| Evangelina del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy
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Shanghai se perfila como una ciudad ultramoderna, apreciándose una juventud en continuo movimiento.
Pero no todo es oro lo que brilla, pues esa ciudad tiene la población más anciana de la China comunista, encabezando el país con una población del 20% de personas de más de sesenta años, la edad de jubilación allí, y cuya población total va en vertiginoso proceso de envejecer, siendo los jubilados el segmento poblacional de más rápido crecimiento, llegando en la actualidad a cien mil personas al año. Se pronostica que entre el 2010-2020, el número de jubilados aumentará a más de ciento setenta mil por año. Expertos aseguran que para 2020 la tercera parte de la población de Shanghai consistirá en personas de más de 59 años, causando uno de los más grandes cambios demográficos en la historia, con implicaciones profundas y trágicas para todo el país, sobre su economía y finanzas.
China, la nación más sobrepoblada del mundo, que ha construido su fuerza económica en sus reservas aparentemente infinitas de mano de obra barata, pronto estará enfrentando una escasez de la misma, planteando difíciles problemas políticos luego de que, posterior a la muerte de Mao, el gobierno comunista introdujo una política de alto control demográfico ante su explosión poblacional, con un hijo por familia y con otros métodos de control natal, incluyendo el aborto masivo.
Definitivamente, esa medida le ha ahorrado a China millones de nacimientos al país, pero a la larga se cree será otro catastrófico error demográfico. Con el asombroso ascenso de China a la riqueza, la mayoría de la gente vive más, pero tiene menos hijos. Esta situación amenaza el inestable sistema de pensiones. Los trabajadores por otro lado, se están volviendo más escasos y más costosos en las ciudades más acaudaladas, por lo que el país está enfrentando crecientes presiones económicas, para alejarse de la manufactura que emplea mano de obra de forma intensiva --que ya ha empezado a realizarse en países más pobres de Asia--, incursionando en industrias basadas en información y servicios.
Elevar la edad de jubilación aliviaría presiones sobre el sistema de pensiones, pero haría más difícil a los jóvenes encontrar empleo.
Con este sombrío futuro de China, creemos sumamente peligroso para el mundo que la ONU insista en meterse en la alcoba de sus ciudadanos para planificar su natalidad, tal como hacen aquí y en todo país pobre funcionarios del Fondo de Población, PNUD, so pena de ahogar a los gobiernos financieramente si no aceptan sus demandas. Este colonialismo demográfico es detestable, y una total extorsión vincular ayudas internacionales a infamantes condiciones para procurar el control natal.
Este ejemplo chino desbarata la hipótesis de que un buen desarrollo económico exige un fuerte control natal y da reconocimiento a una lección de la historia: el crecimiento poblacional precede al crecimiento económico.
China comunista, que anteriormente alentó al crecimiento poblacional que la condujera a la potencia económica de la que goza, está ahora, por el garrafal equívoco del agresivo control natal al que sometió a su población desde 1976, enfrentando una amenaza contra su bonanza debido a una fuerza laboral reducida y una población vieja y jubilada.
El estancamiento poblacional llevará al estancamiento económico. Para que haya puestos de trabajo es preciso producir y para producir se necesita gente que produzca y gente que consuma. Esta cadena de mutuas necesidades no puede romperse.
Nuestros gobiernos pobres, que están verdaderamente preocupados por el bienestar poblacional, deben centrar su atención en sus instituciones, con políticas económicas y educativas adecuadas, que posibiliten a los ciudadanos a ejercer sus potencialidades y a ser mejores ciudadanos, mediante volver --y reforzar-- a programas como los de cívica, moral y urbanidad, que anteriormente hizo de nuestro país un lugar pacífico, progresista y vivible.
No debe señalarse a los pobres con el dedo como si su existencia fuera la causa del deterioro social y económico de un país y no el efecto de ese deterioro, como sucede realmente.
Hanna Arendt escribe: “El milagro que interrumpe una otra y otra vez el curso del mundo y lo salva de la decadencia, es, en última instancia, el hecho de la natalidad”.
Las personas son el recurso más valioso de la sociedad, pero para esto debe educárselas y organizarlas mejor.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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