El
Diario de Hoy
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El Milan llegaba con una serie de cuatro empates consecutivos (tres de ellos de local) y con un solo gol anotado en ellos. Buscaba romper su sequía realizadora y volver a la senda del triunfo. Y lo logró, aunque en verdad lo más justo hubiera sido la igualada.
En la búsqueda del triunfo, el técnico milanista dejó en el banquillo a Gilardino, que parece pisarse en exceso los espacios con Inzaghi, y dio una nueva oportunidad inicial al brasileño Oliveira. El partido de este último duró casi sólo un tiempo y no dejó huella.
La primera mitad no tuvo grandes cosas y se perdió por la senda del equilibrio, pues las ganas del Anderlecht contrarrestaron la mejor técnica individual del Milan. Eso sí, las pocas ocasiones de gol estuvieron del lado milanista y ambas en remates de cabeza: Oliveira (29’), con la buena intervención del meta local; e Inzaghi (46’), muy desviado estando en buena posición.
Complicado
En el segundo llegó la sorpresa, en forma de la segunda tarjeta mostrada a Bonera (47’), que dejó al Milan en diez. La verdad es que el colegiado español Luis Medina Cantalejo estuvo excesivamente severo en las dos amonestaciones mostradas al italiano.
La superioridad numérica envalentonó al Anderlecht. Y ahí estuvo su tumba, pues dejó espacios al contragolpe de un Milan que rápidamente mató a su rival.
Lo hizo en una rápido contra nacida con una falta no señalada al borde del área milanista, con el balón llevado por Seedorf, que cedió a un Kaká (58’) que desde unos 25 metros lanzó un duro disparo que rozó en la pierna de Vanderhaeghe y se coló en la meta del Anderlecht.
El 0-1 evidenció ya el mayor oficio del Milan, su mejor disposición táctica sobre un Anderlecht que empujó en busca del empate y dispuso en el último cuarto de hora de dos excelentes ocasiones para anotar. Pero Dida lo evitó.
Al final, el Milan se llevó los tres puntos, rompió su racha de empates y lidera en solitario y comodidad un Grupo H que ya le ve muy cerca del pase a la siguiente ronda. <EFE>

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