| Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
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Cuarenta y una rondas de votación no han producido todavía un representante no permanente de América Latina al Consejo de Seguridad de Nacio-nes Unidas. Eso significa 40 rondas más de lo que se necesitó para elegir cuatro representantes de otras regiones del mundo.
El proceso no acaba debido a que América Latina es incapaz de presentar un candidato único, dejando en manos de la Asamblea General de la ONU la decisión de escoger entre Guatemala y Vene-zuela, los dos países que hicieron campaña para el cargo.
El voto ha sido descrito fundamentalmente como una puja entre Caracas y Washington --que apoya la candidatura de Guatemala--. Incluso una votación tan simple resulta difícil en este desunido hemisferio.
Thomas Shannon, secretario asistente de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, estaba en medio de la pelea la semana pasada, ejerciendo presión en Nueva York, según lo aseguraban los venezolanos. Al preguntarle sobre el estado de las relaciones hemisféricas en vista de la maratónica votación en la ONU, Shannon no abandonó su carácter optimista. Declaró que la región está más cerca de un “consenso político de centro” y agregó que “este es uno de los momentos más dramáticos de integración en la región”.
En cuanto a dicho consenso, Shannon puede tener razón. La temporada electoral más activa en la historia reciente ha llevado al poder a varios líderes moderados a pesar de que se esperaba que ganaran izquierdistas agitadores. Entre la elección el pasado diciembre de Evo Morales en Bolivia y la probable reelección del presidente Hugo Chávez este diciembre, los electores en Brasil, Chile, Colom-bia, Costa Rica, México, Perú y República Dominicana, escogieron candidatos libres de retórica anti estadounidense.
Perú y México son los ejemplos más notables, teniendo en cuenta que los candidatos de izquierda Ollanta Humala y Andrés Manuel López Obrador, con sus ataques al libre comercio y otras políticas pro mercado, parecían ganar alto respaldo entre los votantes. En cambio, el presidente electo de México, Felipe Calde-rón, es un indudable promotor del libre comercio y el nuevo líder peruano, Alan García, no ha rechazado el libre comercio aunque sí lo ha rebautizado.
La presencia de más líderes moderados y la perspectiva de un mayor consenso regional llegan en el momento en que la integración económica es ciertamente “dramática”, pero no necesariamente optimista. Han pasado 12 años desde que todos los 35 países del hemisferio con excepción de Cuba, prometieron crear el bloque comercial más grande del mundo, el Área de Libre Comer-cio de las Américas. Pacto que nunca se ha materializado.
En respuesta, Estados Unidos ha optado por un enfoque más fracturado al negociar acuerdos de libre comercio con países individuales o pequeños grupos de países, como en el caso de Chile o el del acuerdo con República Dominicana-Centro América. Pero incluso esos éxitos han tenido un lento desarrollo.
Los esfuerzos estadounidenses con otras regiones han llegado a ser aún más frustrantes. Los países andinos y Estados Unidos anunciaron negociaciones para un acuerdo de libre comercio hace tres años con la esperanza de que cuando vencieran las preferencias arancelarias que reciben, el pacto ya se habría puesto en práctica.
Las preferencias, otorgadas a Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú por sus esfuerzos en la lucha anti-drogas, se vencen en dos meses. Y a no ser que el Congreso estadounidense actúe rápidamente después de las elecciones legislativas en noviembre, estos países se encontrarán sin acuerdo comercial ni preferencias al llegar enero.
El floreciente consenso político de centro que Shannon celebra debiera generar optimismo por el futuro de la integración comercial en las Américas. Pero el consenso no es garantía. Hoy, Estados Unidos sólo puede declarar un acuerdo plenamente cumplido con un solo país de la región desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
A comienzos de año Shannon identificó adecuadamente “la pobreza, la marginación y la incapacidad de algunas sociedades de proporcionar los bienes y servicios que la gente espera”, como los grandes retos de los gobiernos regionales. Pero al menos que Washington pueda ofrecer algo más que prolongadas negociaciones comerciales, nadie debiera sorprenderse de que Chávez y su petro-diplomacia continúen cosechando divisiones en vez de integración en las Américas.
*(c) 2006, Washington Post Writers Group.

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