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La nota del día
Después de leerlos, a andar en cuatro patas

El sueño de la simple felicidad de la vida campesina, de la vuelta a la tierra, ya llevó a terribles tragedias, como la del Perú con el Sendero Luminoso y Cambodia bajo Pol Pot

Publicada 17 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

El diario de hoy
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Volver al rancho, a las carretas de bueyes, a los tapescos, los caites y los cotones propone como “plan de nación” un grupúsculo de anacrónicos, como en su momento el difunto señor Handal dijo que la solución al transporte en el país era volver a las mulas.
Nadie se opone a que cualquier individuo vaya a vivir al campo, comulgue con la naturaleza, deje zapatos y relojes, tome agua del río y visite curanderos.

O como le dijo Voltaire a Rousseau, que planteó algo similar, “después de leer su libro me han entrado deseos irresistibles de ponerme a caminar en cuatro patas”. Los adoradores del maíz, del barro, del bohío y de los taparrabos pueden hacer lo que les venga en gana; por ello viven en una sociedad libre. Lo malo es que quieran imponer sus locuras al resto de la gente, forzándoles a volver a la época precolombina, la de plumas a lo Evo y sacrificios humanos. Más o menos como otros desquiciados, los talibanes, ofrecen: el regreso al Medioevo.

Con una estimabilísima amiga nos espantamos de la época de María Antonieta, que a la par del esplendor de los palacios, del lujo de la corte, de listones y tules, vivían sin dentistas, sin desodorante, sin servicios sanitarios, sin anestésicos, sin computadoras y sin lo que ahora nos parece absolutamente esencial en nuestras vidas. Más o menos como los cubanos de hoy en día, que están forzados a padecer el verano sin ventiladores, no pueden maquillar a sus mujeres y apenas consiguen un tubo de pasta de dientes cada tres meses.
Volver al pasado, a la caverna

Denigrar los tiempos actuales con todo lo que facilita y prolonga la vida es oficio en que se enfrascan sujetos con dolencias mentales, complejos y una sustancial ignorancia de lo que fue el pasado. A distancia algunos suponen que la América precolombina estaba mejor que la contemporánea, pero olvidan lo que significó la contribución europea a liberarnos e integrarnos al mundo. Comenzando por la escritura y el reconocimiento de derechos básicos; el mismo Cristobal Colón fue apresado por orden de la corona, por las atrocidades que cometía contra indígenas y españoles bajo su tiranía.

Lo primero que se debe reconocer es que con las prácticas agrícolas de los indígenas, sería imposible alimentar a la actual población salvadoreña. La primera prueba es que fue después de finalizar el sistema ejidal que comenzó a crecer la población en el país.

¿Qué va a ocurrir con todos los oficios, profesiones, trabajos, actividades y deseos que tenemos la mayoría de salvadoreños, distinto a sembrar con bueyes, alimentarnos de tortillas y beber agua de pozos? ¿Qué va a ser de empleados de banca, de agencias publicitarias, de firmas de arquitectos, de comerciantes, importadores, ventas de vehículos, talleres, etc.? ¿Qué harán las personas que ahora estudian profesiones como computación?

El sueño de la simple felicidad de la vida campesina, de la vuelta a la tierra, ya llevó a terribles tragedias, como la del Perú con el Sendero Luminoso y Cambodia bajo Pol Pot y los jemeres comunistas. Esas sociedades no anticiparon la tragedia, no metieron en manicomios a los que andaban exaltando la vuelta a las simples virtudes y la simple vida del pasado. Un pasado que fue caverna, brujería, salvajismo y brutalidad.


 

 

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