| Teresa
Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Aunque el idioma castellano tiene una gran riqueza y en la actualidad
se está convirtiendo en una de las lenguas habladas por más
personas en más países del mundo, el deterioro que está
sufriendo en nuestro país es cada vez más evidente y preocupante.
Tal vez sea el resultado de la poca importancia que se da al buen trato
y al respeto entre las personas. Y por supuesto, a la falta de cultura
que se nota en la pobreza de vocabulario y en el escaso interés
por la lectura, por la historia y la literatura.
Se ha convertido en una costumbre que los vendedores y dependientes, de
uno y otro sexo, en supermercados, zapaterías, ventas informales,
repartidores de gaseosas y de agua envasada, cuando saludan a una cliente
han olvidado las palabras señora o señorita y se permiten
decirle “buenos días, mi amor”, “en qué
puedo servirle, corazón” y en el mejor de los casos “sí,
madre”, “sí, abuela” o “sí, doña”.
Y lo más increíble es que estas expresiones las usan frente
al esposo o al novio de la mujer en cuestión, sin que a él
parezca importarle.
Lamentablemente, esta desagradable costumbre se ha generalizado de tal
manera que no es extraño que al responder al teléfono, las
recepcionistas de empresas serias, de las que se esperaría otro
tipo de trato, se atreven a llamar a sus clientes con términos
que por su significado, únicamente pueden ser empleados por personas
entre las que existe algún tipo de intimidad, de sentimientos o
de confianza que se los permita hacerlo sin que sea un abuso.
Entre los jóvenes, y aun entre muchos adultos, el número
de palabras que usan a diario para expresarse se ha reducido al mínimo,
ya que sustituyen sustantivos y objetivos por una mala palabra, que en
el diccionario sirve para designar una hetaira, prostituta o trabajadora
del sexo, como hoy se designan.
Lo que antaño tenía connotaciones denigrantes y se usaba
únicamente como insulto, es en la actualidad la palabra más
usada en el argot juvenil, sin importarles la presencia de personas de
respeto, que no están acostumbradas a este tipo de trato.
La tontería de decir la hora usando una pésima traducción
del inglés, parece haber permeado todos los estratos sociales.
Da vergüenza escuchar a un profesional, dirigiéndose a una
audiencia empresarial, que afirma que la reunión comenzará
“diez a las cinco”, cuando lo que intentó decir es
“a las cinco menos diez” o “diez para las cinco”
ya que en español, lo correcto es decir cuando faltan diez minutos
para las cinco. Si pensamos despacio la tontería que significa
la frase “diez a las cinco” no la volveríamos a repetir.
Ya nadie se da cuenta que el término “aperturar” fue
inventado por algún empleado bancario que carecía de instrucción
notoria, y convirtió en verbo el sustantivo apertura, sin enterarse
que en castellano el verbo es abrir. Cuando un cliente llega y pide a
las ejecutivas abrir una cuenta, ellas responden con una mirada de conmiseración,
que evidencia sus sentimientos de lástima por quien recién
bajó del monte y no ha tenido acceso al vocabulario técnico
bancario.
Y para mayor vergüenza, los bancos han adoptado esta tontería
en sus comunicaciones escritas con sus clientes y en sus publicaciones
en los periódicos. Ya llegará el día en que en lugar
de hablar de salir, nos recetarán el nuevo verbo salidar. Y ya
ni se discute el uso constante de accesar porque muy pocos saben que la
palabra correcta es acceder.
Y como la tontería, la vulgaridad y la falta de respeto son imparables,
ya estamos escuchando en la radio y por TV anuncios comerciales con expresiones
de doble sentido, que lejos de despertar en el futuro comprador el interés
por adquirir el producto, hacen gracia entre la chusma que los disfruta,
enseñan lo indebido a las mentes jóvenes e inocentes que
aún no tienen la capacidad de discernir y llenan de tristeza y
de indignación a las personas que todavía consideramos el
idioma castellano como una lengua rica, que ensalzó Rubén
Darío al hablar con sentida nostalgia de “una América
que aún cree en Jesucristo y reza en español”.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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