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La nota del día
Madonna adopta, los cafres se indignan
No podemos hacer nada por los niños de Malawi, pero podemos corregir los abusos y las barbaridades que aquí se perpetran en contra de niños salvadoreños abandonados a quienes les impiden ser adoptados
Publicada 25 de octubre de 2006, El Diario de
Hoy |
| El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Una mediana tormenta se vino encima a raíz de la adopción de un niño de Malawi por la cantante estadounidense Madonna, lo que normalmente se vería como un acto de caridad pero que según las autoridades de ese país, es ilegal. En Malawi, se nos dice, sólo se autoriza la adopción de un niño por una familia del país o cuando la familia extranjera haya residido un año en este; con un ingreso promedio per cápita de ciento cincuenta dólares anuales, un niño adoptado allá pasa de tremenda pobreza a profunda pobreza; el niño de Madonna accede a lo que puede ser un maravilloso futuro.
En la mayoría de países los procesos de adopción son una especie de ejercicio en truculencias, en el que lo disparatado se suma al atropello, a la falta de sensatez y a causar a las pobres criaturas que se quiere ayudar, perjucicios emocionales que con frecuencia quedan para toda su vida. De instancia en instancia, las parejas que quieren un niño gastan grandes sumas de dinero, se ven forzadas a esperar años para recibir a su nuevo hijo y están siempre expuestas a que a última hora, como ha pasado muchas veces en El Salvador, el niño por el cual luchan se concede a otra pareja.
Como nos comentó uno de esos padres, a él le sometieron a exámenes sicológicos para iniciar el calvario, cuando a los que deberían examinarles el cerebro es a los burócratas a cargo de manejar las adopciones.
Hace años se sabía que sujetos sin escrúpulos se apostaban a la salida de los orfelinatos para caerles encima a las pobres niñas que al llegar a los dieciséis, eran echadas a la calle por “la institución”. Esos malvados sabían que las jovencitas estaban sanas y eran inocentes.
Ayudemos con sensatez a niños abandonados
Ignoramos si hoy en día sucede lo mismo, pero aquí como en España y de seguro en Japón, alcanzando los 16 años, los jovencitos a quienes les pusieron diez mil trabas para que los adoptaran, se van a la calle sin nadie por ellos. En un hogar que conocimos en Madrid, las santas religiosas sufrían horrores cuando sus niños tenían que ser puestos en la calle pues el Estado español, o el gobierno provincial, no seguía pagando su manutención. Y al no tener quien por ellos, la mayoría quedaba condenada a los oficios más simples, a la prostitución, a la droga. En ese hogar muy pocos hicieron carrera, como tampoco la hacen aquí en El Salvador por la tozudez en sostener lo absurdo.
Los cafres de Malawi han edificado su sistema para, de acuerdo a lo que declararon a la BBC de Londres, “impedir que se trafique con niños” de su país; preferible que todos sigan en la tremenda pobreza a que algunos, incluyendo el niño adoptado por Madonna, corran el riesgo “de que lo vendan”, o peor todavía, que le saquen el hígado para injertarlo en un jeque millonario. Nunca se ha demostrado que esos descuartizamientos ocurran, pero sí se ha comprobado centenares de miles de veces, que los niños que no se adoptan van a parar a drogas, prostitución y vidas de ruina.
No podemos hacer nada por los niños de Malawi, pero podemos corregir los abusos y las barbaridades que aquí se perpetran en contra de niños salvadoreños abandonados a quienes les impiden ser adoptados.

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