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Planificación desde la niñez

Inquietud. Mil niñas entre 10 y 14 años usan anticonceptivos según Salud; en unos casos, para evitar ser madres; en otros, para no serlo por segunda vez


Publicada 30 de octubre de 2006 , El Diario de Hoy

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Yamileth Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Brenda es una de esas niñas cuya historia rompe cualquier estadística y tendencia en cuanto al comportamiento en las relaciones sexuales se refiere. A los 14 años es madre de una niña de un año y cuatro meses, ama de casa y está inscrita en el programa de planificación del Ministerio de Salud. Cada dos meses acude a la Casa de Atención al Adolescente, donde le aplican una inyección de hormonas para evitar que ovule y quede embarazada de nuevo.

Hasta junio de este año, Salud registraba 954 niñas que, como Brenda, están en control de planificación. El método inyectable es el preferido para el 62 por ciento de ellas. Le sigue, como ocurre en la población de las 28 mil adolescentes del plan, el condón femenino y el dispositivo intrauterino, le siguen gracias a un grado de fiabilidad por encima de 95 por ciento.

Candy Gómez, del mencionado centro de adolescentes, asegura que, en los casos como el de Brenda, el objetivo es evitar que se conviertan en madres por segunda vez.

El inicio precoz de las relaciones sexuales es una realidad presente en la sociedad y, como tal, el Ministerio de Salud, además de brindar educación para su retraso, enseña y ofrece los métodos para evitar un embarazo o, en el peor de los casos, una infección sexual como el VIH.

De acuerdo con las estadísticas de la encuesta Fesal 2002-2003, a los 15 años, el 10,7 por ciento de 336 jóvenes había tenido algún tipo de relación sexual. Esa relación sube de forma exponencial según avanza la edad de la joven. Curiosamente, ese mismo estudio muestra cómo apenas una de cada diez niñas usó algún tipo de anticonceptivo en su primera experiencia con un hombre.

María Elena Ávalos, gerente de la Atención al Adolescente del Ministerio de Salud, ve preocupante el inicio precoz de las relaciones, más en un país donde no existe todavía una información adecuada de los riesgos que implica para un cuerpo, como el de una niña, que no está desarrollado. Además de la necesidad de una cesárea o el riesgo de laceraciones en el caso de un parto, siempre considerado de alto riesgo.

En estas circunstancias, a Salud, según expresó Ávalos, lamentablemente no le queda otra alternativa que inscribir a las jóvenes en el programa de planificación familiar.

“Como médico no podemos darles un adoctrinamiento religioso y decirles esto no lo haga, y dejarla que siga en su conducta de riesgo”, añadió la especialista, quien destaca que el esfuerzo educativo para que los jóvenes midan la consecuencia de sus actitudes.

A pesar del trabajo de Salud, el Ministerio de Educación y la familia son, para la gerente de Salud, los principales responsables de velar por que las niñas no inicien su actividad sexual a temprana edad.

En 2007, Educación pondrá en marcha un plan integral de educación sexual dirigido a casi medio millón de jóvenes de tercer ciclo y bachillerato. El mismo cuenta con el beneplácito de la Iglesia Católica, una institución que fustigó otras experiencias anteriores.

Detrás de casos como el de Brenda hay muchas veces una historia familiar que termina por servir en bandeja a una joven el camino equivocado.

“Me acompañé por mi mamá, ella me echaba de la casa, me decía que solo vagando andaba”, explica mientras se limpia algunas lágrimas con su mano derecha.

Cansada de tanto maltrato, decidió irse de su casa con 13 años y se acompañó con un muchacho, quien le ofreció una mejor vida a su lado. Hoy reconoce que se arrepiente del camino recorrido, pero asegura que no vio otra alternativa al maltrato familiar.

“Ellas encuentran en su pareja la persona que les da afecto, comprensión, alguien en quien confiar”, indicó Gómez, quien destaca que la falta de afecto en el hogar está relacionada con un inicio precoz de las relaciones sexuales.

El problema emocional en la joven empuja, según la sicóloga Paulita Pike, a muchas jóvenes a dar ese paso que el trabajo en la Casa de Atención al Adolescente trata de revertir.
Para Pike, los padres de familia deben tener un mejor control de sus hijos, hablarles sobre las consecuencias de una relación sexual a corta edad. “Los niños deben saber que hay normas establecidas, los padres los deben controlar, saber dónde están, hacerles ver que hay gente que se preocupa por ellos”, agregó la especialista.

Otra sicóloga, Margarita Burgos, considera que el problema expuesto no es nuevo y lo achaca a las condiciones sociales derivadas de la pobreza como el hacinamiento, la coacción y la falta de educación sexual.

Burgos insiste en la necesidad de crear un programa de salud mental con fuertes campañas de publicidad donde se hable de la sexualidad y de valores. “Las niñas deben saber cuidar y amar su cuerpo, que entiendan que deben darse tiempo para madurar y crecer... saber que no se es mujer sólo por menstruar, que hay que esperar”.

Información y ayuda que, por ejemplo, Brenda, a sus 13 años, no tuvo.


Una joven hace sus tareas escolares mientras su hijo se entretiene jugando. Foto EDH

Uso de anticonceptivos se estanca en adolescentes

Aunque Salud Pública prefiere no referirse a la disminución del número de adolescentes que planifica como “un estancamiento”, lo cierto es que, desde 2003, las estadísticas reflejan un descenso de las jóvenes inscritas en este tipo de programas.

Para 2003, las jóvenes entre 15 y 19 años atendidas bajo este sistema sobrepasaba las 40 mil. En los dos años siguientes, sin embargo, no se ha alcanzado el techo de las 39,800. Incluso hasta el ecuador de 2006, la cantidad de adolescentes que planifica es de 27 mil, dos mil menos que el año anterior hasta junio.

Para María Elena Ávalos, gerente de Atención al Adolescente del Ministerio de Salud Pública, lo que podría pasar es que las niñas practiquen la abstinencia o, al contrario, se haya incrementado el uso de preservativos cuya cifra no se vería reflejado en el actual sistema de información.

“En cualquier puesto de farmacia venden (condones). Si los menores no tienen permiso de los padres, no van a ir a la unidad de salud, sino a la farmacia”, agregó la especialista.

Ávalos expresó que para aseverar que se ha reducido el número de jóvenes que planifica deben analizar los datos de un periodo de cinco años.

Entre los factores que deben incluirse en la indagación es la cantidad de embarazos, y el comportamiento de las inscripciones prenatales. La información “real” se vería en los próximos resultados de la encuesta Fesal, indicó Ávalos.

El Programa de Adolescentes han tenido algunos logros aunque el impacto se verá a largo plazo. La gerente destaca que los adolescentes son más conscientes de la importancia de la educación sexual y cada vez, menos jóvenes quedan embarazadas.


“No tengo edad para ser madre”

Loyda, entonces una adolescente de 16 años, tuvo su primera relación sexual después de una tarde de tragos y bailes en una disco de San Salvador. Desconocía que no estaba preparada para ello, pero comenta que todo fue bien rápido.

“Nos quedamos en la casa de mi novio, apenas tenía dos meses de andar con él y ahí paso todo”, recuerda la joven. En esa coyuntura, sus amigas le aconsejaron que planificara; a su edad, un hijo no sería lo más deseable.

Hace unos días, la muchacha llegó a su cita para el chequeo médico, además de una inyección para evitar un embarazo, en la Casa del Adolescente.

“Comencé a planificar porque todavía no tengo edad para tener un bebé”, expresó la joven, ahora de 17 años, todavía con dudas sobre si es bueno o malo tener una vida sexual activa a su edad.

Aunque al principio su madre se sintió molesta, terminó por apoyarla.

Casi al mismo tiempo que el noviazgo, la joven, quien entonces cursaba séptimo grado, abandonó sus estudios y se dedicó a trabajar.

Loyda desea quedarse embarazada a los 20 ó 21 años, por el momento piensa seguir preparándose de cara al mercado laboral. Su novio, un estudiante de 15 años, tampoco puede presumir de experiencia en el campo de la paternidad.


En el hogar, Loyda no recibe muchos consejos. Vive con su madre, un hermano menor y una hermana que es drogadicta; su padre falleció hace algunos años. Las pocas recomendaciones vienen de su progenitora y sus primas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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