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Un show diferente en el Circo Sinfónico

La OSJ ofrecerá desde hoy un espectáculo cargado de atractivo visual y música


Publicada 18 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Sorpresa. Ayer los invitados ensayaban posibles propuestas artísticas para hoy en la noche. Prometen sorprender. Foto EDH
Jorge garcía F.
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

La Sinfónica Juvenil de El Salvador realizará hoy la primera de tres presentaciones de la obra bautizada como “Concierto Sinfónico”, un espectáculo preparado para que el público disfrute en familia de una noche artística musical.

Este show basado en la ópera de Mozart “La flauta mágica” será presentado en el Teatro Presidente los días 18, 19 y 20 de octubre a partir de las 7:30 de la noche.

Circo Sinfónico es un espectáculo organizado por la Asociación Proarte de El Salvador, con el apoyo de la compañía de danza interdisciplinaria Capacitor.

En esta presentación, también participa un grupo de atletas de alto rendimiento de la Federación Salvadoreña de Gimnasia.

“Los conocimientos y habilidades de estos atletas han sido integrados en este show”, manifestó Kristiana Gencheva, entrenadora de la selección de gimnasia.

Único

Martín Jorge, director titular de la Sinfónica Juvenil, expresó que “esta presentación incluye una fusión entre la música clásica y lo moderno”, por lo cual se convierte en un atractivo para todo el público.

Para Jorge el objetivo de este montaje está inspirado en la celebración de los 250 años del nacimiento de Mozart y “se transforma en un espectáculo familiar incluyendo este género musical que está muy vivo y actual”.

Por su parte Alejo Campos, director de Arte de la Asociación, aseguró que “éste es un concierto distinto que se ofrece a nuestro público” en el que se incluye además de música, aerodanza, malabarismo, payasos profesionales y más.

La música de Mozart ha sido adaptada por Martín Jorge, para ser presentada en dos actos cargados de arte visual y musical. “Es un concierto de música clásica con arreglos para un oído más juvenil y con una excusa visual para venir a disfrutar la música clásica” expresó Alvaro Maldonado, productor asociado de la presentación.


Carmen Molina Tamacas
MOLESKINE (y VIII)
El tren sí duerme, Roppongi no

Hay japoneses que no se atreven a ir a Shinjuku porque piensan que puede ser peligroso. Y qué decir de Shibuya o Roppongi. Pero la verdad es que no pasa nada. Esas zonas concentran lo que hay que ver en Tokio de noche: ríos de neón, decenas de rascacielos, tiendas, restaurantes y miles, miles de personas, especialmente jóvenes que van en busca de diversión.

El metro de esta ciudad no es apto para principiantes. Aún para quienes llevan años viviendo aquí, como mi amigo canadiense Ross (a quien conocí en Estambul seis meses atrás), los accesos y las líneas son una suerte de laberinto de colores. Nada como dejarse conducir. Llegaremos a algún lado y siempre, siempre hay una manera de regresar.

Claudia Ramírez, la arqueóloga salvadoreña a quien tuve el gusto de entrevistar en Tokio, se unió a la aventura. No es usual hacer una gira por estos tres distritos, bastante distantes unos de otros, en una sola noche. Comenzamos en esa suerte de Times Square al cubo. La calle central de Shibuya apenas tiene un kilómetro de largo pero concentra tiendas y establecimientos especializados en música y farmacias. En Takeshita Dori hay decenas de almacenes que venden artículos relacionados con personajes e ídolos famosos no solo de los japoneses: Hello Kitty y Astroboy también aparecen de vez en cuando por allí.

Ross nos lleva a la parada obligada de Tokio: la estatua de Hachi-ko, un perrito fiel que siguió repitiendo la rutina de su amo, aún después que este muriera.

Buscando un restaurante de sushi en carrousel (la comida circula en una banda sin fin) encontramos otro sitio donde no es necesario un menú bilingüe; el paladar tiene un romance a primera vista.

Luego nos desplazamos a Shinjuku, a buscar uno de esos típicos restaurantes donde había una fiesta de japoneses y canadienses. Mucho sake había corrido ya en esa mesa y resultó complicado y un poco infructífero explicar que El Salvador está en América pero que no es parte de los Estados Unidos. En fin…

Fiesta cerrada, seguimos nuestro camino hasta un lugar donde se puede ver la torre de Tokio tan cerca e iluminada que da la impresión de que se puede tocar.

A esa hora los trenes ya no circulan, pero nadie se preocupa. Se come un kebap por allí, se toma una cerveza por allá y se espera que amanezca. Todos lo hacen.

Muchos extranjeros prefieren la movida de Roppogi. Hay bares y muchos chicos de ronda. Cualquiera de los tres puntos es clave para probar la vida nocturna de Tokio, una ciudad donde sólo los trenes duermen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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