| Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
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Además de ser descubridores de un tiempo mejor, los vientos octubrinos son anunciadores de nuestra primavera austral, que empieza en noviembre y dura hasta enero.
Ellos --los vientos del presagio-- anuncian el mismo tiempo florido que en nuestras altitudes llega al terminar las lluvias, despuntando en los cerros colmados de margaritas y nuevos propósitos.
Es cuando surgen las piscuchas, dragones y barriletes en el cielo, como si fueran emigrantes cometas detrás de un tiempo mejor. Similares a las golondrinas de Capistrano, que llegaban puntuales, huyendo del invierno.
Debo decir que también los sueños fueron fugaces como las coloridas birlochas voladoras del barrio de la niñez. Que los chicos del barrio enviábamos “telegramas”, metiendo en el hilo de la piscucha un papel con un mensaje. El papelito empezaba a subir a todo lo largo del cordel hasta llegar al papalote.
Desde entonces los vientos de octubre anunciaron ventura. Y en el firmamento de aquel día volaron todos los sueños de celofán, que nadie más en el mundo pudo inventar.
(palabrasbalaguer@gmail.com)
Día a día
Guardando agua
Es afortunado que los primeros esfuerzos para guardar agua se están llevando a cabo en El Salvador, con Anda: además de la construcción de un gran reservorio en Morazán, que vendrá a solucionar la escasez permanente de agua en la región, se ha iniciado la construcción de un reservorio pequeño para suplir a una comunidad pequeña.
El propósito, nos dice el presidente de Anda, César Funes, es sacar experiencias, refinar técnicas y a muy corto plazo fabricar más reservorios en distintos lugares de la República, sobre todo en aquellos que sufren escasez casi permanente de agua.

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