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Un verdadero maestro
Juan José Fernández, médico internista

El Dr. Fernández fue un médico internista y un docente universitario de primera línea, juicioso y equitativo, detallista como pocos en la práctica de la Semiología Médica y Medicina Interna

Publicada 24 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El 29 de septiembre pasado falleció el Dr. Juan José Fer-nández, miembro notable de un grupo compuesto de varias tandas de jóvenes médicos, que después de finalizar sus estudios en el país, se marcharon a los Estados Unidos a especializarse en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Además del Dr. Fernández figuraban los doctores C. Díaz del Pinal, J. Góchez Marín, R. Bracamonte, H. Ganu-za, H.R. Silva, J. Bustamante, D.A. Alfaro, J. Rodríguez, F. Castillo F., R. Masferrer, S. Infante, J.A. Saldaña, A. Rivera Villacorta, H. Escapini, A. Pineda Martínez y otros más.

En la medida que fueron regresando de su especialización, a partir de los últimos años de la década de los cuarenta y primeros del cincuenta del siglo pasado, fueron incorporándose gradualmente al ejercicio privado, docencia universitaria y Hospital Roales, que por cierto contaba con un destacado staff de profesionales formados en Francia, entre los que menciono a los doctores L.E. Vásquez, L Macías, L. Mendoza, A. Hirleman, O de Sola, L. Velasco, A. Romero, V. Noubleau, E. Barrientos, H. Levy Van Sveren, A. Jiménez Castillo, etc.

Nunca hubo una competencia generacional, aunque algunos lo vieron así, por el contrario, la fusión e integración de las escuelas europea y norteamericana fortalecieron la práctica médica en la que definitivamente los más gananciosos fueron los enfermos. Como parte de ese movimiento surgieron dos departamentos de Medicina, el del Hospital Rosales, dirigido por el Dr. Vásquez y el de la Facultad de Medicina por el Dr. Fernández. Se estima que a partir de esa época, este último tuvo que ver con la formación de más de diez mil médicos salvadoreños.

El Dr. Fernández fue un médico internista y un docente universitario de primera línea, juicioso y equitativo, detallista como pocos en la práctica de la Semiología Médica y Medicina Interna. Concedía especial importancia a la historia clínica y exploración física, además revisaba minuciosamente el diagnóstico diferencial de cada enfermo e interpretaba con precisión los signos y síntomas que aparecían en la evolución.

Jamás olvidaba el bienestar de los pacientes, a quienes trataba con calidez y una sonrisa en los labios. Más respetado y admirado que temido por los alumnos, les daba cátedra no sólo de medicina, también del buen vestir y uso correcto del idioma español, curiosamente sus anotaciones en los expedientes clínicos siempre fueron claras y legibles.

Organizado, meticuloso y ordenado, recuerdo una vez que estaba dando la bienvenida a un grupo de nuevos médicos residentes y les expuso un plan de trabajo y estudio diario, semanal y mensual tan apretado, que uno de los noveles residentes le preguntó: ¿Maestro Fernández y cuándo tendremos oportunidad para ir a la peluquería o comprar un cepillo para los dientes?

Su fama de avezado analítico y consumado investigador eran bien conocidas y hasta objeto de bromas entre colegas. Un día un residente refirió un paciente en interconsulta al eminente cirujano Dr. Carlos González Bonilla, éste después de examinar al enfermo caviló por unos segundos y le dijo al residente: “Deme el leucograma, el examen general de orina y la glicemia en ayunas, todos los demás exámenes llevéselos al Dr. Fer-nández”.

En otra ocasión, el memorable y controvertido Dr. Juan José Rodríguez, jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Rosales, interrumpió a un alumno que relataba una interminable lista de antecedentes de un consultante por un problema de piel y le dijo: “Tampoco tiene neumonía, tifoidea, lupus y cáncer del páncreas, aquí no estamos en el Depto. de Medicina, dígame sólo la localización de la lesión, desde cuándo la tiene, descripción de la misma y si
le pica, arde o duele”.

En sus últimos años fue objeto de merecidos homenajes, resaltando sus cualidades de médico, maestro, científico y ciudadano, entre las que destaca la Orden José Matías Delgado, que recibió de la Asamblea Legislativa, que reconoció sus méritos y aportes al país. Varias semanas después de este memorable hecho, en ocasión de salir por el costado norte del Hospital Rosales, atravesó la 1a. Calle Poniente y quiso entrar al Hospital Médico Quirúrgico del ISSS por el portón sur, habilitado para que los médicos que vienen del Hospital Rosales no tengan que dar la vuelta y caminar innecesariamente dos o tres cuadras. Sin embargo, el vigilante no reconoció al galardonado por la Asamblea Legislativa y le negó la entrada. Quiso la suerte que casualmente pasaba por ahí el notable otorrinolaringólogo Dr. José Heriberto Medicina, que intercedió por el maestro Fernández para que lo dejaran entrar.

*Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.

 

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