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Comentario de la semana
Centros comerciales, globalización

Lo ideal, obviamente, sería poder disfrutar una campiña tan bella como la nuestra y qué buenos los esfuerzos que se vienen dando por desarrollar el turismo nacional

Publicada 28 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Eduardo Torres*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Las más de cinco millones de visitas que al mes realizamos los salvadoreños a 15 centros comerciales (EDH, miércoles 25 de octubre), ubicados 11 de ellos en el Gran San Salvador y 4 en el interior del país --Santa Ana, San Miguel, Sonsonate y Lourdes--, refuerzan la tesis de la Universidad de Oxford de que El Salvador se convertirá pronto en un enorme asentamiento urbano, el más grande entre la ciudad de México y Caracas.

Siendo así, pues, habrá que tomar muy en cuenta dicho fenómeno para la elaboración de cualquier política de Estado, iniciando por la de la seguridad ciudadana. Al señalar con claridad las encuestas que es la seguridad física el problema número uno de los salvadoreños, los centros comerciales -- “malls”-- se han convertido, estadísticamente hablando, en nuestro principal lugar de recreación, con al menos una visita al mes de los habitantes de las ciudades, no así de las áreas más rurales del país.

En un momento en que al propio director de la corporación policial, Rodrigo Ávila, le cae una llamada a su teléfono celular (principal historia de la edición de ayer de este periódico) con un intento al azar de extorsión, dentro de la relatividad del término, los centros comerciales ofrecen una mayor seguridad física dentro de sus perímetros. Contrariamente a quienes los critican porque sí, mi impresión es que esto se da en el contexto de la globalización --incluido el perjudicial consumismo que esta trae consigo--, en la transición hacia la modernidad en que como sociedad nos encontramos.

Ciertamente, hay cosas muy buenas que se dan de manera regular en los centros comerciales, desde la realización de misas y fomento a la cultura con obras que valen la pena, para no entrar a los espectáculos de temporada navideña, hasta lugares propicios para pasar buenas veladas, de manera sana, si es sano esparcimiento lo que se busca.

Lo ideal, obviamente, sería poder disfrutar una campiña tan bella como la nuestra y qué buenos los esfuerzos que se vienen dando por desarrollar el turismo nacional, pero dentro de la cotidianidad de nuestras vidas, ojalá tuviera el orden, la relativa seguridad y la enorme cantidad de puestos de trabajo de los centros comerciales el enorme asentamiento urbano, que nos viene transformando hacia una futura metrópoli.

Hay también inherentes peligros, que toda concentración de personas, acá o en la China, traen consigo. Hace poco me comentaban de un caso que sacudió Miami, cuando en el estacionamiento de “The Falls” --un pequeño y exclusivo “mall”, en la parte suroeste de esa ciudad-- fue violada una persona en su vehículo, a plena luz del día: la una de la tarde.

Lo que hay que entender es que nos guste o no, la globalización llegó para quedarse y que por su vastedad de recursos quienes más rápido se ajustaron a ella son algunas de las más sofisticadas estructuras del crimen organizado. Para muestra dos botones: la mafia rusa y la mafia china. No es entonces asunto baladí, que se hable entre estados de cooperación y esfuerzos regionales o internacionales para combatir las estructuras del crimen organizado.

En una semana en la que se han visto a nivel nacional mejores reacciones que las de la semana pasada ante el tema de la criminalidad y, mejor aún, iniciativas específicas que mucho podrán ayudar en la lucha contra nuestro principal problema, refresca tocar otros temas, como el de los centros comerciales, que más allá de las ventas brindan aire a millones de personas, que en frenética actividad cotidiana desarrollamos nuestras vidas.

La buena noticia es que globalización bajo ningún punto de vista equivale hacer a un lado principios ni valores, sino todo lo contrario. Es ahora cuando más se vuelven necesarios, porque es al interior de cada quien donde está la solución verdadera.

*Director Editorial de El Diario de Hoy.

 

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