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Medidas dictadas por Educación
Los centros escolares tienen un mandato claro de no brindar informes
a personas que no estén debidamente acreditadas como funcionarios
de ese ministerio.
Llama a la unidad
El clamor de la Federación de Colegios Católicos es
para que los tres órganos del Estado y los políticos
encuentren una solución. |
Susana Joma/E. Velásquez/J.R.
El
Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Haciéndose eco de las duras declaraciones del embajador de Estados
Unidos, Douglas Barclay, pronunciadas días atrás en las
que apremiaba a la sociedad y especialmente al Gobierno a presentar un
programa sobre seguridad y contra la criminalidad, José David Velasco,
presidente de la Federación de Colegios Católicos (Fedec),
rompió ayer el silencio para dar a conocer, a través de
un comunicado, la condena por las extorsiones a docentes en los colegios.
De paso, como Barclay, hizo un llamado a la unión para poner freno
a esta lacra social.
“Somos una familia grande que tenemos incidencia en la vida de la
juventud y que también está acorralada por los acosos”,
expresó Velasco, representante de una agrupación que aglutina
317 centros en el país.
Al menos, la Fedec habla de tres centros de la capital, cuyos docentes
sufren este tipo de delincuencia, pero como, matiza Velasco, “pueden
ser más”.
En medio de la prudencia con que las autoridades del sector público
y privado manejan este tipo de informaciones, se habla ya de un centro,
cuya dirección habría contemplado la idea de marcharse del
país. “Espero que no haya ese retiro de instituciones por
ese apremio. Sería una pérdida de servicios valiosos para
la sociedad salvadoreña y la juventud a la que nos debemos”,
afirmó el presidente de la Fedec.
En el mismo sentido se pronuncia Manuel de Jesús Machado, presidente
honorario de la Asociación de Colegios Privados de El Salvador
(ACPES), ente que aglutina a 226 centros laicos. Los docentes de dos colegios,
uno en Cuscatlán y otro en Cabañas, son víctimas
de este tipo de violencia, si bien apunta que los centros y las cantidades
que les exigen “son pequeñas”.
Como asociación han propuesto a las instituciones que denuncien
a la PNC; un paso que, en ocasiones por miedo, a veces por desconfianza,
no siempre se da. Unos motivos que tienden a distorsionar la realidad
en cuanto se habla de cifras de víctimas y afectados por las extorsiones.
Bartolomé Gil, director departamental de San Salvador del Ministerio
de Educación, maneja 12 centros de estudios públicos, cuyos
docentes viven bajo la sombra de la extorsión o amenaza. Las últimas
tres denuncias llegaron al Mined en poco más de una semana.
En ese listado, que se omite seguridad, aparecen escuelas del centro capitalino
y de municipios como Mejicanos y Soyapango.
En cada escuela, las víctimas se pueden contar por docenas. En
uno de los casos más preocupantes, 50 docentes están en
la mira de las maras después de que éstas los amenazaran
semanas atrás. Para ello, según Educación, incluso
privaron de libertad a un maestro durante un día como prueba de
que iban en serio.
Una de las medidas más inmediatas es facilitar el traslado de centros
a los profesores amenazados. “Hay 25 solicitudes y hemos resuelto
como 19”, indicó Gil al referirse a San Salvador.
El clima de inseguridad que vive el país y, por ende, las escuelas
obligó a Educación a realizar cambios de carácter
administrativo. “Me he reunido con los directores (629), con todos,
para dar indicaciones de cómo guardar la información”,
acotó el funcionario.
Desde hace unas semanas, los centros no brindan información, vía
telefónica, sobre maestros y empleados. Nadie tiene la certeza
de quien está al otro lado de la línea es una persona honesta,
dice Gil.
Una desconfianza que se pasó por alto en varios de los centros
extorsionados. Los delincuentes, en algunos casos, se presentaron bien
vestidos a las instalaciones, haciéndose pasar por funcionarios
de Educación. “Sabemos que en un caso llegaron bien elegantes,
como que eran funcionarios, y obtuvieron la información sobre la
planta docente”, asevera Velasco, de Fedec.
Un memorándum del Ministerio de Educación, con fecha 8 de
septiembre de 2006, ahonda en las nuevas obligaciones administrativas
de los centros. Entre ellas que cualquier información se brinde
a través del asesor de gestión o, en su defecto, por medio
de un funcionario que esté acreditado.
Incluso, como menciona el director departamental, los directores tienen
instrucciones de cerrar la puerta a quienes no se identifiquen antes.
Consultado al respecto, el fiscal general, Félix Garrid Safie,
dijo que tenían conocimiento de este tipo de delitos. “Las
extorsiones continúan, pero las estadísticas han mejorado
(en transporte), en parte después de haber instaurado la unidad
especializada, además de la contraparte de la PNC”, dijo
el fiscal.
Barclay, en su discurso sobre “Logros en El Salvador, cómo
mantenerlos”, acuñó el adverbio “ahora”
para referirse a lo urgente de la situación. Es la misma urgencia
de la que hacen gala instituciones como Fedec y ACPES.
“Imagínese con el salario tan bajo”
Con rostro serio y sin dejar de frotar sus manos una y otra vez, la maestra
Julia S. da un respiro profundo, como queriendo llenar su cuerpo de valor
para poder hablar.
Calcula cada palabra para que no salga más información de
la precisa. Aún así el temor se impone cada vez que recuerda
aquel mensaje verbal que las maras enviaron a su centro escolar, uno de
los muchos ubicado en la zona paracentral: “Tienen que pagar una
cuota mensual”. Esta supera los $40, pero no dice el importe exacto,
tampoco las decenas de docentes a los que les toca dar parte de su sueldo.
A diferencia de otros casos que han trascendido en el sector educativo,
a ellos no les llegó ningún papel escrito, tampoco les han
llamado por teléfono. Hace más de una semana que alguien
del propio equipo docente les comunicó la petición.
“Dice que le agarraron unos cheros y que luego le condujeron a otro
lugar donde estaba el líder de la mara. Que le habían explicado
que era para demostrarnos que no estaban jugando, que teníamos
que cumplir o si no lo harían con cada uno de los maestros hasta
que entendiéramos”, comenta la educadora mientras vuelve
a buscar acomodo en el sillón y lanza una mirada furtiva a la puerta.
Su historia no es ajena. Como asegura Bartolomé Gil, director departamental
de Educación, hay reportes de algunas maestras rurales del Programa
Educación con Participación de la Comunidad (Educo), que
han sido retenidas y luego liberadas.
En el centro donde trabaja Julia la atribulación de los profesores
motivó una suspensión de clases por uno o dos días,
pero casi nadie se atreve a hablar de la causa y los padres conocieron
del porqué hasta la presente semana.
“Todos estamos muy nerviosos, tristes. Imagínese, con este
salario tan bajo y la cantidad que nos han pedido para cada mes es lo
que nos podría servir para comer una semana”, enfatiza Julia
mientras revela que en sus 25 años de labor es la primera vez que
está ante una situación tan complicada.
En esa escuela, que cubre una significativa población de escolares
de bajos recursos, aflora un ambiente tenso que se acentúa cuando
un extraño llama al portón. El mismo que, siguiendo instrucciones
de Educación, no se puede atravesar sin presentar el DUI a un custodio
privado de semblante serio.
En vísperas de finalizar el año escolar, cuando en años
anteriores los educadores se han mostrado felices por las cercanía
de la vacación, la seño Julia y sus compañeros viven
los días más largos de su carrera. Una situación
que nadie les garantiza que no volverá a la vuelta de la Navidad.

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