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Nota del día
Cien formas de violencia desatada por los rojos

La mayor urgencia, sin duda, es la violencia marera, pero urge también que los rojos se reformen, que abandonen sus posturas de destrucción y oposición permanente a todo lo que hacen los salvadoreños

Publicada 30 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Un gran número de intervenciones quirúrgicas fueron suspendidas por la huelga de los sindicalistas del STISSS, poniendo en grave peligro la vida de los pacientes. Considerando el tiempo que toma reprogramarlas y Dios no lo quiera, es probable que más de una notificación se haga a los deudos de pacientes fallecidos, como ha ocurrido en otras tristes ocasiones. Los grandes defensores de la salud “del pueblo” cerraron el jueves pasado las salas de tratamiento a enfermos de cáncer.

Huelgas que se dan a las primeras de cambio, constituyen tanta violencia como las extorsiones de las maras o los descuartizamientos que estas vienen perpetrando. Violencia son las huelgas que paralizan servicios públicos, el bloqueo de calles y carreteras, negar a niños sus tratamientos, vilipendiar sin tregua al gobierno, a los empresarios y al sistema jurídico del país. Es violencia contra la institucionalidad y las jerarquías poner de diputado a un patán que apenas cursó hasta cuarto grado de primaria, tanto como lo es la negativa a aprobar presupuestos sin pasar pesadas facturas políticas.

Durante décadas los comunistas no cesan de inventar nuevas agresiones contra la sociedad, la moral, las costumbres, el trabajo ajeno y la armonía entre los distintos sectores sociales. A esa violencia se suman ahora las masacres, asaltos, extorsiones y las más diabólicas prácticas de los mareros, con quienes mantienen alianzas. De por lo menos un alcalde rojo se sabe que a altas horas de la noche se reúne con cabecillas de las maras.

La violencia la aplican a sus propios secuaces a través de purgas, censuras, amenazas y hasta asesinándolos, como lo atestigua el caso de Roque Dalton. Disentir de la línea oficial de los rojos, la que define el que está a la cabeza, las más de las veces es la ruina de un militante aunque tenga las más esplendorosas credenciales revolucionarias (atentados, voladuras de postes y cajas telefónicas, ametrallamiento de vacas, etcétera). En más de una convención roja, amenazan a los que pretenden asumir candidaturas y se lían a golpes y sillazos cuando el capataz no consigue controlar agendas.

Más y más piedras en el camino

En descargo de los camaradas criollos diremos que sus infernales usos son norma entre los comunistas en los cuatro confines del globo, no creación propia. Al genocidio estaliniano en los años treinta (más de treinta millones de rusos muertos a tiros o por hambre) se sumó la ejecución de más de medio millón de miembros del partido comunista; “la purga”, la policía política y los campos de concentración son el aporte de Stalin al mundo.

La mayor urgencia, sin duda, es la violencia marera, pero urge también que los rojos se reformen, que abandonen sus posturas de destrucción y oposición permanente a todo lo que hacen los salvadoreños. El país nos ha costado mucho a los que laboramos en paz y convivimos con el resto de los ciudadanos, para estarlo sacudiendo de manera permanente, para poner piedras y los peores obstáculos en el camino por ir detrás de desquiciadas quimeras.

Casi hasta finales de la Década de los Sesenta la gente en El Salvador transitaba en paz y coexistía sin odio. Pero para las elecciones de 1967 los rojos asesinaron al jefe del Partido Acción Renovadora para usurparlo, iniciando el baño de sangre y destrucción que hasta hoy abate el país.

 

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