| Ricardo
Chacón*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Visitar Japón por trabajo siempre es un reto, un desafío;
no solamente llama la atención por sus carreteras, sus edificios
y las luces de neón por doquier, sino también atrae el trato
personal, el trabajo, la disciplina y el honor de los japoneses que se
muestran en cada momento.
Viajando en el “Tren bala”, de Tokio a Kioto, a más
de 300 kilómetros por hora, el grupo de salvadoreños conversaba
alegre, de pie en el pasillo, cuando nuestra intérprete nos dice,
casi en secreto, “Por favor, hay que sentarse y guardar silencio,
hay otros pasajeros que van en el tren y quieren respeto”.
¿Qué otra cosa se puede hacer ante esto?: bajar la cabeza,
sentarse y observar a los otros pasajeros, unos conversan en voz baja,
otros comen y guardan la basura en sus bolsos, y otros observan el paisaje.
Este es sólo un ejemplo, pero hay muchos más que uno se
encuentra a diario: las continuas reverencias de unos y otros al relacionarse
con sus semejantes, el respeto a los demás en todas y cada una
de las circunstancias de ciudadanos comunes y corrientes que trabajan
duro, que se divierten, que estudian, que tienen una familia... simplemente,
que viven.
Como en toda ciudad con un gran tráfico, los problemas con los
automóviles grandes es cotidiano; pero lejos de insultar o incluso
tomar acciones violentas, cuando alguien es ofendido una “mirada”
es suficiente para mostrar el desacuerdo y la molestia. Y cuando las cosas
van más allá, en un accidente, lo primero es auxiliar a
las víctimas, luego la autoridad, con mucha eficiencia, suele intervenir
y lograr que los involucrados se pongan de acuerdo, o si se determina
que hubo un culpable claro, la justicia se encargará de él.
Por supuesto que hay problemas y dificultades, propias de una sociedad
superdesarrollada donde los jóvenes, no obstante la sociedad de
consumo, no busca en las drogas, en los amigos o en el “no hacer
nada” el escape a su problemática.
Y qué decir de la desintegración familiar, donde los valores
de siempre amenazados por el consumismo, la indiferencia del dolor ajeno
y sobre todo la tentación del absolutismo, la omnipotencia.
Pero bien, se trata de otra cultura, de otro medio, donde se han resuelto
en gran parte los problemas económicos y se ha logrado dar a la
población educación, salud, ocio, seguridad y paz.
Son pocos, pero realmente pocos, los que usan armas, a lo sumo los miembros
de la policía con una arma corta; las armas largas no se ven, mucho
menos que los ciudadanos corrientes porten armas, ya sean largas o cortas.
Sigo con otras cosas. No sé si es importante, pero sin duda alguna
hacen la diferencia: la limpieza es evidente, las calles son limpias,
no hay basura, pero hay un montón de basureros donde depositar
los desperdicios, todos ellos divididos dependiendo so son papel, vidrios,
latas u otros.
La puntualidad es clave, fundamental en el quehacer cotidiano. El “Tren
bala” anuncia que llega a las 2.32 p.m. (por decir una hora) y a
las 2.32 llega... y los que llegan dos minutos tarde se quedan. Lo mismo
al bajar, si usted no lo hace en 90 segundos (minuto y medio) se queda.
Ahora bien, tampoco hay un gran drama si usted queda fuera, porque luego,
a los pocos minutos, tendrá una segunda opción. Y si ha
sido maltratado, de una u otra manera, podrá quejarse y tener una
respuesta positiva.
En definitiva, y esto es lo me llama la atención de Japón:
el trabajo duro, consciente, permanente no es más que el camino
del progreso. La disciplina y la honestidad en los negocios, y en general
en todas las relaciones con los demás, son los principios que rigen
tanto a viejos como a jóvenes.
Editor Jefe de El Diario de Hoy.

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