| Luis Sarbelio Navarrete*
El Diario de Hoy
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En Bonn, entonces la capital de la República Federal de Alemania, la Alemania libre del Oeste, estudiábamos carreras diversas estudiantes provenientes de América Latina: Perú, Vene-zuela, Colombia, Panamá, Argen-tina, Uruguay, El Salvador, Costa Rica y otros. Peruanos y centroamericanos éramos mayoría. Cuando no teníamos tareas importantes por hacer, nos reuníamos en los apartamentos de algunos o en pequeños restaurantes para conversar. Más que todo para hacer recuerdos de nuestras tierras de origen.
Así surgió en mi mente la idea de constituir lo que luego llamaríamos el “Centro de Estudios Latinoamericanos” (CEL). Nues-tra primera reunión formal fue una cena festiva en un restaurante de la ciudad, en la que se eligió a la primera junta directiva, de la que salí electo el primer presidente, que echaría adelante el proyecto. Curiosamente, en esos días andaba vacacionando por allá el distinguido periodista salvadoreño Mario Saravia, quien gustosamente se ofreció a darnos la primera charla. Esta se llevó a cabo en el departamento de un peruano y el tema escogido por el disertante fue la “Geopolítica”. Fue la primera vez que oí esta palabra. Y la conferencia de Saravia me hizo entender en adelante lo que representa dicho vocablo.
Por aquel tiempo Fidel Castro Ruz era el héroe de todos nosotros. Luchaba contra el régimen de Fulgencio Batista y era celebrado en La Habana y en todas partes de Latinoamérica por su gesta libertaria en favor de los pueblos, que hasta entonces vivían oprimidos por corruptas dinastías militares. Yo me enteré de su lucha oyendo por las noches los noticieros en español de Radio Luxemburgo.
Nuestra organización creció y se mantuvo por muchos años, hasta que algunos estudiantes, sobre todo sudamericanos, comenzaron a transformarla en una caja de resonancia de la vanguardia comunista entronizada en el Caribe por el mismo Castro, y que contagió severamente a nuestra América Libre, la misma que “habla español y le reza a Jesucristo”.
Los fidelistas de Bonn se apoderaron de la diretiva del CEL, y hasta planearon un vuelo a La Habana, que sin embargo nunca realizaron, ni entonces ni después de aquellos días.
En los primeros años que existió este centro de estudios, recuerdo que dictaron conferencias entre otros, el ex presidente peruano Raúl Haya de la Torre, quien había estado residiendo exilado en la Embajada de Colombia en Lima, durante muchísimos años, los que aprovechó para leer muchos libros, sobre todo de Historia y Política de América Latina y de Europa. Por mis estudios se me hizo imposible acompañarlo en su periplo por la ciudad y sus alrededores, a orillas del Rhin. Me contaron que cuando visitaban pequeños pueblos, Haya de la Torre les relataba los hechos históricos de aquellos pueblos renanos, incluyendo la de los pequeños templos católicos y de sus imágenes.
Disertaron también --que yo recuerde-- el español An-drés Segovia (sobre la guitarra); René Barrientos, el presidente boliviano que años después hiciera cortar las manos al cadáver del guerrillero Ernesto Ché Guevara, quien fracasó en su empeño de comunizar Bolivia; Eudocio Ravines, conferencista peruano admirador de Ludwig Ehrhard y de su victoriosa economía de libre mercado que levantó de la ruina a Alemania.
Algunos compañeros me contaron después, que en la conferencia sobre el Ché Guevara, se divulgó la noticia de que estando en la Sierra Maestra, se condenó a muerte por fusilamiento a un muchacho desertor como de dieciséis años. Como ninguno de los guerrilleros quiso cumplir la sentencia por tratarse de un muchacho cubano, fue entonces el propio argentino Guevara el que lo ejecutó.
Mientras el CEL no fue objeto del manoseo político de los camaradas, los estudiantes latinoamericanos de la Universidad de Bonn conocimos mucho de la historia de nuestros pueblos. Algu-nos se quedaron a vivir allá para siempre.
*Dr. en Medicina.

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