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La nota del día
Hay mucho que aprender de los tigres del Asia

Hay que tomar ejemplo de otros milagros económicos de la actualidad, como lo que tiene lugar en Irlanda y el Báltico.

Publicada 22 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

El diario de hoy
editorial@ elsalvador.com

El milagro asiático, el esplendor de naciones que hace medio siglo estaban sumidas en la pobreza, es el magnífico escenario de la misión presidencial salvadoreña que en la actualidad visita Taiwan, Corea y Japón.

Además de fortalecer los lazos de amistad y cooperación que nos unen, la delegación podrá contrastar lo que llevó al engradecimiento de sus economías y lo que hemos venido haciendo en El Salvador.

La economía japonesa, la segunda más poderosa del mundo, es tan grande como la de toda Europa; Corea del Sur produce casi mil billones de riqueza, mientras Taiwan la sigue de cerca.

En los tres casos, la economía de mercado, la seguridad jurídica y el culto al trabajo fueron el factor que les permitió no sólo reconstruir sus arrasadas naciones, sino colocarse al frente del mundo.

Como dijo una vez Ludwig Erhard, el padre del resurgimiento alemán, todos los milagros económicos de nuestro tiempo son el fruto de hombres trabajando en libertad.

Esa simple fórmula, mercado/seguridad/disciplina se aplica ahora en muchas de las otrora subyugadas naciones del extinto bloque soviético y en países como Irlanda, con fenomenales resultados: altos índices de crecimiento, nula inflación y gran calidad de vida para los pobladores. Y como un precioso don adicional, libertades personales y públicas y un sistema político fundamentado en la democracia.

Fue el contraste entre la apabullante pobreza de China comunista y el extraordinario bienestar de sus vecinos asiáticos, lo que llevó a Pekín a desechar el marxismo como régimen económico y abrazar el capitalismo, el “capitalismo salvaje”, también con asombrosos resultados.

En 1960 las exportaciones totales de Corea fueron un poco más de la décima parte de las exportaciones de El Salvador. Pero también, en 1960 nuestro país inicia el camino de las reformas sociales, el dirigismo, los altos impuestos, el acoso al productor, la demagogia. Fue el inicio de la década cuando la Universidad de El Salvador cae en manos de comunistas, se potencia la agitación sindical, se cierra el país a las importaciones y se aplica la política de desplumar a los productores a través de impuestos, “complementarias” y laudos laborales.

La sabia ley: no trabajas, no comes

Corea inicia la marcha a lo que es hoy, mientras El Salvador cae en lo truculento, la violencia terrorista y las ocurrencias como plan de gobierno, lo que llega a su apoteosis durante la década perdida.

En ninguno de los tres países se antepusieron al crecimiento económico las políticas sociales, el benefactorismo. Se tuvo plena conciencia de que la generación de empleo es la mejor política social; los tres países y otros más en la cuenta como Hong Kong, aplicaron un ordenamiento básico laboral: si no trabajas, no comes. Y partiendo de jornadas de doce y catorce horas siete días a la semana, se alcanzó, en medio siglo, un bienestar que es admiración y envidia del mundo.

El viaje presidencial debería y puede ser un punto de inflexión en nuestra historia, la oportunidad de rectificar, de revisar políticas y leyes de tinte populista, hacer una reingeniería y renovación del gabinete, especialmente en el área económica. La disciplina y los esfuerzos por capacitar con responsabilidad, debe guiar la educación en El Salvador; además hay que tomar ejemplo de otros milagros económicos de la actualidad, como lo que tiene lugar en Irlanda y el Báltico.

 

 

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