elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Orden y disciplina
Trabajo duro y ordenado

No es posible que las demandas de los sindicalistas pongan en peligro la vida de los pacientes, como ocurre ahora con el Stisss que negocia un aumento salarial.

Publicada 29 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Ricardo Chacón*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Se habla mucho de la experiencia de desarrollo acelerado que han tenido países como Taiwán, Corea del Sur o Japón; se trata de naciones del Noreste asiático que en menos de medio siglo han dados pasos agigantados convirtiéndose en naciones poderosas económicamente, y sus ciudadanos han mejorado sus niveles de vida superando ampliamente a su generación anterior.

Una sanidad macro económica, la apertura de mercados, la inyección de capitales en áreas básicas y la capacitación masiva de la población son algunas de las medidas que permitieron a estas sociedades dejar la pobreza y alcanzar el desarrollo.

Sin embargo, no sólo se trata de medidas económicas atinadas, sino de mucho trabajo y disciplina para alcanzar los objetivos trazados a mediano plazo; todavía más, y de esto poco se habla, de poner por delante los interese nacionales, de país sobre las cuestiones gremiales o particulares.

El trabajo disciplinado y el orden es propio de las culturas asiáticas, aunque más que eso se trata de visualizar las cosas a mediano y largo plazo; y alcanzar lo que se requiere necesita mucho trabajo y disciplina.

No hay otro camino; eso es igual que el estudio, no se puede alcanzar un título, mucho menos manejar un área del conocimiento, sino es con mucho esfuerzo y trabajo, con mucho desvelo y dedicación.

También, y esto nos comentaba un especialista en el desarrollo acelerado de Corea del Sur, “cuando se tomaron las medidas de cambio estructural, se afectaron a sectores particulares, sin embargo, se tomo la decisión de seguir adelante”; el especialista contestaba así ante la interrogante de qué régimen existía en los años cincuenta y sesenta, cuando despegó la economía coreana.

Preguntado de nuevo sobre quiénes dirigieron los cambios y qué sistema prevalecía, el especialista dijo: “se trataba de gobiernos militares, verticalistas”.

No nos equivoquemos, este economista del Instituto de Desarrollo de Korea no estaba ni ocultando ni mucho menos justificando las medidas fuertes y duras de los regímenes militares de la época, sino señalando la importancia que todos los sectores de la sociedad caminaran hacia objetivos precisos que les permitiera alcanzar el desarrollo.

A partir de estas ideas, expresadas a vuelo de pájaro y tras ver el desarrollo en tres países del Noreste Asiático, me viene a la mente sí realmente nuestro El Salvador está siguiendo el camino correcto que nos permita alcanzar más pronto que tarde el desarrollo y un mayor bienestar de la población.

Será la historia la qué dirá con certeza o no sí le atinamos o sí nos hemos equivocado; de lo que sí estoy seguro es que hay cuestiones que en nada ayudan a resolver los problemas, y que al contrario detienen el proceso de mejora.

Un ejemplo de esto es el conflicto generado por sindicalistas del STISSS que demandan un incremento salarias; amén de que tengan o no razón de sus demandas, que haya o no un proceso expedito al interior del Seguro, lo que no es posible es que un conflicto particular afecte a la mayoría de la sociedad.

Aún más, es intolerable que se ponga en riesgo la salud de los enfermos que asisten al Seguro porque los empleados han tomado medidas de hecho para presionar a las autoridades y les aumenten sus salarios.

Al igual que otros grupos sociales, que por supuesto tienen derecho a protestar y luchar por sus reivindicaciones, estas luchas no se pueden realizar, ni permitir, a costa de afectar los derechos de los demás.

Tomarse una calle y afectar el libre tránsito, aventar la basura por las calles o no permitir que esta ingrese al basurero, son medidas de presión que no tienen sentido y no toman en cuenta el bienestar de las mayorías.

Mientras no entendamos esta realidad, el caos y el desorden prevalecen y el trabajo y ordenado no se llevará a cabo; y lo peor de todo es que no se avanza hacia un mejor futuro.... la politiquería y las falsas promesas son el peor enemigo para alcanzar el desarrollo; lo fácil como método para alcanzar los objetivos, es el peor engaño. Pero sobre todo, pasar por encima de los demás e irrespetar los derechos sociales, es uno de los grandes obstáculos para alcanzar el bienestar social.

Editor Jefe de El Diario de Hoy.

 

elsalvador.com WWW