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| Emoción blanca. Un aficionado del
Real Madrid disfruta del clásico en el bar “Caminito
Real”, ubicado en la calle Amatepec. |
Rose Mary Castellón
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Una vez más quedó claro que cuando de fútbol se
trata no hay ningún obstáculo que impida disfrutar del “deporte
rey”.
Ayer, bajo un cielo denso de nubes y un lluvia que parecía no acabar,
miles de salvadoreños decidieron abandonar unas horas de sueño
para asistir al Estadio Cuscatlán y apoyar a la Sub-17 en su juego
ante Costa Rica. A pesar del mal estado del tiempo y del tedioso tráfico
en los alrededores del Coloso, después del primer gol del tico
Jorge Castro al minuto 20, los aficionados aún continuaban ingresando
al estadio.
Afuera, los revendedores apresurados ofrecían los boletos, ya casi
desechos por la lluvia, “¡a lo mismo, a lo mismo!”.
Como es común, entre el olor a carne asada, hot dogs, churros,
mango y quién sabe cuántas cosas más, los comerciantes
mostraban las banderas, sombreros y pulseras para que cada aficionado
“no sea tacaño y apoye a la Selecta”, tal y como pregonaba
un vendedor.
Pero ayer, no sólo los muchachos de la Sub-17 fueron protagonistas.
Puesto que la Selección cuscatleca ya estaba clasificada, a la
espera únicamente de poder regalarle el título de campeón
a esa afición que no dejó de confiar en ella, los salvadoreños,
sin embargo, tenían su agenda apretada. Y la competencia no era
fácil. Los aficionados sabían que tan pronto terminara el
partido entre El Salvador y Costa Rica, tenían otra cita: Real
Madrid-Barcelona.
Minutos después del segundo gol de Castro, al ‘56, las gradas
del ‘cusca’ poco a poco comenzaban a lucir desoladas. Si bien
los ticos se llevaron el campeonato, los salvadoreños se fueron
contentos con la clasificación.
Pero para los aficionados salvadoreños faltaba la otra mitad del
programa. Esa que abarrotó los bares y restaurantes de la ciudad
para vivir desde la tele el gran clásico español: Madrid-Barcelona
se vivió a pleno otra vez en San Salvador.

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