Existen padres o tutores que tienden a sobreproteger a quienes tienen a su cargo debido a las condiciones en la que se desenvuelven los pequeños. Algunos viven en hogares desintegrados: con uno de los padres o con los abuelos. Esto, a veces, genera un sentimiento de lástima y se cree que se debe complacer todo lo que los niños piden. Sin embargo, esta actitud está fuera de lugar.
Disciplina. Los padres deben tener en cuenta que un día sus hijos saldrán de casa y no serán tratados con la misma cortesía y paciencia que ellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

elsalvador.com WWW