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Economía para todos
Análisis marginal y fábulas de rock

¿La reventa? No es el punto de este artículo, pero así como no acusamos al verdulero por revender papas, tampoco deberíamos hacerlo con alguien compre la cantidad de entradas que quiera.

Publicada 31 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El análisis marginal es uno de los pilares de la ciencia económica, pues como dice Greg Mankiw, profesor de la Universidad de Harvard, “la gente racional piensa al margen” (ello no significa que debamos comportarnos como marginales, ¿eh?...).

¿Conoce usted la historia del valor del agua en el desierto? Al primer balde el beduino sediento lo valorizará más que a un diamante, al segundo quizás lo use para lavarse…, mientras que al décimo balde hasta sería capaz de dárselo al camello (generoso el turco).

También aplicamos el análisis marginal a diario, lejos del desierto, quizás hasta inconscientemente, tal como le contaré mediante una fábula, adaptada del excelente blog de Mankiw, cuya lectura le recomiendo.

¿Qué es una fábula? Un relato ficticio cuya intención didáctica frecuentemente se manifiesta en una moraleja final.

Resulta que Juan se enteró que su banda favorita iba a tocar en la ciudad, y estaba dispuesto a comprar el ticket más caro, digamos el de 50 dólares, para obtener un asiento en el palco.

Por alguna razón Juan se demoró en ir a la boletería, y cuando llegó se habían agotado los palcos, quedando entradas sólo para la tribuna popular, cuyo precio era de 15 dólares.
De todas formas compró, pues su alternativa era quedarse sin show.

La noche de la presentación, estando Juan ya en el estadio, recibió una oferta de Pedro, un revendedor que había hecho la arriesgada apuesta de invertir 1,000 dólares comprando 20 tickets de palco, de 50 dólares cada uno, el mismo día en que se habían puesto a la venta. ¡Ah!, y Pedro se lo estaba ofreciendo… ¡a 40 dólares! (luego le explico la rebaja).

Comencemos por Juan: ¿Qué habrá hecho? Si a él le gustaba tanto esa banda, difícilmente habrá dicho “no, ya tengo ticket”, pues por 40 dólares iría al palco.

Es cierto que Juan ya había gastado 15 dólares, sobre los cuales a esa altura no había nada que discutir: el único análisis relevante era si valía la pena incurrir en un gasto adicional de 40 dólares por mejorar su asiento.

En términos técnicos, Juan analizaría el “beneficio marginal” que para él significaba un mejor asiento, versus el “costo marginal” de desembolsar los 40 dólares que pedía Pedro. Sólo Juan, y su circunstancia, tendrían la siempre subjetiva respuesta.

¿Y Pedro? Dijimos que había invertido 1,000 dólares, y ahora vende tickets de palco, de 50 dólares cada uno, a un precio de 40 dólares…. (¿perdiendo pisto?, veamos).

Pedro también hace su análisis marginal: él había llegado al estadio dos horas antes del concierto, y llevaba vendidas 15 entradas de palco a 70 dólares cada una, con lo cual había recaudado 1,050 dólares. Es decir, ya había recuperado su inversión, y llevaba 50 dólares de ganancia.

Al acercarse la hora del show la reventa había comenzado a experimentar una rápida desaceleración, y Pedro supo que había llegado el momento de liquidar sus entradas remanentes, rematando por 40 dólares tickets que había pagado a 50 dólares.

No le importaba, porque su análisis también era marginal…, y racional: había recuperado la inversión y había obtenido una ganancia, se le terminaba el tiempo, y no era cuestión de despreciar 40 dólares adicionales.

Esta es una fábula de rock and roll, como la película “Calles de Fuego” (1984), una de mis favoritas tanto por la historia, mezcla de los 50 y el futuro, como por la banda de sonido.

Lo que no es fábula es que cuando los Rolling Stones fueron a Buenos Aires en el `95, no quise correr el riesgo de tener que acudir a ningún Pedro (¡que nunca hubiera necesitado revender debajo de su costo!), y por ello hice cuatro horas de fila el mismo día que se abrió la boletería en la cancha de River. Valió la pena, y hubo total “Satisfaction”, obvio.

¿La reventa? No es el punto de este artículo, pero así como no acusamos al verdulero por revender papas, tampoco deberíamos hacerlo con alguien compre la cantidad de entradas que quiera, siempre que la venta original haya sido transparente y abierta, y no sólo para los amigos (¡ah!). Porque el problema suele estar en la venta manipulada, no en la reventa…. (¡oops!). Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

 

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