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| Cebiche. Rey de todas las delicias marineras,
encabeza la lista de las maravillas culinarias. |
El Diario de Hoy
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Todo el mundo sabe la historia de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo
Moderno; pues bien, se puede aspirar a la confección de un listado
con la relación de las “Siete Maravillas Gastronómicas
de la Herencia Hispana”.
A la cabeza de esta lista se coloca el cebiche, un territorio culinario
único, un plato que ha escalado un lugar de privilegio en los menús
de los más prestigiosos restaurantes estadounidenses.
Sutil, ligero y perfumado, o potente y sabroso, este manjar “cocinado”
a base de zumo o jugo de limón y en armonía de ají,
cebolla morada y cilantro, entre otros ingredientes, ha alcanzado un refinamiento
de mesa cardenalicia.
Lidera la revuelta contra la modernidad culinaria de diseño un
plato barroco y sorprendente, fruto de la experiencia de generaciones
mexicanas: el mole.
Si Antípatro de Sidón (125 a.C.), a quien se atribuye la
relación de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, levantaría
la cabeza, se mostraría “maravillado” al descubrir
que un condimento figura entre las “Siete Maravillas Gastronómicas
de la Herencia Hispana”.
El vecino de Sidón se asombraría al saber que para conseguir
una libra de esta especia hay que recolectar miles de flores de la rosa
de azafrán. Condimento indispensable en la sopa bullabesa y el
risotto, sus delicadas y rojizas hebras o estigmas perfuman los más
tentadores arroces del Mediterráneo.
Hablando de arroces, la paella es otro de los grandes platos de la cocina
iberoamericana.
Le sigue en la lista la confección de los tamales venezolanos,
una ceremonia en la que participa cada miembro de la familia y aporta
alguno de los ingredientes: carne de res, de cerdo y de gallina, pasas,
alcaparras, aceitunas, garbanzos, cebolla, tomate y pimiento.
Nada mejor, para sacramentar el capricho, que una parrillada argentina
y las secretas tentaciones que son las achuras (vísceras).
¿Un postre inmortal para celebrar?: el flan, un postre de toda
la vida, el soufflé de los pobres, que ha sabido renovar su arquitectura
golosa sin dejar por eso de ser él mismo.<efe>

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