El Diario de Hoy
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Una joven no debería ser una atracción turística,
pero la aparición de visitantes extranjeros que han encontrado
en El Salvador un territorio virgen para el turismo sexual ha creado una
nueva amenaza contra la cual se tienen pocos recursos y poca experiencia
para afrontarla.
Oficialmente, las instituciones de gobierno niegan que existe en el país
el turismo sexual, una práctica en la que hombres, provenientes
de Norteamérica y Europa principalmente, viajan a países
más pobres con el objeto de vivir experiencias eróticas.
Esta actividad suele estar teñida de racismo y de resabios coloniales:
las mujeres “locales” son consideradas exóticas y fáciles
de degradar o someter a cualquier tipo de prácticas sexuales con
ofertas de dinero.
Inevitablemente, esta variación aberrante del turismo se traduce
a diversas formas de explotación sexual comercial, y con demasiada
frecuencia se desborda al abuso de personas menores de edad.
Esto es lo que ocurrió en países asiáticos durante
las últimas dos décadas, y el estigma que genera ha sido
devastador para el turismo y la economía de países como
Tailandia, donde la propagación del sida se ha convertido en una
amenaza para la salud pública nacional.
Destino inédito
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| Guías sexuales. Foros en inglés,
diseñados para viajeros de países desarrollados, evalúan
países, sitios, y mujeres que ofrecen servicios eróticos.
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Varios sitios de Internet, que funcionan como centros de información
y de encuentro para “mongerers”, la palabra con la se designan
a sí mismos los turistas sexuales, contienen más de 2 mil
registros individuales sobre El Salvador, que dan cuenta de los sitios,
los precios, las prácticas disponibles, los nombres y evaluaciones
de las mujeres y los medios para acceder a ellas.
Los informes son tan actuales y detallados que es posible seguirlos, partiendo
de un conocido hotel, en un día y una hora determinada, y llegar
a un burdel preciso para comprar un servicio sexual específico
de una prostituta en particular.
En un sitio llamado World Sex Guide hay un registro que se remonta a septiembre
de 1998, en el que un usuario con el seudónimo “Buster”
habla de un lugar que le recordó una casa de citas clandestina
de Chicago. Las jóvenes salvadoreñas, asegura, eran tan
inocentes, que tuvo que enseñarle ciertas prácticas sexuales
que desconocían.
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| Fácil acceso. Bases de datos que incluyen
las direcciones y teléfonos de prostíbulos están
disponibles en línea. |
En ese entonces, el foco del turismo sexual estaba en Asia, en países
como Filipinas y Tailandia. Para el año 2000, nuevas legislaciones
llevaron a la persecución de abusadores extranjeros en esa región,
y el turismo sexual se orientó a un nuevo destino: América
Latina.
Debido a su desarrollo turístico y a un débil marco legal,
Costa Rica se convirtió en el centro del turismo sexual en Centroamérica.
Reportes en el sitio de Internet más popular entre los turistas
sexuales, International Sex Guide, indican que en El Salvador se comenzó
a generar este tipo de actividad en el año 2002. Esto ocurrió
porque en Costa Rica se detectó el peligro que esto implicaba y
se impulsó una batalla contra el turismo sexual.
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| Oferta local. Tres conocidos burdeles se proyectan
por medio del Internet, ofreciendo “compañía exclusiva”
para “caballeros distinguidos”. |
Al mismo tiempo, se presentaron dos nuevas condiciones en El Salvador
que lo hicieron atractivo a los “mongerers”: un mayor desarrollo
de la infraestructura turística y leyes débiles contra los
delitos sexuales.
Guías
International Sex Guide, utilizado principalmente por estadounidenses
que pagan $19.95 al año por la membresía y el derecho a
participar, contiene 1,214 informes sobre El Salvador, el segundo país
más popular en la región después de Costa Rica, sobre
la cual hay 4,775 informes.
Las primeros noticias sobre turismo sexual en San Salvador fueron escritos
para invitar a más actividad.
“Una chica debe tener 18 años para trabajar legalmente en
un burdel. En mis numerosos viajes allí, sólo encontré
a una niña menor de 18 (acababa de cumplir los 17). Sin embargo,
tengo amigos que han estado con chicas muy tiernas, de sólo 15
años de edad”, escribió “Doodads” en junio
de 2002.
Entre 2004 y 2006 la frecuencia de los informes aumentó, generando
cada vez más expectativa por El Salvador como un destino de turismo
sexual.En los foros se reseñan prostíbulos y se crea consenso
acerca de cuáles ofrecen los mejores servicios, lo cual incluye
la limpieza del local, la seguridad y la más variada oferta de
mujeres jóvenes y bonitas.
Irónicamente, las mujeres salvadoreñas rara vez son apreciadas
por su belleza. Las calificaciones que reciben caen entre los 6 y 8 puntos
por el atractivo físico, pero en cuanto a su entusiasmo para realizar
actos sexuales suelen acaparar las mejores calificaciones de la región:
10, o como se expresaría un “mongerer”, son clase “GFE”
(girl friend experience), es decir, se comportan como novias.
Las mujeres salvadoreñas que contratan los turistas sexuales son
tan “complacientes”, dicen los informes, que realizan actos
sin protección contra las infecciones de transmisión sexual:
BBBJ (sexo oral sin condón de la mujer al hombre); DATY (sexo oral
del hombre a la mujer); FK (besos en la boca); y varias prácticas
aberrantes.
Lo que todo esto significa es que el temido fenómeno del turismo
sexual ha llegado a El Salvador.
Las sanciones penales en El Salvador
El Código Ético Mundial para el Turismo, adoptado el 1
de octubre de 1999 por los países miembros de las Naciones Unidas,
incluyendo El Salvador, hizo un llamado especial a combatir el turismo
sexual.
“La explotación de seres humanos, en cualquiera de sus formas,
especialmente la sexual, y en particular cuando afecta a los niños,
vulnera los objetivos fundamentales del turismo y constituye una negación
de su esencia”, indica el artículo 2.1, el cual también
insta a las naciones a combatirlo sin reservas, sancionando estos delitos
con rigor en sus legislaciones.
En noviembre de 2003, El Salvador reformó varias de sus leyes.
Aunque no se aplica, el artículo 170-A del Código Penal
establece que una persona puede ser sancionada con prisión de cuatro
a ocho años por “la mera demanda o solicitud de servicios
de prostitución”.
El artículo 169-A, que sí se aplica agresivamente, sanciona
con una pena de tres a ocho años de prisión al que “pague
o prometa pagar con dinero u otra ventaja de cualquier naturaleza a una
persona menor de 18 años o a una tercera persona para que la persona
menor de edad ejecute actos sexuales o eróticos”.
Esta ley castiga todo tipo de explotación sexual comercial. Basta
que un adulto solicite una danza o un masaje erótico de una persona
menor de edad para que sea arrestado y llevado a juicio.

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