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Acusan a presuntos secuestradores

Cautiverio. Durante siete noches, el secuestrado soportó lluvias y escorrentías, sin más que un colchón de hojas de bambú


Publicada 25 de octubre de 2006 , El Diario de Hoy

Procesados. A la izquierda, tres de los acusados. A la derecha, el sitio exacto del cautiverio. Foto EDH
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

El lecho de una vaguada oscura en medio de una inmensa plantación de café fue por ocho días el sitio de cautiverio de, identificado sólo como A.G., un hombre de 84 años, por cuyo secuestro fueron acusados ayer en el Juzgado 2o. de Paz de Santa Ana, cuatro personas, aunque la Fiscalía supone que fueron cinco las que participaron.

Julio César Ramos, Amílcar E. Hernández, José E. Cruz y José Amílcar Montano enfrentarán por primera vez a un juez el próximo viernes. La Fiscalía investiga a un quinto participante.

Según la policía, los cuatro acusados fueron vistos entrar y salir del cafetal de una finca vecina a la Hacienda Los Reyes, jurisdicción de El Congo, Santa Ana.

Encostalado
Una macolla de bambú fue la cama de A.G. durante siete noches, quien, confiando en que sus secuestradores tuvieran una pizca de humanismo, les pidió que procuraran que la lluvia no le cayera, pues, padecía de bronconeumonía.

La Fiscalía afirma que el plagiado también les pidió que le proveyeran de unas medicinas.

Pero, al parecer, lo mucho que hicieron los secuestradores fue hacerle un delgado colchón de hojas de bambú. Luego, lo esposaron a un vástago y ahí lo dejaron.

Los primeros días lo vigilaron, pero una vez obtenido el rescate lo abandonaron con la advertencia de que no se moviera porque estarían vigilándolo de cerca y si desobedecía, lo matarían.

Según la policía, los delincuentes no llevaron a A.G. directo desde el punto de plagio al sitio de cautiverio. Lo anduvieron deambulando por varios puntos.

Luego, entrada la noche del 14 de octubre, lo metieron en un costal para llevarlo hasta la vaguada.

A.G. le contó a la policía que tres días anteriores a que lo hallaran, escuchó y vio a varios agentes, pero no les habló por temor a que fueran los secuestradores y lo asesinaran.

Ayer, en el sitio de cautiverio únicamente quedaba el colchón y algunas varas cortadas.

En el vecindario de pocas y pobres casas, los lugareños comentan el suceso sin decir más que el domingo la policía invadió el lugar.

Kilómetros más al occidente, A.G. se recupera. Según algunos de sus familiares, la fortaleza que lo acompañó durante el cautiverio y la serenidad con la que relató su infortunio a los policías lo han abandonado.

Ahora A.G. se quiebra en llanto al recordar o hablar de su secuestro. Ayer sufría una fiebre, por eso sus parientes lo resguardan de visitas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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