| Ricardo
Chacón*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Se habla mucho de la experiencia de desarrollo acelerado que han tenido
países como Taiwán, Corea del Sur o Japón; se trata
de naciones del Noreste asiático que en menos de medio siglo han
dados pasos agigantados convirtiéndose en naciones poderosas económicamente,
y sus ciudadanos han mejorado sus niveles de vida superando ampliamente
a su generación anterior.
Una sanidad macro económica, la apertura de mercados, la inyección
de capitales en áreas básicas y la capacitación masiva
de la población son algunas de las medidas que permitieron a estas
sociedades dejar la pobreza y alcanzar el desarrollo.
Sin embargo, no sólo se trata de medidas económicas atinadas,
sino de mucho trabajo y disciplina para alcanzar los objetivos trazados
a mediano plazo; todavía más, y de esto poco se habla, de
poner por delante los interese nacionales, de país sobre las cuestiones
gremiales o particulares.
El trabajo disciplinado y el orden es propio de las culturas asiáticas,
aunque más que eso se trata de visualizar las cosas a mediano y
largo plazo; y alcanzar lo que se requiere necesita mucho trabajo y disciplina.
No hay otro camino; eso es igual que el estudio, no se puede alcanzar
un título, mucho menos manejar un área del conocimiento,
sino es con mucho esfuerzo y trabajo, con mucho desvelo y dedicación.
También, y esto nos comentaba un especialista en el desarrollo
acelerado de Corea del Sur, “cuando se tomaron las medidas de cambio
estructural, se afectaron a sectores particulares, sin embargo, se tomo
la decisión de seguir adelante”; el especialista contestaba
así ante la interrogante de qué régimen existía
en los años cincuenta y sesenta, cuando despegó la economía
coreana.
Preguntado de nuevo sobre quiénes dirigieron los cambios y qué
sistema prevalecía, el especialista dijo: “se trataba de
gobiernos militares, verticalistas”.
No nos equivoquemos, este economista del Instituto de Desarrollo de Korea
no estaba ni ocultando ni mucho menos justificando las medidas fuertes
y duras de los regímenes militares de la época, sino señalando
la importancia que todos los sectores de la sociedad caminaran hacia objetivos
precisos que les permitiera alcanzar el desarrollo.
A partir de estas ideas, expresadas a vuelo de pájaro y tras ver
el desarrollo en tres países del Noreste Asiático, me viene
a la mente sí realmente nuestro El Salvador está siguiendo
el camino correcto que nos permita alcanzar más pronto que tarde
el desarrollo y un mayor bienestar de la población.
Será la historia la qué dirá con certeza o no sí
le atinamos o sí nos hemos equivocado; de lo que sí estoy
seguro es que hay cuestiones que en nada ayudan a resolver los problemas,
y que al contrario detienen el proceso de mejora.
Un ejemplo de esto es el conflicto generado por sindicalistas del STISSS
que demandan un incremento salarias; amén de que tengan o no razón
de sus demandas, que haya o no un proceso expedito al interior del Seguro,
lo que no es posible es que un conflicto particular afecte a la mayoría
de la sociedad.
Aún más, es intolerable que se ponga en riesgo la salud
de los enfermos que asisten al Seguro porque los empleados han tomado
medidas de hecho para presionar a las autoridades y les aumenten sus salarios.
Al igual que otros grupos sociales, que por supuesto tienen derecho a
protestar y luchar por sus reivindicaciones, estas luchas no se pueden
realizar, ni permitir, a costa de afectar los derechos de los demás.
Tomarse una calle y afectar el libre tránsito, aventar la basura
por las calles o no permitir que esta ingrese al basurero, son medidas
de presión que no tienen sentido y no toman en cuenta el bienestar
de las mayorías.
Mientras no entendamos esta realidad, el caos y el desorden prevalecen
y el trabajo y ordenado no se llevará a cabo; y lo peor de todo
es que no se avanza hacia un mejor futuro.... la politiquería y
las falsas promesas son el peor enemigo para alcanzar el desarrollo; lo
fácil como método para alcanzar los objetivos, es el peor
engaño. Pero sobre todo, pasar por encima de los demás e
irrespetar los derechos sociales, es uno de los grandes obstáculos
para alcanzar el bienestar social.
Editor Jefe de El Diario de Hoy.

|