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Sugerencia
Descansar leyendo
La lectura de autores como
Casona, Saint-Exupèry, Dickens, las leyendas de Bécquer,
Dumas, Walter Scott, Víctor Hugo, son una ocasión excelente
para oxigenar nuestro cerebro y penetrar dentro de un mundo nuevo.
Publicada 22 de octubre de 2006, El Diario de
Hoy
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| Teresa
Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Para los que no tienen el hábito de la lectura, pensar que con
un libro se puede descansar parece absurdo. Sin embargo, la costumbre
de leer no siempre nace, sino también se hace cuando hay voluntad.
La típica excusa de los lectores fallidos es que les da sueño.
Lógico si lo hacen por la noche, en estado de total agotamiento.
Otra razón es que escogen el libro equivocado. Se dejan llevar
por la publicidad y compran el bestseller de turno; el que ha hecho más
bulla, del que todo mundo habla. O la literatura latinoamericana que parece
estar de moda.
Grave error porque un best seller ha logrado ese título porque
ha vendido millones de copias, ronda las 400 páginas, lo que no
garantiza su calidad. La iniciación en la lectura requiere un plan
adecuado y dosificado. El lector primerizo es como un bebé comenzando
a comer. Primero leche, luego papilla de cereal, de verduras, de frutas.
Con la dentición, alimentos sólidos de suave deglución
y fácil digestión.
Material inicial en la lectura, serían los autores de tragedias
griegas, que en 40 ó 60 páginas plantean y definen una situación
siempre actual, en la que juegan papel importante las pasiones humanas.
Los clásicos ocupan un lugar perenne dentro de la literatura universal,
por su capacidad de causar un máximo placer estético, con
un mínimo de palabras.
Despertar el sentimiento del lector y hacerlo identificarse con sus personajes.
Esquilo deslumbra con la grandeza de Prometeo, el dios encadenado por
haber tenido compasión del hombre. Sófocles conmueve ante
Edipo Rey tratando de huir de su implacable destino. Y Eurípides
enfrenta a Electra y Orestes como jueces de su propia madre.
Tal vez la grandeza del teatro griego no sea del agrado de muchos, pero
en el gran menú de la literatura universal hay para todos los gustos.
Modelo de sencillez creativa es el español Alejandro Casona, quien
no ha recibido el reconocimiento que merece.
Está fuera de los programas oficiales de literatura, tal vez porque
su teatro es simple, llano y natural como la vida misma, y los pueblos
felices no tienen historia. Sus personajes presentan ese contraste entre
el mundo de la realidad y la fantasía, poesía y verdad,
realidad o ilusión en los que se advierte esa inquietud que lleva
al lector a intentar penetrar más allá de la farsa teatral.
Se considera como su mejor obra “La Dama del Alba”, cuya protagonista,
la Peregrina, mujer llena de dulzura y misterio, aparece intempestivamente,
sin avisar y de igual manera se retira. Los niños no temen estar
con ella, pero los viejos la evaden. Sus llegadas coinciden siempre con
alguna desgracia o catástrofe pero su paso por la casa donde transcurre
la historia, marcará para siempre a sus habitantes y les llevará
a un final feliz.
“La Barca sin Pescador” tiene como figura principal al demonio,
elegante caballero, siempre de negro hasta los pies vestido, que no fuma
porque le molesta el humo pero se involucra en el mundo de las finanzas
mediante el consabido pacto con quien corroe la ambición de la
riqueza.
A pesar de la aparente sencillez de sus planteamientos, su calidad teatral
y literaria, unidas a su capacidad poética y humana maneja temas
más serios que merecen una sonrisa, pero también mueven
a la reflexión. Altamente recomendadas también “Los
Arboles Mueren de Pie” y “La Tercera Palabra”, por su
original argumento y excelente dominio del idioma.
En cambio, iniciarse con un best seller o con los temas truculentos de
sexo, violencia, aberraciones que por ser de diaria administración
se han convertido en la oferta de la literatura contemporánea,
equivalen a dar a un bebé recién nacido un coctel de conchas,
una sopa de patas o una mariscada, que definitivamente haría tremendos
estragos en su organismo.
La lectura de autores como Casona, SaintExupèry, Dickens, las
leyendas de Bécquer, Dumas, Walter Scott, Víctor Hugo, son
una ocasión excelente para oxigenar nuestro cerebro y penetrar
dentro de un mundo nuevo, que por desconocido, constituirá un descanso
en medio de tantas complicaciones que nos presenta la tan difícil
vida diaria.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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