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Como en los viejos tiempos

Maradona se reencontró en El Salvador con un gran amigo, Abelardo Carabelli, al que no veía hace 16 años.


Publicada 30 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

En El Salvador. Diego y Abel, reencuentro en el Sheraton. El Diez no se olvida de los amigos.

Redacción Deportes
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Pocos conocen mejor a Diego Maradona que Abelardo Carabelli, el entrenador argentino que encabeza el grupo de trabajo del proyecto Futbolista Integral de FESA.

Jugaron juntos desde que eran cipotes en la categorÌa cebollitas, luego en Argentinos Juniors y fueron campeones del mundo juveniles en Japón 1979, en aquel equipo que dirigía César Luis Menotti.

“En el medio de la conferencia de prensa, cuando me vio, me dijo: ‘¿Qué hacés, Abel?’ Yo no lo podía creer”, comentó el entrenador, quien una vez finalizada la rueda de prensa se dio un gran abrazo con su amigo. Hacía 16 años que no se veían.

“Maradona es un tipo increíble, se acuerda de todo, en ese sentido es igual que cuando juega: ve absolutamente todo. Por supuesto que recordaba la última vez que habíamos estado juntos. Fue en Burdeos, Francia, para la final de la Copa de la UEFA, en 1989. Yo en ese momento vivía ahí y él llegó para jugar ese partido. Nos vimos antes y después y el Nápoli ganó la copa. Además, me regaló la camiseta”, dijo.

Reencuentro

Juntos. La revista argentina El Gráfico les hizo una nota luego de que ganaran el Mundial Juvenil de Japón en el año 1979.

El abrazo al borde de la piscina del Hotel Sheraton fue el primer contacto, pero no el único. “Nos pusimos a hablar y le dije que me gustaría que mis hijas lo conocieran”, recordó Carabelli. Ante el OK del Diez, Abelardo volvió el viernes por la noche con toda su familia. La reacción de Maradona fue inmediata.

“Cuando llegué estaba cenando, pero dejó todo para atenderme. Un fenómeno, porque eso no lo hace cualquiera... A las nenas las atendió de maravillas, incluso les dio el número de teléfono de sus hijas para que se comuniquen con ellas cuando viajen a Buenos Aires. Definitivamente es el mismo tipo que conocí hace más de 30 años”, continuó el técnico argentino.

Carabelli conoció a Maradona allá por el año 1972, cuando el Diez todavía no era famoso. “Más de una vez se quedaba a dormir en casa, ya que Villa Fiorito le quedaba muy lejos”, recordó. Tanto Carabelli como sus colaboradores en FESA, Pedro Vega -ex jugador de River Plate- y Diego Riveri -preparador físico- cenaron con todo el plantel argentino del Showbol.

De cipotes

“Con él compartí muchas cosas. Ambos jugamos juntos el primer partido internacional, los dos subimos a un avión por primera vez el mismo día: cuando en 1973 viajamos a Chile. Eramos chiquitos pero nos hacíamos respetar, estuvimos casi cinco años invictos”, relató Abelardo, quien reconoció que se le cayeron las lágrimas cuando el Diez le dio un abrazo.

Pero como Abelardo no vive sólo de recuerdos, aprovechó el momento para que Diego le grabara un mensaje para todos los chicos de FESA. “Diego se interesó por lo que estamos haciendo acá, le pareció una idea maravillosa y hasta me dijo que a él le gustaría trabajar con chicos así”.

El técnico argentino no dejaba de repetir que éste había sido un fin de semana perfecto para él. “Yo no me hacía muchas expectativas de poder verlo o de que me atendiera.

Había pasado mucho tiempo y no sabía cómo podía reaccionar Diego. Pero es el mismo tipo de siempre, ese que te hace llorar de la risa”.


En busca del ídolo
Rodrigo Lagos, jugador argentino del Metapán, era de los más ansiosos por ver a Maradona. Al final pudo ingresar al alborotado vestuario, donde saludó a varios de los jugadores albicelestes.

El recuerdo de Jaime
Maradona es un hombre de buena memoria. Y Jaime Rodríguez puede dar fe: “Cuando me barrí para marcarlo, se me acercó y me dijo que le recordaba la forma en que lo había marcado en el partido del Mundial 1982”.

Testigo presencial
Luis Ricardo Guevara Mora estuvo poco tiempo en la cancha, pero se lleva un recuerdo muy valioso: “Ver juntos a Mágico y a Diego son de esos privilegios que te sobran los dedos de las manos para contarlos. Y yo tengo la satifacción de poder decir que estuve allí con ellos”, comentó el portero salvadoreño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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