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Conversando sobre política
Aciertos y desaciertos

Esa “cultura” para delinquir que bien nos citaba el director de la Policía, debe ser erradicada de raíz. Ni la pobreza ni la riqueza son excusas para ignorar el Estado de Derecho.

Publicada 25 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

A los gobiernos de turno se les juzga sobre todo por los desaciertos. La evaluación de los aciertos es, generalmente, postergada para cuando la administración ha concluido su período, o bien, cuando las consecuencias y efectos de las medidas que se adoptaron en su momento, demuestran la razón que se tuvo y lo atinada que fue tal o cual decisión para el fortalecimiento democrático o para el desarrollo económico y social del país; esto puede suceder pasados diez, quince o veinte años. Lo cierto es que en pocas ocasiones a los gobernantes se les evalúa de forma justa, objetiva e imparcial.

Los desaciertos normalmente son aprovechados por la oposición, quienes los magnifican y sobredimensionan con tal de obtener réditos políticos. También se da el caso de los ciudadanos, que generalmente obvian los aciertos y exigen la solución de los problemas que les aquejan, los que comúnmente tienen relación con la salud, la educación, los salarios, la economía familiar, el costo de la vida --tres aspectos íntimamente relaciona-dos--, y en algunos estados, la seguridad pública. En el caso salvadoreño, sin duda alguna, este último aspecto, el de la seguridad, ha calado hondo en la percepción de los ciudadanos, no sólo porque efectivamente los homicidios y las extorsiones son el pan de cada día, sino porque los líderes de opinión y los medios de comunicación han hecho del tema el problema más grave ha enfrentar por las autoridades.

Qué bien el hecho que se ha comprendido que este es un problema cuya solución compete al total de los actores sociales. Lo han manifestado las gremiales empresariales, gobiernos amigos preocupados por seguir haciendo del país un modelo en la región y hasta el mismo Presidente de la República, quien junto a sus homólogos de los Órganos Legis-lativo y Judicial, reconoció abiertamente la difícil tarea que deben enfrentar juntos, legisladores, ministros y operadores de justicia. Las manifestaciones de la sociedad civil han sido claves para hacer entender a quienes aún creían que el problema era de fácil solución, que la gente diariamente está enfrentándose a un flagelo que debemos combatir, reprimiendo, previniendo y rehabilitando.

El “déjense de pajas” que ahora escuchamos en la radio, efectivamente debe ser aplicable a todos, a los ciudadanos si critican y no denuncian; a los legisladores si argumentan pero no aprueban la legislación necesaria; a la policía si no enaltece la función de los agentes de autoridad, generando la credibilidad que la gente espera del cuerpo policial; a los jueces, si no se arriesgan y con valentía ejemplifican que todo accionar fuera de la ley debe ser sancionado drásticamente.

Escuché con atención las palabras de la presidenta de la Cámara de Comercio e Industria, cuando reflexionaba sobre el irrespeto al orden jurídico reflejado en la cantidad de faltas y contravenciones que cometemos hora tras hora los ciudadanos, creyendo que el brazo de la ley no nos alcanzará: se refería al irrespeto a los semáforos, a la mala educación de botar basura en cualquier espacio público, al exceso de velocidad en las carreteras, a la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad, al irrespeto a los derechos de los consumidores, entre otros aspectos donde las autoridades, centrales y locales, deberíamos estar prestos a sancionar, enviando con ello un claro mensaje que existen reglas que cumplir y castigos que imponer cuando las mismas se rompen.

Esa “cultura” para delinquir que bien nos citaba el director de la Policía, debe ser erradicada de raíz. Ni la pobreza ni la riqueza son excusas para ignorar el Estado de Derecho. Que bien por los empresarios que hacen un llamado enérgico para que las autoridades nos pongamos de acuerdo y continuemos combatiendo el crimen de manera coordinada, bajo la revisión de un plan integrado, con metas de corto, mediano y largo plazo, que permitan hacer nacer en el ciudadano la confianza que este flagelo podrá erradicarse; ese es el papel de las gremiales empresariales y más aún cuando acompañan su llamado con acciones concretas de su parte; me refiero al inmediato apoyo que la cúpula empresarial ofreció a los padres del joven que lamentablemente fue secuestrado y brutalmente asesinado y más recientemente, a los familiares de la persona octogenaria que fue rescatada por la policía, después de permanecer en cautiverio en condiciones realmente inhumanas. Ese es el verdadero aporte: llamar la atención y a la vez concretar una acción.

Por nuestra parte, me refiero a los tres Órganos de Estado, no nos queda más que reconocer la efectividad que tendrá el coordinarnos para responder al llamado de la sociedad y contribuir con nuestra mesura, tolerancia, prudencia, responsabilidad y efectividad, para llevar a buen término los planes y acciones que urge integrar para continuar con el combate frontal que la delincuencia requiere. Mientras tanto se nos seguirá juzgando por los desaciertos, cada homicidio, cada robo y cada extorsión seguirá pesando sobre nuestras espaldas, aunque ya lo dije antes, es importante que todos carguemos el problema, no sólo presionando, sino también actuando. Los aciertos los reconocerá la historia, aunque quizás no ocupen ni maderas en los periódicos ni titulares en los medios televisivos ni cadenas de correos electrónicos.

Pd. Ayer nació mi segundo hijo, para él y mi hija, los aciertos y por él y ella, la promesa de corregir los desaciertos.

*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia de la República

 

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