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| Sumergido. Luis ejercita con Jenny Beltrán, su terapeuta, para expandir las vértebras. Foto
EDH |
Florencia Couto
El Diario de Hoy
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Sus caras lo dicen todo. Irradian felicidad. Están emocionados y entusiasmados, y no es para menos. Llegó el día de la semana en el que pueden ser libres como el agua o el viento, por lo menos durante una hora.
Sus madres, quienes los acompañan todos los miércoles, participan en esta actividad que les brinda la oportunidad de fortalecer aún más el vínculo afectivo que existe entre ambos.
La rehabilitación física grupal en la piscina les permite poder hacer movimientos que en tierra les son imposibles o difíciles. “El agua les ayuda porque pesan menos y se sienten más seguros”, comenta Margarita Hernández, una de las fisioterapeutas que trabaja en la Fundación Teletón Pro Rehabilitación (Funter), mientras los pequeños realizan un ejercicio que les ayuda al fortalecimiento de los miembros inferiores bajo las órdenes de otra profesional.
Novedad
Esta piscina, testigo del avance de los usuarios de la fundación, está diseñada en un espacio y ambiente con características únicas en el país, como apoyo al tratamiento de rehabilitación física integral.
Empezaron con cinco terapias, una cada día, de lunes a viernes. Actualmente, han incrementado a dos por día. Los grupos son de acuerdo a la patología que presentan, como parálisis cerebral, mielomeningocele, osteoartritis, entre otras.
Los beneficios son gracias a que la piscina logra reducir la gravedad. La temperatura cálida del agua (de 34 grados) es otro aspecto favorable ya que permite un mayor desplazamiento y también relaja el cuerpo, lo que reduce el dolor al efectuar cualquier movimiento.
Por otro lado, el espacio cerrado ayuda a evitar las corrientes de aire y también a mantener el ambiente a una temperatura constante.
El progreso está a simple vista. “Tienen más control del tronco y mayor confianza, tanto en los niños como en las mamás”, asegura Hernández, quien enfatiza en los buenos resultados obtenidos desde el comienzo de esta terapia.
Rosemary, la mamá de Héctor, de 5 años, cuenta entusiasmada que su hijo evolucionó bastante desde que comenzó terapia en la piscina. “Empezó a caminar”, enfatiza la mujer que llega a las instalaciones de Merliot desde Tepecoyo.
Otro que “está comenzando a dar sus pasitos”, como lo cuenta su mamá Clelia Margarita Alfaro, es Luis Antonio.
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| Grupo. Luis Antonio (izq), Héctor (centro) y Pablo (der). Foto
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Esto lo confirma Jenny Beltrán, la fisioterapeuta que se encarga de esta clase. “Desde que empezamos en mayo han mejorado. Tienen más fuerza muscular y han fortalecido los miembros superiores e inferiores”, explica animada por el éxito que han obtenido en sólo cinco meses.
Astrid de Mendoza, la mamá de Pablo -o mejor dicho Pablito, como le llaman en Funter- se conmueve cuando habla de que su hijo ya hace la posición de torito para gatear.
“Tiene un mejor gateo y se está parando”, manifiesta la progenitora del niño de 4 años, que con el transcurso del tiempo logra tener un mayor control del tronco.
Pero el avance físico no es todo. Este tipo de rehabilitación también fomenta la colaboración activa de la familia en el tratamiento, a través de la participación de un pariente en la realización de los ejercicios dentro del agua.
Esto lo viven en carne propia estas madres, quienes no esconden su apoyo incondicional a sus hijos... esos niños que son libres dentro y fuera del agua.
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| Luis practica con una pelota. Foto
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Unidos por una misma causa
Luis (en foto), Héctor y Pablo tienen algo en común. Los tres fueron diagnosticados con mielomeningocele, un trastorno congénito en el que la columna vertebral y el canal medular no se cierran antes del nacimiento, lo cual hace que la médula espinal y las membranas que la recubren sobresalgan en la espalda del niño.
“Generalmente, son niños de entre 3 y 5 años que no pueden caminar o que tienen poca movilidad en las caderas y rodillas”, explica Margarita Hernández, de Funter, quien asegura que el agua es de gran ayuda porque no se sienten fijos y se mueven libremente.
En cada ejercicio que hacen bajo la supervisión de su fisioterapeuta, que fue capacitada junto con otras por especialistas mexicanas, se nota el esfuerzo.
Estos pequeños tienen una motivación inmensa. Su propósito no es aprender a nadar. Su anhelo más grande es mejorar su calidad de vida. Algo que logran de a poco, gracias a que sus cuerpos responden bien a la terapia.

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