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Comentando
Del verso libre a la antipoesía

Al no poder ampararse y vestirse con la métrica y la rima, contra lo que puedan pensar los ingenuos o ignorantes, la poesía no se hizo más fácil sino más difícil. Es algo equivalente al desnudo humano.

Publicada 23 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

¿Pero va usted a seguir con lo de la poesía? ¿No sería mejor que comentara el trascendental discurso del embajador de la República Imperial, donde nos ha puesto los puntos sobre las íes? Pues no, de ese discurso, not anything, al menos por hoy. Y por cierto que ese ¡ahora!, tan insistente, me suena casi tan imperioso y tremendo como el never more! de El Cuervo de Edgar Poe. ¿Ahora o nunca?...Vayamos pues a nadar en esas aguas más tranquilas de la poesía, mientras se serenan éstas de la política.

Me preocupan los caminos por donde ha ido metiéndose la poesía actual. Durante siglos la poesía fue una elegante dama muy maquillada y muy vestida de ceñida métrica y elegante rima. Después comenzó a desnudarse de esas bellas vestiduras, primero de la métrica, después de la rima y fue apareciendo el “verso libre” y hoy se abunda y se abusa de unas creaciones que pretenden ser versos libres.

Al no poder ampararse y vestirse con la métrica y la rima, contra lo que puedan pensar los ingenuos o ignorantes, la poesía no se hizo más fácil sino más difícil. Es algo equivalente al desnudo humano. Los artistas lo saben muy bien. Para que una persona en desnudo total sea un ejemplo de belleza tienen que darse condiciones mucho más escasas y difíciles que para lograr lo mismo con la ayuda de ropajes, afeites y otras galas.

Quedamos, pues, en que el verso libre es más difícil. Lo digo y me amparo bajo la autoridad, nada menos que de Jorge Luis Borges. En el prólogo de su libro Obra poética, escribe: “Como todo joven poeta, yo creí alguna vez que el verso libre es más fácil que el verso regular; ahora sé que es más arduo y que requiere la íntima convicción de ciertas páginas de Carl Sandburg o de su padre, Whitman”. Hay versos libres magníficos de muchos poetas de distintos idiomas. Pero al citar Borges a esos dos, se está refiriendo a un tipo de versos libres que abrirán el camino al prosaísmo, versos en donde se esfumará o desaparecerá por completo el ritmo y el aroma que todavía lo unían con la anterior poesía.

Aparecerá una poesía que no quiere reconocerse como tal. Así el mexicano Octavio Paz podrá decir: “Una vez me llamaron poeta materialista./ Y yo me sorprendí: nunca había pensado/Que quisiesen darme este o cual nombre./Ni siquiera soy poeta:veo/…”. Un paso más y tenemos al chileno Nicanor Parra que se atribuye el haber creado la antipoesía.

Con Parra nunca se sabe si está hablando en serio o en broma y posiblemente tampoco él lo sabe del todo. La verdad es que si se lee su Obra gruesa todavía muchos de sus poemas eso son: poemas, más que antipoemas. Pero en otros, como en La montaña rusa proclama desafiante: Durante medio siglo/ la poesía fue/ el paraíso del tonto solemne./ Hasta que vine yo/ y me instalé con mi montaña rusa./ Suban, si les parece./ Claro que yo no respondo si bajan/ echando sangre por boca y narices. Con Parra nunca se sabe. Porque si se quiere averiguar en qué parte de Chile nació, les dirá: Neruda nació en Parral/ pero Parra no nació en Nerudal.

Si el periodista oliscón le pregunta si ha habido muchas mujeres en su vida, contestará:¡tantas, tentas, tintas, tontas…!/ Pero poco después se pondrá serio, dirá que “el automóvil es un ataúd con ruedas” y proclamará: Señoras y señores/ Yo voy a hacer una sola pregunta/ ¿Somos hijos del sol o de la tierra?/ Porque si somos tierra solamente/ No veo para qué/ Continuamos filmando la película./ Pido que se levante la sesión. Y entonces la pelota antipoética la recogen muchos. Así el uruguayo Mario Benedetti, celebrado porque tiene el “nihil obstat” de los jerarcas cubanos, o el salvadoreño Roque Dalton que nos advierte que la tristeza da tos/ y si te descuidas un poco, cariño,/ la vida se te vuelve una jornada de Anita la huerfanita/ un solo llanto entre gordos.

La antipoesía se apoya en el humorismo pero lo malo es que no casa demasiado con el marxismo revolucionario. Parra mandó al carajo, ya hace años, a los camaradas para tirar rumbo por una especie de anarquismo. Con Dalton, tristemente, fue al revés y peor. Su humor ya era sospechoso cuando escribía que el comunismo al final será una aspirina del tamaño del sol, o cuando en su poema Revisionismo, aludiendo al lema comunista “la religión es el opio del pueblo”, se atrevió a escribir: No siempre/ porque,/ por ejemplo,/ en Macao,/ el opio/ es el opio del pueblo.

¿A dónde va a parar la poesía por estos carriles? En Parra ya descarriló hace tiempo con sus artefactos resultados, dice, de la explosión del antipoema. Aunque admite que también podría decirse que el antipoema es un conglomerado de artefactos a punto de explotar. En todo caso, yo me quedo con ese antipoema suyo que debe gustarle mucho al señor embajador: La izquierda y la derecha unidas,/jamás serán vencidas.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.lfcuervo@telemovil.net

 

 

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