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La
nota del día
Crece el rechazo europeo a los fanatismos
Las principales víctimas son las mujeres, esclavas de un machismo ciego que hasta les prohíbe conducir autos
Publicada 1 de noviembre de 2006, El Diario de
Hoy
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| El
diario de hoy
editorial@ elsalvador.com
Los excesos de intransigencia y actos violentos de los islamistas han provocado una creciente impaciencia de parte del centro político europeo hacia lo que ven como actitudes incompatibles con sus tradiciones, sus libertades y sus prácticas de convivencia pacífica. Fue con un espantoso costo de muerte y destrucción que Europa pudo erradicar los movimientos violentos del siglo pasado --el nazismo, el fascismo y el comunismo-- para sufrir ahora el fanatismo mahometano.
En Austria, un partido menor pero que está en auge, ha propuesto no sólo expulsar de su territorio a los ilegales, sino también a aquellos extranjeros que rehúsen integrarse a la sociedad en que viven. Y una de las condiciones básicas por llenar es hablar el alemán, o para el caso el idioma del país donde residen. Otra exigencia es no ponerse velos ni taparse la cara; el ex canciller británico, Jack Straw, dijo que rechazaba hablar a grupos donde las mujeres están cubiertas de la cabeza, al referirse a una invitación que recibió de mahometanos.
Pero el rechazo no debe ser sólo contra los islámicos, sino contra cualquier manifestación de intolerancia u hostilidad hacia el orden jurídico y el sistema democrático de las naciones que integran Europa.
La creciente indignación comenzó a surgir a raíz de la violencia desatada en la mayoría de países musulmanes por las caricaturas de Mahoma que se publicaron en un diario danés. A esto se suman los ataques contra el Papa Benedicto XVI, los asesinatos de religiosos católicos y las matanzas de mujeres en el Medio Oriente para lavar “el honor” de familias. Un pobre afgano que se convirtió al cristianismo fue condenado a muerte y tuvo que refugiarse en Italia.
Las primeras víctimas son las mujeres
Hay que contrastar con lo que ocurre con los inmigrantes hispanoamericanos tanto en Estados Unidos como en Europa: dentro de sus modestias y posibilidades, ellos se integran a su nueva patria, se esfuerzan por aprender el idioma local, no se tapan con velos y se sienten honrados al casarse con italianos, franceses o estadounidenses. En la segunda generación sus hijos ya no son ecuatorianos, colombianos o salvadoreños, sino estadounidenses y europeos. Una salvadoreña que conocimos en Turín no sólo habla un decoroso italiano, sino que en sus vacaciones viaja dentro de la península para conocer las grandes ciudades del arte; la última vez había vuelto a Venecia.
A diferencia de ellos, la mayoría de turcos en Alemania no sólo siguen hablando su idioma natal, sino que raras veces salen de sus barriadas y continúan yendo a mezquitas a oír imanes despotricar contra Alemania y la cultura europea.
Las grandes democracias de la actualidad se construyeron sobre civilizaciones previas, sobre lo que de grande, hermoso y esclarecido heredaron de sus ancestros. Pero lo más importante es que se ha consolidado un sistema de libertades que permite a los ciudadanos y las personas alcanzar su potencial.
Pero si bien los europeos sufren la amenaza del fundamentalismo, los que están en mayor peligro son los propios pueblos del Medio Oriente y el norte de África, donde pueden instalarse regímenes de enloquecidos que persiguen a sangre y fuego al que no piensa como ellos. Y las principales víctimas son las mujeres, esclavas de un machismo ciego que hasta les prohíbe conducir autos.

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