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Economía para todos
Zonas francas, desarrollo y Culture Club

No hay duda que las inversiones en un país dependerán en gran medida de “factores esenciales”, tales como la estabilidad macro-económica, la seguridad jurídica, la ubicación geográfica y la calidad de la mano de obra

Publicada 17 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El papel que juegan los impuestos en una sociedad siempre va a ser discutible, no sólo por el monto de sus tasas (con “ese”, porque con “zeta” son las de café…), sino también por “qué industrias” son objeto de gravamen, con “qué finalidad” se utilizan los fondos recaudados… (¡ay!), y por qué hay “exenciones impositivas” (¿what?).

En lo referente a qué industrias son gravadas, si les preguntaran, por ejemplo, a los fabricantes de muebles “qué se debería hacer con su industria”, probablemente dirían que habría que aplicar impuestos a la exportación de madera…, limitándole así a los aserraderos la opción de exportar, para no tener que competir por el “acceso a la madera nacional” (¡oops!).

Y ya que estamos…, quizás pedirían que se apliquen impuestos a la importación de muebles, para no tener que competir por el “acceso a los clientes nacionales” (doble ¡oops!).

Este ejemplo de negocio redondo…, muestra el peligro que implica manipular impuestos con dedicatoria para determinadas industrias: el consumidor es quien siempre termina pagando tales engendros. Ese es el error Nro. 1.

En cuanto a la finalidad con que se utilizan los fondos recaudados, la principal debiera ser pagar el funcionamiento del aparato estatal, tanto nacional como municipal, aunque con frecuencia la política se mezcla más de la cuenta en este tema (you know…). Ese es el error Nro. 2.

Finalmente, las desgravaciones (diga “exenciones impositivas”, que suena a connoisseur…), son quitas de impuestos que gozan determinadas actividades, tema altamente sensible.
¿Por qué sensible? Porque si se las implementa mal se prestarán para manipulaciones que distorsionarán el mercado (¿recuerda el error Nro. 1?), o para cosas aún peores.

Pero si se las implementa bien, como al menos es la intención en el caso de las zonas francas, no deberían desaprovecharse, y menos aún debería combatirse su existencia con el argumento de que “son un sacrificio para la recaudación fiscal”.

¿Qué es una Zona Franca? Tal como la define la ley salvadoreña (1998), “es un área del territorio nacional donde las mercancías que en ella se introduzcan, son consideradas fuera del territorio aduanero nacional, respecto de los derechos de importación y exportación y por lo tanto sujetas a un régimen y marco procedimental especial”.

No hay duda que las inversiones en un país dependerán en gran medida de “factores esenciales”, tales como la estabilidad macro-económica, la seguridad jurídica, la ubicación geográfica y la calidad de la mano de obra. Así de simple.

Sería una ingenuidad olvidar que eso es lo principal, y es un error suponer que todo pasa por las exenciones impositivas: ese camino tiene patas cortas (como un tunquito).
Más aún, si todo dependiera de las exenciones impositivas, y en nada incidieran los “factores esenciales”, habría muy pocas inversiones en los Estados Unidos y en Europa (¿usted cree que es así?...).

Sin embargo…, en los países subdesarrollados (seamos positivos, digamos “en desarrollo”…), las zonas francas permiten generar rápidamente empleos formales (donde había trabajo informal), fomentan la inversión extranjera directa (donde no existía), y favorecen la internacionalización de la economía (que era cerrada).

Además, permiten diversificar las exportaciones (que estaban concentradas en cultivos básicos), obligan a mejorar la infraestructura de puertos y carreteras (que eran muy ineficientes), y exigen que las empresas trabajen bajo normas internacionales de calidad y seguridad industrial (donde muchas cosas se hacían fuera de standard).

También permiten recaudar dinero que antes no se recaudaba. ¿Qué? Claro, porque gran parte de la actividad económica que se genera alrededor de las zonas francas, y que antes no existía, paga impuestos de diversa índole: el transporte, los aportes laborales, los empleos indirectos, etc.

Luego, a medida que un país se va desarrollando por cumplir con los citados “factores esenciales”, de los cuales en verdad depende la continuidad de las inversiones, las zonas francas se irán transformando en parques industriales, ya sin exenciones fiscales. ¿Por qué?

Porque éstas irán siendo desalentadas por la Organización Mundial del Comercio. Pero el camino del desarrollo ya habrá sido iniciado.
¿Conclusión? Si los permisos de zonas francas se otorgan con transparencia, y los productos realmente se re-exportan (¡occhio!), oponerse a su existencia por un tema de recaudación fiscal es el “Mistake Nro. 3”. Como cantaba Culture Club.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

 

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