| Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
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Según los últimos datos, el número de internautas en el mundo supera ya los mil millones. No es que estemos comenzando una revolución digital, estamos profundamente inmersos en ella. Vivimos en un mundo audiovisual, de realidades virtuales, pantallas y vida “on line”.
Las nuevas pantallas están desplazando a las viejas: computadoras, juegos de vídeo y celulares vrs. cine y televisión. Ahora resulta que los niños ven cada vez menos televisión. Oímos menos radio (el ipod está haciéndose con el mercado), y los juegos de vídeo se están convirtiendo en el producto estrella de la industria del entretenimiento.
Los últimos estudios dicen que, en la actualidad, los niños ven mucha menos televisión que los adultos. Los pequeños de la casa ya no miran programas infantiles, pues su tele audiencia se ha desplazado de las tardes a las noches. Por las tardes, juegos de vídeo e In-ternet están tomando el relevo.
Aunque la televisión sigue siendo la pantalla reina, los más pequeños están creciendo en un entorno digital. De la televisión les interesan programas concretos. Están lejos de la actitud del adulto que enciende la tele para “ver qué están dando”.
A menor edad, mayor desinterés por la variedad. Pero cuando crecen, el interés por la variedad aumenta, y por ello la televisión (sin importar el número de canales a su disposición), les aburre.
De un reciente estudio español sabemos que: “Aun-que la televisión sigue si-endo la gran pantalla de los más pequeños, éstos viven y crecen en un entorno digital: navegan por la Internet, poseen teléfono móvil, juegan con videojuegos, etc. (...) Cuando se interroga a los niños sobre sus preferencias: si tuvieran que escoger entre la televisión e Internet, un 32% optarían por lo primero mientras que el 38% se quedaría con la Red; un 47% prefiere los videojuegos frente al 34% que elige el televisor, y un 40% se queda con el teléfono móvil frente al 37% que escogen la tele”.
Eso plantea nuevas oportunidades. La más inmediata ya ha sido aprovechada: ocasiones de hacer dinero para los fabricantes de videojuegos, celulares y computadoras. Pero la más importante no es esa, sino averiguar cómo se puede proteger y educar a los hijos para que no naufraguen en un mundo en el que la inmediatez, la superficialidad de la información, la inmoralidad (en algunos casos) y los cantos de sirena de la recompensa inmediata a cualquier esfuerzo, terminen por forjar una generación de apáticos.
Pongamos un ejemplo: si bien es relativamente difícil que un (o una) adolescente pueda comprar tabaco o alcohol en una tienda (y si se diera el caso siempre existe el recurso de sancionar al culpable), ese mismo joven tiene acceso, a través de la Internet, a cualquier cosa que desee comprar, ver o disfrutar.
La verdad es que, viendo la calidad moral de algunos vídeo juegos de moda, muchas veces casi preferiría --como alternativa de entretenimiento-- que fumen un cigarrillo de vez en cuando... pues claro está que contaminar los pulmones es mil veces menos dañino que envenenar el alma.
El reto de educar no es del Estado, es --naturalmente--, tarea de los padres. Quizá algunos adultos pueden llegar a sentirse abrumados y pensar que la tecnología les agobia.
Sin embargo, por muy novedoso, complicado o difícil de comprender que sea el mundo de esos celulares que parecen hacer de todo menos comunicar..., o los videojuegos que se llevan a cabo en tiempo real y en los que juega alguien de Sudáfrica, otro de Munich, uno de Usulután y un uruguayo... O cualquier otro avance tecnológico. Siempre queda el sentido común, y la necesidad de comprender las nuevas realidades para saber hacer el mejor uso de ellas, para uno mismo y para sus hijos.
Incluso MTV, el canal de televisión que nació para transmitir música popular, está disminuyendo su público. Hace veinticinco años, la primera canción que transmitió, muy oportunamente se titulaba: “Video kill the radio star” (el vídeo mató la estrella de la radio).
Ahora, parece que habrá que componer otra canción que conmemore la muerte de la TV y celebre el auge de los vídeo juegos, el ipod y la Internet: “Ha muerto el rey, ¡viva el rey!”
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.
carlos@mayora.org

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