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Feudo, un reducto de lujos y negocios turbios

Con la venta de servicios básicos y drogas, así como extorsiones a la mayoría de reclusos, unos pocos reos vivían como reyes


Publicada 17 de octubre de 2006 , El Diario de Hoy

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Pavón era un negocio redondo para la élite de los presos que ahí cumplían sentencia y un lugar donde podían vivir con tal lujo y solvencia económica como quizá no la tenían en sus propias casas.

Según Alejandro Giammattei, director del Sistema Penitenciario, Pavón era una vergüenza para el sistema carcelario.

Desde ahí se planificaban y ordenaban secuestros y toda suerte de delitos.
Alvaro Matus, fiscal guatemalteco, tiene la certeza de que el secuestro de una joven fue dirigido desde Pavón.

Otros funcionarios, aunque sin aportar pruebas, se arriesgan en señalar que allí mantuvieron a víctimas de secuestro mientas negociaban el rescate.

El hallazgo de cuatro motocicletas hace sospechar a las autoridades que muchos delitos (asesinatos, extorsiones) fueron cometidos por reclusos de Pavón.

Esto, por supuesto, con la venia de quienes a lo largo de diez años vigilaban el exterior del presidio, ubicado en el municipio de Fraijanes, 20 kilómetros al poniente de la capital guatemalteca.

De momento, Matus afirma que están ordenando las evidencias halladas en más de 20 días de registro en el penal.

Pese a que para el fiscal es obvio que los reos tuvieron la venia de las autoridades carcelarias de turno para introducir teléfonos, jacuzzis, motocicletas y otros tantos artículos prohibidos en una prisión, el Ministerio Público no baraja la posibilidad de enjuiciar a ningún carcelero, pues, tendría que revisar día por día a lo largo de los diez años que la cárcel estuvo bajo la administración de los propios reos.

Hasta la semana anterior, Pavón era un desorden de artículos de lujo y mercadería de los minisuper desparramados por doquier.

El ir y venir de ingenieros militares calculando las demoliciones y nuevas construcciones, como de carceleros buscando armas saturaban tanto el paisaje como el aire enrarecido por el hedor de ratas o gallinas muertas.

La casa del narco colombiano

Era quizá la residencia más lujosa de Pavón. Edificada en una esquina del presidio, tenía circuito cerrado de televisión y los cristales de las ventanas polarizados. Una manada de gansos hacían las veces de perros guardianes y mascotas a la vez.

La casa del colombiano Jorge Batres, quien manejaba el negocio de drogas en el penal, tenía cuatro habitaciones en la primera planta; en la segunda, una sala más un gimnasio adornado con enormes fotografías familiares. Toda la casa estaba enchapada de azulejos.

En el traspatio, el colombiano había construido dos tanques subterráneos de agua potable: uno para los quehaceres domésticos y otro para el laboratorio de crak que disimulaba en un taller de carpintería.

Cuentan las autoridades que la casa del colombiano fue uno de los reductos que más resistencia pusieron.

Al ver que el fuego de fusilería no hacía mella en las tropas, colocó a más de cien reclusos a guisa de escudo humano.

Pero nada le valió. La casa de Batres fue la que más impactos recibió como la que más. El murió con un fusil en la mano junto a varios de sus guardaespaldas. El jueves anterior, sólo los gansos deambulaban por los jardines de la casa.

Próspera empresa de telefonía

Veintiún cabinas telefónicas, hechas de madera barnizada, más dos aparatos para recibir fax conformaban la oficina de telefonía que funcionaba dentro de Pavón, en la zona comercial.

Un cartel pegado en una pared advertía que recién habían adquirido diez nuevas líneas telefónicas. Otro más recordaba a varios reclusos que debían cancelar sus créditos por el uso de teléfono.

La empresa era explotada por el Comité de Orden y Disciplina (COD), de la cual Luis Zepeda era el jefe. Funcionaba contiguo a la casa de éste.

La oficina tenía todas las formalidades tecnológicas y de contabilidad. A cada cliente se le extendía un tiket de una máquina registradora.

Además, aunque el Ministerio Público no lo confirma, funcionarios del SP afirman que tenían un aparato para detectar y bloquear llamadas de posibles informantes de las autoridades.
Alvaro Matus, fiscal a cargo de las investigaciones, aseguró a este periódico que investigarán cómo es que los reclusos habían hecho toda suerte de tratos comerciales con empresas formales.

Lucro de drogas y TV por cable

Jorge Batres era el rey de la droga en Pavón. Fabricaba crak para el consumo de los internos y también para exportarla fuera del presidio.

El día del asalto a Pavón, las autoridades decomisaron dentro de una mueblería dos barriles con acetona que, aseguran, era utilizada en el laboratorio de crak.

Para su laboratorio, Batres disponía de la cisterna subterránea. La fábrica funcionaba bajo el mismo techo que una mueblería. El comercio de drogas explica, según autoridades, la riqueza con que vivía el colombiano, sentenciado por delitos relacionados a drogas.

El comercio de drogas era sólo una de las actividades que Batres manejaba dentro de Pavón.

Batres, según el director del Sistema Penitenciario, era miembro de Praxis, una organización no gubernamental supuestamente dedicada a defender los derechos de los reclusos.
Otro de los negocios que podría haber explotado Batres era la venta de televisión por cable, bajando la señal de forma clandestina, al utilizar decenas de tubos de lámparas.

El negocio con el agua y la luz

Nada era gratis en Pavón, sólo el aire que se respiraban. Desde 1996, el Comité de Orden y Disciplina se apoderó de la prisión y privatizaron todo. Los dineros recaudados iban a parar a manos de los directivos de turno.

De esa forma, el agua y la energía eléctrica que el Estado proporcionaba a la prisión, eran vendidos.

Por toda la prisión había conductos superficiales que iban a parar a cada casa, porque celdas, propiamente dichas, no había en Pavón.

Como sucedía con el agua potable, quien no quería estar a oscuras tenía que pagar puntualmente el servicio de energía eléctrica.

Jorge Batres, el colombiano consumía agua y energía a escala industrial. En su residencia tenía transformadores eléctricos, aunque las autoridades no saben si éste pagaba o no, por ser el segundo al mando del COD.

A juzgar por las decenas de refrigeradoras y otros frigoríficos de bebidas, televisores, máquinas de juego y negocios como restaurantes, minisupermercados y barberías existentes en Pavón, el negocio de ambos servicios dejaba grandes ganancias. Realmente, para los dirigentes de Pavón era una bendición estar ahí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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