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Luces y sombras

En los años 70, el polifacético artista Andy Warhol auguró que llegaría un momento en que “todo el mundo tendría sus 15 minutos de fama”. Efectivamente, con la maduración de los medios de comunicación, los focos han iluminado todos los ámbitos de la sociedad convirtiendo hasta a figuras tradicionalmente sombrías como los jueces en estrellas.


Publicada 27 de octubre de 2006 , El Diario de Hoy

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19/10/1998
Garzón
El magistrado nacido en Jaén representa lo mejor y lo peor de los jueces mediáticos. Abrió un nuevo campo para el derecho con su arresto de Pinochet, vio frustradas sus aspiraciones políticas y ahora se interesa por Berlusconi, Bin Laden y Kissinger.
José Iglesias Etxezarreta
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Tras la invención de los campos de concentración durante la segunda Guerra de los Boers (1899-1902) en Sudáfrica por parte del mando británico y después de que las potencias del Eje aplicaran el exterminio “científico” contra enteras poblaciones y etnias durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la comunidad internacional se juramentó para que la persecución y la reparación por los crímenes contra la Humanidad no tuvieran límites en el tiempo y en el espacio, ámbito del derecho que tuvo su apertura con los simbólicos, pero limitados, Juicios de Nuremberg (1945-1949) y de Tokio.

Pese a que se perdonó a muchos de los cerebros de los mecanismos del horror para integrarlos en las maquinarias aeronáuticas, armamentísticas y farmacéuticas de los aliados -como Werner Von Braun, fiel SS, padre a la vez de los cohetes V-2 que asolaron Londres y de la moderna astronáutica estadounidense-, que dichos ignominiosos delitos no prescribían es algo que otros oficiales hitlerianos perseguidos por los caza nazis pudieron experimentar en su propia piel.

Solo hay que recordar la eterna fuga del doctor de Auschwitz, Josef Mengele, o los sonados juicios y condenas de Adolf Eichmann en Israel (1962) o de Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, en Francia (1987).

Pero la extraterritorialidad se convirtió en un asunto mucho más espinoso, sujeto a la soberanía nacional y a largos procesos por la ausencia o condiciones de tratados interestatales de extradición, o a rocambolescas operaciones ilegales de secuestro y traslado, como la que finalizó con la ejecución en Jerusalén del citado responsable de la logística del Holocausto.

Todo este delicado entramado de la Guerra Fría, de fina diplomacia o aventurerismo desatado, comenzó a venirse abajo con las históricas decisiones que tomaría la Audiencia Nacional española en los años 90, especialmente la histórica resolución de su Sala de lo Penal “confirmando la jurisdicción de España para conocer de los crímenes de genocidio y terrorismo cometidos durante la dictadura chilena” el 5 de noviembre de 1998.

La Audiencia Nacional

Dicho órgano de la Justicia hispana, con sede en Madrid, fue creado el 5 de enero de 1977 como sustituto del Tribunal de Orden Público franquista.

Tres cuestiones son particularmente relevantes de este hecho. En primer lugar, nacía como sucesor de un ente tristemente famoso por su protagonismo en la represión de los últimos años del dictador enfermo y por tanto se le cuestionará siempre este “pecado original”.

Y Totó Riina hizo caer el telón...
Salvatore Riina, capo de la Mafia siciliana conocido como “La bestia”, mató a unas 40 personas y mandó asesinar a unas mil, entre ellas al general Carlo Alberto Dalla Chiesa, y a dos de los primeros “superjueces” italianos
23/05/1992
Giovanni Falcone
Nacido en un barrio pobre de Palermo, la némesis de Riina, fue asesinado junto a su esposa y tres escoltas.
19/06/1992
Paolo Borsellino
“Me queda poco tiempo” dijo al morir su íntimo amigo; cayó en una emboscada con cinco de sus guardaespaldas.
  15/01/1993
Captura y juicio
Ignorante, pero tan astuto como para vivir más de 30 años en la clandestinidad, taciturno y huraño, Riina fue finalmente vendido a las autoridades por su chófer, cuyos familiares resultaron asesinados como venganza. Actualmente, cumple tres cadenas perpetuas en alta seguridad. Le decomisaron 125 millones de dólares.

Dos, su creación se anunciaba de forma casi clandestina (la víspera del Día de Reyes la opinión pública está despistada por las festividades) para moderar su impacto entre los viejos nostálgicos del régimen (como fue típico durante la Transición, recuérdese la legalización del Partido Comunista de España en 1976 por parte del presidente del Gobierno Adolfo Suárez… ¡el día de Sábado Santo!).

Y, tercera, y la más importante, es que, si bien muchas naciones crean entidades de forma coyuntural para afrontar situaciones excepcionales, por el proceso de formación que acabamos de explicar y resultado del pacto subyacente entre las fuerzas políticas que modernizó a España y que consistió en integrar elementos del antiguo sistema y del nuevo, éste es de los pocos países democráticos que cuenta con un tribunal de carácter especial estructuralmente incrustado en el entramado, de rango constitucional, del aparato jurídico ordinario.

Hoy en día, consta de dos Salas (la de lo Contencioso-Administrativo y la de lo Social) además de la ya mencionada, que es la que, como se quiere en el caso salvadoreño, se ocupa de los crímenes “especialmente relevantes”: entre otros, las acciones contra el jefe del Estado y su familia, el Ejecutivo y las instituciones nacionales; los delitos financieros y monetarios; el narcotráfico; los realizados por bandas organizadas (en este apartado caen el terrorismo y las mafias) y los que, atención, “se hayan cometido fuera del territorio nacional, los procedimientos penales iniciados en el extranjero, la ejecución de las sentencias dictadas por los mismos o del cumplimiento de pena de prisión impuesta por estos tribunales, cuando exista un convenio internacional que atribuya a España estas competencias”.

Y en eso llegó Garzón

Amparándose en esta amplia definición de competencias y en que hubo españoles entre los torturados y desaparecidos por los regímenes militares de América Latina, un joven e impulsivo magistrado, Baltasar Garzón, cobraría fama internacional arrestando el 19 de octubre de 1998 al ex dictador chileno, Augusto Pinochet, que se hallaba convaleciente de una operación de hernia en un hospital en Londres, detención que duró hasta el 2 de marzo de 2000, fecha en que el ministro de Asuntos Exteriores británico, Jack Straw, le permitió volar apresuradamente de vuelta hacia lo que parecía la impunidad de su país natal.

Sobre la base de esa actuación, el propio Garzón persiguió a funcionarios de las Juntas Militares argentinas y consiguió que se condenara en 2005 al represor Adolfo Scilingo a 640 años de prisión, y, en julio de 2006, su colega Santiago Pedraz ha dictado orden de busca y captura contra ochos implicados en matanzas en Guatemala, entre ellos el general y ex presidente José Efraín Ríos Montt. Puede decirse que el principio de no injerencia ha saltado definitivamente por los aires, aún más si tenemos en cuenta que las instancias penales internacionales (el Tribunal de los Pueblos de Bertrand Russell, el Tribunal de Crímenes de Guerra de La Haya, o la Corte Penal Internacional) están comenzando a dar resultados pese a la decidida oposición del gobierno de los Estados Unidos.

El doble rasero

Sin embargo, existen tres críticas fundamentadas a este tipo de justicia sumaria: el abuso de poder (ver recuadro), el diferente trato que tienen vencedores y vencidos (la genial frase de Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, al general que supervisaba el Proyecto Manhattan y constructor del Pentágono, Leslie R. Groves, “si los perdedores hubiéramos sido nosotros, a Ud. y a mí nos hubieran juzgado como criminales de guerra”, lo resume todo) y la judicialización de procesos políticos que a veces necesitan de pactos extrajudiciales para evitar males que se perciben como peores como el Acuerdo de Viernes Santo de Irlanda del Norte, en Sudáfrica con la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, con las leyes de punto final en el Cono Sur y con los propios Acuerdos de Chapultepec y la de Ley de Amnistía en El Salvador. Por sintetizar, qué mejor que el dicho popular de que “hay razones del corazón que la razón no entiende”.

Esclarecedora y paradójicamente, este conflicto entre cuándo se debe emplear la firmeza y cuándo el diálogo le está sucediendo al propio Garzón y a otros jueces de la Audiencia Nacional por el “proceso de pacificación del País Vasco” en curso.

Exaltados por la sociedad civil como sus campeones por su iniciativa e inflexibilidad por los juicos contra la guerra sucia del gobierno de Felipe Gonzáez (los GAL), y en su lucha pertinaz contra ETA (en la que perderían a uno de sus miembros más queridos, la fiscal Carmen Tagle, asesinada a los 44 años el 12 de septiembre de 1989), especialmente con la exitosa estrategia de ilegalizar a su brazo político Batasuna y a los grupos sociales de su entorno, ahora se ven duramente criticados por “interferir” con el diálogo iniciado con la organización por Zapatero.

Los crímenes de la justicia

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1975

Los tribunales y legislaciones especiales tienen también su cara negra ya que juzgar en tiempos de histeria colectiva puede hacer que se pierdan las garantías imprescindibles, se olvide la presunción de inocencia y se cercenen vidas enteras.

Cuando a principios de los años 70, el Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés) para presionar a la opinión pública decidió trasladar los sufrimientos de la guerra a la puerta de las casas del pueblo inglés volando locales comerciales y bares indiscriminadamente y provocando grandes carnicerías de civiles, la respuesta policial y judicial fue rápida y despiadada.

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1991

Decenas fueron a la cárcel de por vida, entre otros, los que fueron conocidos como los Cuatro de Guildford (caso popularizado por el film En el nombre del padre), los Seis de Birmingham (antes y después, en las fotos adjuntas), los Tres de Cardiff, los Cuatro de Bridgewater, los Tres de la M25, los Siete McGuire, los hermanos Darvell, Danny McNamee, Judith Ward, Derek Bentley y Hussein Mattan.

De 15 a 20 años después, entre 1989 y 2000, todos los nombrados anteriormente fueron declarados inocentes... cuatro de ellos de forma póstuma. Murieron en prisión sabiendo que no habían cometido ningún delito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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