x

elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

De mis extraños amigos
¿Una propuesta absurda?

Pues a esos monstruos de criminalidad, cuando saben que serán ejecutados a fecha fija, se les está dando la ocasión de oro de ponerse a bien con Dios, de comportarse como un verdadero ser humano

Publicada 30 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Ayer me tropecé sin poder evitarlo con don Justo Preciso Cabal. Loco paranoico razonador. Imposible huir. Me agarró fuerte diciéndome:
-Ahora no te me escapas. Tienes que escucharme, dejar de escribir sobre poesía y otras babosadas y pon en tu columna lo que voy a decirte. No te niegues. Es un asunto de salvación nacional.

Así que no me quedó más alternativa que obedecer. Este fue nuestro diálogo:
-Todos nuestros males vienen del miedo a llegar al fondo. Siempre. Unas veces por pereza mental, otras por cobardía, otras por no molestar, otras por miedo al “qué dirán”… y así vamos demorando las soluciones y creando una serie de intereses enredados, donde al final todo se lía y nada se soluciona. ¿Solución a fondo para la delincuencia? En la situación a la que hemos llegado no hay otra más que la pena de muerte.

-Pero, hombre, Justo, eso es un…
-Sí, sí, no me interrumpas, ya sé lo que me ibas a decir: que eso sería un retroceso en nuestra democracia, que ¿y los derechos humanos de los delincuentes?, que entonces ¿cómo nos van a calificar los funcionarios de las Naciones Unidas?, que qué van a decir de nosotros los países desarrollados… ¡puro no querer ver la situación en toda su gravedad!.
-Mira, Justo, pero yo no… --alcancé a protestar.

Ni pero ni nada. ¿Qué crees tú que hicieron contra sus mañosos los Estados Unidos y todos los países de Europa, desde siglos atrás hasta bien entrado el Siglo XX? ¡Aplicaron la pena de muerte no sólo a los homicidas, sino a los asaltantes de bancos y de diligencias, a los cuatreros, a los ladrones comunes! Lo cual significa que a todos esos ya no hubo que alimentarlos, ni proveerles de vivienda, ni engendraron más carne de presidio…La última vez que estuve en la Madre Patria leí en un periódico una alabanza a la Guardia Civil, porque “había limpiado de maleantes toda la Península”. ¿Cómo crees tú que los limpió? ¿Con un trapito empapado en detergente?…

-Expertos juristas dicen que la pena de muerte no es solución contra la delincuencia --alcancé a contestarle.

-No es lo ideal, por razones humanitarias, una vez que un país ha llegado a una madurez cívica donde el porcentaje de delitos es bajo y donde las cárceles pueden contar con los suficientes elementos materiales y personales que permitan la rehabilitación de muchos de esos delincuentes. Esa no es nuestra situación. Ni por la materialidad de nuestras cárceles, ni por su hacinamiento de individuos, ni por el ambiente que reina en ellas. El delincuente de menor cuantía, en nuestros antros carcelarios, se gradúa, “cum honore” --¡y a costa de nuestros impuestos!--, de máster en delincuencia. Cuando sale, sale peor que entró. Desde la misma cárcel, mafiosos y mareros programan los asaltos, los robos, los secuestros y ellos sí dictan sentencias de muerte. Además, fuera y dentro de la cárcel, pueden seguir engendrando hijos con altas posibilidades de convertirse, cuando sean adultos, en seres tan peligrosos como ellos.

Pero en una reciente encuesta de la Gallup, sólo un 21 o 24% daba como solución restablecer la pena de muerte --me atreví a contestar.

-Mi querido doctor, depende de cómo les hayan planteado la pregunta. Recuerde que de los encuestados, unos quieren “quedar bien” con la moda y otros desconfían del encuestador y no se atreven a expresar sus opiniones más íntimas a uno que ¡a saber quién lo manda y para qué!

-Se van a aumentar los policías en la calle, se van a dar protecciones especiales para… --alcancé a decirle.

-Sí, sí. Siempre tarde y sin llegar a fondo. Ya vio como somos que sólo comenzaron a plantearse el dar seguridad a los testigos cuando ya varios de ellos fueron asesinados. Y sólo después del discurso del embajador se empieza a hablar de protección de jueces y de tribunales especiales, pero siempre sin atreverse a llegar a los tribunales sin rostro, donde el criminal no sabe quién es el juez, ni el fiscal, ni…

-Pero, hombre, la pena de muerte…
-Llegaremos a ella, no te quepa duda, mientras sigamos con medidas a medias. Y lo que es peor es que si no se implanta la pena de muerte legal, volverá a aparecer la “Sombra Negra” o cosa similar porque la gente ya no aguanta, está desesperada. Y esa “sombra” sí que se presta a toda clase de arbitrariedades y no le da chance al delincuente a arrepentirse.

-¿Y la legal, qué chance le da?
- Mi querido doctor, usted sabe cómo cambia la vida de un hombre cuando un médico le dice que le quedan pocos meses de vida. ¿No es así? Pues a esos monstruos de criminalidad, cuando saben que serán ejecutados a fecha fija, se les está dando la ocasión de oro de ponerse a bien con Dios, de comportarse como un verdadero ser humano, de afrontar la muerte con dignidad y no en la bajeza de una venganza sorpresiva de otros maleantes.

Y yo no supe qué más contestarle a don Justo Preciso Cabal, ilustre loco razonador.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.

 

elsalvador.com WWW