| Joaquín Villalobos*
El Diario de Hoy
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Oxford, Inglaterra. “Cuan-do llegamos a Los Ángeles a inicios de los 80, descubrimos que había una guerra racial, los blancos odiaban a los negros y los negros a los blancos. Nos atacaron sus pandillas, nosotros éramos muy pocos y tuvimos que defendernos, en realidad no sabían con quiénes se estaban metiendo, pensaban que podían asustarnos.
Para ellos lo peor era una puñalada. De niños en El Salvador nosotros veíamos frecuentemente cadáveres con veinte tiros en el pecho, decapitados o descuartizados por la Guardia Nacional.
Las pandillas de ellos se consideraban las más duras, orgullosas de ser blancos o de ser negros. Entonces nosotros dijimos: ¡Qué son estas mierdas! Enseñémosles a estos pendejos lo que es violencia, y aplicamos lo que habíamos visto hacer a los escuadrones de la muerte”. Declaraciones de un veterano de la mara Salvatrucha a Ross Kemp para un documental de la televisión británica.
Ross Kemp, quien ha conocido las pandillas brasileñas, sudafricanas, rusas y norteamericanas, presentó a la Salvatrucha como “la pandilla más peligrosa del planeta y como algo peor que Al Qaeda”. El Salvador no tenía cultura de pandillas, esa cultura es estadounidense, donde existen actualmente 21,500 pandillas en 3300 ciudades. Si los gobiernos norteamericanos hubiesen sido más cuidadosos con las deportaciones, nuestro problema de violencia no sería tan grave.
Enviar personas que habían crecido en EE.UU. y aprendido la cultura criminal norteamericana, hacia una sociedad en posguerra, pobre, con instituciones débiles y nula capacidad de readaptación, fue una gran irresponsabilidad. EE.UU. tuvo mucho que ver con las causas, estallido y expansión de la guerra civil, igual que con el uso de formas sádicas de violencia por parte del Estado en el intento de aniquilar a la insurgencia. El gobierno estadounidense debe asumir su responsabilidad en este problema parando las deportaciones de criminales, simplemente debería hacerlo y pronto.
No hay espacio para optimismos absurdos, la única posibilidad de que las cosas cambien resultará de hablar con claridad de la realidad y de los peligros que vienen. Ya estamos en el caos y todos los escenarios previsibles son altamente negativos. Cuando el gobierno apostó sólo a la represión y no se interesó por la participación ciudadana, dejó a las maras el control social y territorial. Ahora son éstas las únicas que saben quién es quién en cada barrio y tienen el dominio de inteligencia.
La masificación de las extorsiones ha creado una economía criminal de la que dependen miles de personas a costa de los que viven en la economía formal e informal. Esto no es crimen organizado, esto es miseria organizada, es polarización y descomposición social extrema en un contexto de degradación dramático y sin precedentes en cualquier otro país.
El crimen organizado tiene recursos y está en las esferas de poder, no está en Soyapango, ni en Tutunichapa.
El gobierno, al rechazar el desarme, mantuvo las condiciones para que también las pandillas se armaran. Pasaron así de las piedras, los palos y los cuchillos, a las pistolas. Ahora están obteniendo armamento de guerra y en pocos meses los enfrentamientos serán militares y mucho más violentos que los de Brasil.
Habrá terrorismo desde las pandillas y contra las pandillas. No hay ley que pueda evitar esto. En lo político, la polarización es dueña total del escenario y ahora resultan ridículos los llamados retóricos a la unidad nacional. Sino hubo acuerdos en 15 años, no los habrá en 15 días. Les faltó cerebro para entender que la construcción de la oposición era una tarea de Estado.
El país va a dividirse más en los próximos años y las elecciones del 2009 lo harán más ingobernable, no importa quién gane. Si gana la oposición, que es lo más probable, recibirá un país moribundo y todos los poderes fácticos estarán en su contra. Si gana ARENA, gobernará bajo un caos social y político impresionante. La corrupción amenaza con convertirse en el principal incentivo para querer gobernar y esto marcará el debate por la sucesión presidencial. No hay posibilidad de competencia seria, la inteligencia está fuera del escenario, las emociones están en control.
Justicia, Policía y sistema penitenciario han sido derrotados por miles de criminales peligrosos que nuestra sociedad no está en capacidad de readaptar. Los llamados directos e indirectos al exterminio y la limpieza social comenzarán a crecer. Los primeros en pronunciarse en pro de la muerte han sido los fanáticos católicos de pro vida.
La derecha culpa de la crisis a la izquierda que nunca ha gobernado y a los comunistas, que tan útiles les han sido para ganar elecciones. Aunque ahora resulte difícil de creer, es casi inevitable que tendremos un gobierno autoritario o formas autoritarias de gobierno con un gran soporte popular.
Por desesperación la mayoría de los salvadoreños demandarán una solución, la que sea y a cualquier costo. En ese camino, el país perderá viabilidad, la izquierda libertades, la derecha negocios y todos vidas. Lo que viene será muy sangriento, pero lo más triste de todo es que pudo haberse evitado.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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