x

elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Comentando
La dinámica electoral en Nicaragua

Veremos si este 5 de noviembre los votantes nicaragüenses están dispuestos a darle una oportunidad a la única opción de modernización que actualmente tienen.

Publicada 31 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Rodrigo Chávez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El profesor Arturo Cruz, de INCAE Business School, sostuvo recientemente que “cuando en una elección todos los partidos tienen un piso electoral, nadie tiene techo”. Es decir, que cuando en una elección todos los partidos tienen un voto duro significativo, las posibilidades de crecimiento vía votantes independientes o indecisos es bastante pequeña.

Este es uno de los principales problemas que enfrenta el candidato presidencial de centro-derecha, Eduardo Montealegre, para ganar las elecciones presidenciales nicaragüenses del próximo 5 de noviembre. Desde 1990, la dinámica electoral nicaragüense ha sido bastante clara: los sandinistas mantienen un fuerte voto duro ( que oscila entre un 35 y 40% de la votación) y por otro parte, los liberales logran crear una enorme coalición anti-sandinista y ganan fácilmente con más del 50% de los votos.

El problema de la actual elección es que el voto antisandinista se ha dividido entre Jose Rizo, el candidato del Partido Liberal Constitu-cionalista (PLC), Eduardo Montea-legre de la Alianza Liberal Nicara-güense (ALN) y en un porcentaje menor, en Edmundo Jarquín, del Movimiento Renovador Sandinista (MRS). Por ejemplo, las últimas encuestas ubican a Daniel Ortega, del Frente Sandinista, entre un 30 y 35% de la votación, a Eduardo Montea-legre, entre un 21 y un 26%, a Jose Rizo, entre un 15 y un 21%, y a Edmundo Jarquín, en un 15%.

El problema de Montealegre es que gran parte de su crecimiento electoral provenía de un supuesto colapso electoral del PLC. En el cálculo de Montealegre, el colapso del PLC era esencial para crear una coalición anti-sandinista masiva. Sin embargo, el PLC, a pesar de los escándalos de corrupción de su líder, Arnoldo Alemán, y de no contar con recursos económicos para la actual campaña, ha logrado mantener gran parte de su voto duro.

La razón por la cual el PLC no ha colapsado es muy importante para entender la política nicaragüense. La fortaleza del PLC y también del Frente Sandinista se basan es que Nicaragua es todavía una sociedad bastante tradicional. En dichas sociedades, las emociones y el carisma son las principales fuentes de legitimidad y poder político.

En ese sentido, el PLC ha sido muy hábil en apelar a las emociones y al carisma de sus líderes para mantener a sus votantes. Es decir, el PLC no ha colapsado porque representa un aspecto muy importante de la sociedad nicaragüense: el permanente caudillismo. Nicaragua siempre ha sido un país de caudillos, desde Somoza hasta Ortega y hasta Arnoldo Alemán. Por lo tanto, el PLC representa este sentimiento “mesiánico”, el cual es sumamente popular en el sector rural de Nicaragua.

A diferencia del PLC, la fortaleza de Eduardo Montea-legre se basa en la racionalidad y en un orden político basado en las instituciones y en la modernidad. El problema es que el mercado electoral para este tipo de votantes aún es limitado. En las elecciones anteriores, la tradición y la modernidad convivían adentro del PLC. Tanto los votantes urbanos (que simpatizan más con las instituciones), como los votantes rurales (que simpatizan más con las emociones y la tradición), eran parte de la coalición gobernante del PLC.

Por ende, la actual división de dicha coalición es lo que le da la fuerza a Daniel Ortega y pone en riesgo la candidatura presidencial de Eduardo Montealegre. Según la ley electoral nicaragüense, un candidato puede ganar en primera vuelta siempre que obtenga un 35% de los votos, y si su diferencia con el segundo lugar sea más de 5 puntos.

En ese sentido, la estrategia electoral de Daniel Ortega ha estado basada en mantener su voto duro. Su estrategia es simplemente movilizar a su aparato electoral ya que, bajo las actuales leyes electorales, el voto duro de su partido es suficiente para ganar. Ortega ha sido muy hábil en lograr dividir a sus rivales y en mantener su clientela electoral totalmente intacta.

Por lo tanto, las actuales elecciones enfrentan a los candidatos de la sociedad tradicional, expresada en el caudillismo y en el personalismo del PLC y de Daniel Ortega y a la sociedad moderna, expresada en la candidatura de Eduardo Montealegre. Veremos si este 5 de noviembre los votantes nicaragüenses están dispuestos a darle una oportunidad a la única opción de modernización que actualmente tienen.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

elsalvador.com WWW