Breve análisis
Una dimensión diferente del mundo

El trabajo, la disciplina y el honor pareciera que son tres elementos clave que explican y muestran lo que ahora es Japón: un país superdesarrollado donde se combina la tecnología con la sencillez y el buen trato entre las personas.

Publicada 22 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Ricardo Chacón*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Visitar Japón por trabajo siempre es un reto, un desafío; no solamente llama la atención por sus carreteras, sus edificios y las luces de neón por doquier, sino también atrae el trato personal, el trabajo, la disciplina y el honor de los japoneses que se muestran en cada momento.

Viajando en el “Tren bala”, de Tokio a Kioto, a más de 300 kilómetros por hora, el grupo de salvadoreños conversaba alegre, de pie en el pasillo, cuando nuestra intérprete nos dice, casi en secreto, “Por favor, hay que sentarse y guardar silencio, hay otros pasajeros que van en el tren y quieren respeto”.

¿Qué otra cosa se puede hacer ante esto?: bajar la cabeza, sentarse y observar a los otros pasajeros, unos conversan en voz baja, otros comen y guardan la basura en sus bolsos, y otros observan el paisaje.

Este es sólo un ejemplo, pero hay muchos más que uno se encuentra a diario: las continuas reverencias de unos y otros al relacionarse con sus semejantes, el respeto a los demás en todas y cada una de las circunstancias de ciudadanos comunes y corrientes que trabajan duro, que se divierten, que estudian, que tienen una familia... simplemente, que viven.

Como en toda ciudad con un gran tráfico, los problemas con los automóviles grandes es cotidiano; pero lejos de insultar o incluso tomar acciones violentas, cuando alguien es ofendido una “mirada” es suficiente para mostrar el desacuerdo y la molestia. Y cuando las cosas van más allá, en un accidente, lo primero es auxiliar a las víctimas, luego la autoridad, con mucha eficiencia, suele intervenir y lograr que los involucrados se pongan de acuerdo, o si se determina que hubo un culpable claro, la justicia se encargará de él.

Por supuesto que hay problemas y dificultades, propias de una sociedad superdesarrollada donde los jóvenes, no obstante la sociedad de consumo, no busca en las drogas, en los amigos o en el “no hacer nada” el escape a su problemática.

Y qué decir de la desintegración familiar, donde los valores de siempre amenazados por el consumismo, la indiferencia del dolor ajeno y sobre todo la tentación del absolutismo, la omnipotencia.

Pero bien, se trata de otra cultura, de otro medio, donde se han resuelto en gran parte los problemas económicos y se ha logrado dar a la población educación, salud, ocio, seguridad y paz.

Son pocos, pero realmente pocos, los que usan armas, a lo sumo los miembros de la policía con una arma corta; las armas largas no se ven, mucho menos que los ciudadanos corrientes porten armas, ya sean largas o cortas.

Sigo con otras cosas. No sé si es importante, pero sin duda alguna hacen la diferencia: la limpieza es evidente, las calles son limpias, no hay basura, pero hay un montón de basureros donde depositar los desperdicios, todos ellos divididos dependiendo so son papel, vidrios, latas u otros.

La puntualidad es clave, fundamental en el quehacer cotidiano. El “Tren bala” anuncia que llega a las 2.32 p.m. (por decir una hora) y a las 2.32 llega... y los que llegan dos minutos tarde se quedan. Lo mismo al bajar, si usted no lo hace en 90 segundos (minuto y medio) se queda.

Ahora bien, tampoco hay un gran drama si usted queda fuera, porque luego, a los pocos minutos, tendrá una segunda opción. Y si ha sido maltratado, de una u otra manera, podrá quejarse y tener una respuesta positiva.

En definitiva, y esto es lo me llama la atención de Japón: el trabajo duro, consciente, permanente no es más que el camino del progreso. La disciplina y la honestidad en los negocios, y en general en todas las relaciones con los demás, son los principios que rigen tanto a viejos como a jóvenes.

Editor Jefe de El Diario de Hoy.