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| Efectivo. Los estanques construidos permiten el desarrollo de miles de tilapias.Foto:
EDH |
Cristian Díaz
El Diario de Hoy
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Lo más conocido de este proyecto es la producción de plátanos, pero hay mucho más, y quienes llegan hasta el terreno propiedad de La Geo pueden comprar plantas ornamentales, tilapias y hortalizas.
La entidad ha invertido más de 23 mil dólares en este plan y los beneficiados han recibido desde las plantas sembradas hasta asistencia técnica, fertilizantes, plaguicidas y equipos agrícolas, entre otros.
Incluso, en los primeros nueve meses entregaron a cada persona incorporada al plan casi 60 dólares a la quincena, para cubrir sus gastos, según explica Patricia Zavaleta, trabajadora social de la empresa.
Algunas de las plantas y flores que se reproducen en el vivero son: rosas, cartucho, izote ornamental, “tuyas” y palmeras.
A corto plazo esperan iniciar la oferta de distintas especies forestales, como una forma de estimular la protección de los suelos.
La satisfación de la empresa y sus trabajadores es grande al ver los resultados, aunque lamentan que algunas se hayan retirado.
Pero confían en que el sistema sirva de modelo y sea aplicado en distintas localidades.
De todo lo producido, se reúnen las ganancias y luego son repartidas entre los que se han incorporado al programa, ellos son residentes de colonias cercanas como Los Ausoles, Los Girasoles y El Triunfo.
De la tristeza a la satisfacción continua
Simplemente no quería dejar de sembrar maíz y frijol. Esa fue la reacción de Carlos Humberto Méndez, de 64 años, cuando le pidieron abandonar estas prácticas y dedicarse al cultivo de plátano.
A él le explicaron que las prácticas que desarrollaba dañaban el suelo y limitaban la absorción de agua.
“Al principio me sentí triste con el cambio. Pero ahora tengo más ganancias”, indica sonriente.
Él también planta remolacha, pepino y otras hortalizas. Sus ingresos son permanentes.
Pero su caso no es único. María Teresa Aguirre, de 40 años, es madre de cinco hijos y recuerda que cuando plantaban granos básicos lograban ingresos por temporadas. El resto del tiempo tenía que “rebuscarse” para obtener unos centavos.
Ella se incorporó al proyecto hace un año y asistió a diferentes capacitaciones, ya que no sabía nada sobre la siembra de musáceas y hortalizas.
Piensa que su vida ha cambiado. Hoy sabe mucho más de técnicas agrícolas.
La mujer se encuentra optimista porque las perspectivas de lo plantado le hacen pensar que su condición económica mejorará aún más a mediano plazo.
Como otros confía en atraer a clientes interesados en adquirir productos frescos y de buena calidad.
Piensa también que en la medida que más personas conozcan este proyecto habrá nuevos clientes, y que se puede motivar a otras empresas y comunidades a iniciar planes similares en diferentes zonas del país.
Todo esto favorecería tanto a las empresas como a los vecinos.
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