| Alejandro Alle*
El Diario de Hoy
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Según la Real Academia Es-pañola (buena referencia, ¿no le parece?), “fungible” significa “que se consume con el uso”, y es por ello que cuando los economistas dicen que “el dinero es fungible”, nos están indicando que el pisto… ¡se consume con el uso! (obvio).
Es cierto, la acepción no es nada original y tampoco causa sorpresa alguna, aunque en materia económica es mejor desconfiar de las ideas “muy originales”, de las propuestas “alternativas”, o de cualquier acepción que difiera de la indicada por el diccionario.
En el caso particular del vil metal, el hecho de “que se consuma con el uso” naturalmente no implica que los billetes desaparezcan al utilizarse, ni que se transformen en humo y cenizas, como cigarros al fumarse.
Por el contrario, la fungibilidad de un medio de intercambio, como es el dinero, significa que: “aunque tenga usos alternativos, el dinero que utilice para satisfacer una necesidad determinada, no podrá ser destinado para satisfacer ninguna otra”.
En este punto nunca faltará quien diga “entonces emitamos billetes”, como si esa fuese una solución en vez de un grave problema, que produce… inflación, pero nunca sirve para producir bienes y servicios.
Se lo dije, siempre hay que estar preparado para desconfiar de las soluciones fáciles, sean “originales”, “alternativas”, o fruto de alguna distorsión semántica (viejo método de engaño…).
En verdad, el tema de la fungibilidad del dinero no es otra cosa que la versión monetaria (¡ohh!) de la explicación de los fundamentos de la economía, ciencia que estudia la forma de asignar los siempre escasos recursos disponibles, para satisfacer las ilimitadas necesidades humanas.
Sobre este asunto de los usos alternativos de los recursos, el profesor Ernesto Fontai-ne escribió hace unos años un artículo muy ilustrativo en el diario “El Mercurio”, de Santiago de Chile, titulado: “Fungibilidad de fondos”, en el cual relataba que el Director de Presupuestos de un imaginario país llamado Solovia, había recibido la visita de un mariscal, Director de la Comisión Soloviana de Energía Atómica (¡!), quien le exigía fondos para fabricar una bomba atómica.
La respuesta inicial del Di-rector de Presupuestos fue que “ya tenía comprometidos los fondos del año siguiente para construir un hospital”, pero ante la presión del mariscal, “redefinió las prioridades” de Solovia, aplicando (mal y sin criterio) la fungibilidad del dinero.
¿Qué hizo? Al presupuesto que tenía asignado para construir el hospital lo destinó a la fabricación de la bomba…, informando luego que “había negociado exitosamente un préstamo internacional para construir el hospital”.
Por supuesto que es mucho más “vendible”, tanto ante la población de Solovia como ante los organismos internacionales de crédito, decir que el préstamo internacional tuvo que ser solicitado para construir el hospital…, y no para fabricar una bomba.
Pero en la práctica, y dada justamente la fungibilidad del dinero, lo que en verdad se financió con el préstamo fue la bomba.
Cualquier parecido con la realidad latinoamericana… no es pura coincidencia. ¿Un ejemplo de prioridades alteradas? Recuerdo muy bien uno de Argentina…, porque me tocó pagarlo cuando aún vivía en “La ciudad de la furia”, como dice Soda Stereo.
Fue en 1998, cuando en Buenos Aires se aprobó un “impuesto nuevo y específico” a los carros “para poder aumentarles el salario a los maestros”, que no hizo sino revelar la verdadera prioridad que las autoridades le asignaban al salario de los maestros. ¿Cuál? La última y menos importante (suena duro, ¿no?).
¿En serio? Claro, porque siendo el dinero fungible, parte de lo que ya se estaba recaudando antes de aplicar el impuesto nuevo y específico, perfectamente hubiese podido utilizarse para pagar el incremento salarial.
Pero el simple hecho de que fuese necesario aplicar un nuevo tributo, reveló que las autoridades no estaban dispuestas a renunciar a ninguno de los gastos que se cubrían con los impuestos existentes…, ni siquiera al menos prioritario.
Entonces, cuando usted escuche alguna propuesta de “aplicar un impuesto nuevo y específico para algún fin muy loable”…, ahora ya sabe qué lugar tiene tal fin “loable” en la escala de prioridades de quien lo propone (¡oops!).
¿Siempre será así? Al menos mientras haya tantos populistas gobernando en Latinoamérica. Pero seamos optimistas, y veamos qué ocurre “Cuando pase el temblor”.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

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