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La
nota del día
No nos indignamos a menos que nos toque
Cada ciudadano de una sociedad libre debe luchar con todo su empeño contra la intolerancia, grupos de fuerza, individuos vinculados al crimen organizado y sectas o movimientos de fanáticos
Publicada 19 de octubre de 2006, El Diario de
Hoy
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| El
diario de hoy
editorial@ elsalvador.com
Es trágico, como señala el embajador estadounidense Douglas Barclay, que los salvadoreños estemos al menos parcialmente anestesiados, poco sensibles a las atrocidades y la violencia a menos que nos toque el pellejo. Si cada persona se indignara con lo que sucede a su vecino o al poblador de una comunidad distante, pondría presión sobre el sistema y los políticos para que se apliquen con severidad las leyes contra los delincuentes.
En su origen esa indiferencia nace de la poca conciencia moral de la población, que en su mayoría piensa que bueno es lo que le conviene y malo lo que le perjudica. Si alguien se beneficia con las extorsiones o comprando partes robadas de un automóvil, no se toma el trabajo de denunciar al extorsionista, al ladrón de vehículos o al taller donde estos se desmantelan.
No se dan cuenta quienes así actúan, de que tolerar una clase de delincuencia les hace ser víctimas de otra; no puede una parte del pueblo estar sana y la otra podrida. Tampoco pueden los vecinos de una ciudad elegir como alcalde o diputado a un ex terrorista o pistolero, sin que eso agrave los niveles de criminalidad que sufren.
En su reveladora obra sobre los campos de concentración soviéticos, El Archipiélago Gulag, el premio nobel Alexander Solzhenitzyn dice que si cada ciudadano hubiera luchado contra la dictadura, cogido a palos al agente de la policía política, dado fuego a las sedes del partido comunista, Rusia no habría sucumbido al horror de un despotismo de espanto.
De igual manera, cada ciudadano de una sociedad libre debe luchar con todo su empeño contra la intolerancia, grupos de fuerza, individuos vinculados al crimen organizado y sectas o movimientos de fanáticos.
Un número de jueces de paz en este país es el principal culpable de la impunidad que nutre a la delincuencia. Como señaló el embajador Barclay, es inadmisible que los jueces interpreten leyes y fallen contra derecho porque simplemente les da la gana.
Lo hacen pese a las abrumadoras evidencias que se presentan contra los imputados, como el caso de los billetes marcados, el reconocimiento por la víctima del sitio donde la tuvieron secuestrada y algunas de sus pertenencias allí encontradas. No es cierto, como declaró un juez, que suelten criminales por el mal trabajo de fiscales y policías; los dejan libres porque esa es la consigna que reciben del grupo de rojos que los manipula.
Aliados con delincuentes del mundo
Tampoco se trata de que “los dos principales partidos” se pongan de acuerdo para acabar con la criminalidad que está desangrando a El Salvador. Los partidos políticos con excepción de grupúsculos ligados a los comunistas, tienen un compromiso con la democracia, la libertad y el Orden de Derecho; ninguno propugna por arrasar con el sistema jurídico vigente, o imponer un esquema contra natura como el cubano o el que esclavizó el bloque soviético.
Ninguno, con excepción de los comunistas, que fomentan de manera permanente el odio de clases, sostienen comandos urbanos en la madriguera de la UES, montan marchas y emboscadas (5J) y se relacionan con todos los grupos delincuenciales y terroristas del mundo, desde la FARC colombiana hasta la mafia de Norteamérica. Su “buena fe” se demostró cuando sentados en la mesa de las negociaciones de paz en 1989 lanzaron un ataque contra el país que causó miles de muertos.

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