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| Petición de mano. La Bocha Teatro (imagen)
tuvo un mano a mano con el grupo Vivencias. |
Morena Azucena
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
El Teatro Poma concluyó sus presentaciones para este año.
Los actores y directores han dejado su huella, bueno unos más que
otros.
Largos aplausos, carcajadas singulares y momentos de reflexión
fueron las manifestaciones que el público regaló a los participantes
de esta jornada.
Pero tampoco se dejan de lado las expresiones, gestos y declaraciones
de un público poco satisfecho.
A estas alturas es importante hacer un alto para comentar lo que se vio
en la VII Temporada del Teatro Poma.
El platillo de entrada tuvo una sazón tica. El escenario nacional
recibió “El Diario de Ana Frank” y “Los Monólogos
de la Vagina”.
El primero no puedo comentarlo pues no asistí a la presentación.
Pero si pude conversar con el director Hugo Carrillo, quien justificó
por qué es importante llevar a escena este drama que ocurrió
en 1942.
Ahora, ¿Qué es lo que más recuerdo de Monólogos
de la vagina? La sensualidad, la fuerza y la provocación que ambas
actrices transmitieron cuando contaron los testimonios de varias mujeres
que tuvieron una buena o mala experiencia con sus vaginas.
La confianza e intimidad es otro de los logros que las costarricenses
pudieron crear con el público. También se destaca la gracia
y la entrega que ambas actrices manifestaron en algunos detalles tan dispares
como la simulación de un orgasmo y el dolor de una chica que sufrió
una violación.
El teatro de casa
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| Costa Rica. El Monólogo de la Vagina
sedujo a la audiencia. |
Seguido a este espectáculo, el director Roberto Salomón
presentó el drama “Ángel de la guarda”, obra
escrita por Jorge Ávalos (periodista, poeta y escritor salvadoreño).
Ángelica, el personaje principal del monólogo, fue interpretado
por la actriz Naara Salomón.
La fineza y la sutilidad son las principales características del
montaje.
La incorporación del lenguaje poético es sin duda el indicador
de que el texto traspasó lo periodístico y se transformó
en un texto artístico.
Luego de este montaje, Salomón demostró su versatilidad
al presentar una “comedia agridulce”: “Sabor a miel”,
escrita por la inglesa Shelagh Delaney, quien plasmó una relación
disfuncional entre madre e hija.
Su representación tuvo altos y bajos. Entre sus aciertos se destaca
la cotidianidad con que es abordada esta situación. Además
es capaz de trasladar el ambiente frío, de soledad y los chispazos
de esperanza que se viven en las grandes ciudades.
La actuación tuvo que pasar varios túmulos. El ritmo y la
desapropiación de los personajes fueron elementos que pudieron
haberse mejorado.
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| El Diario de Ana Frank. Fue la obra que abrió
la VII Temporada del Luis Poma. |
“La Petición de mano” al cuadrado funcionó.
La combinación de dos grupos teatrales representando la misma obra
dio un resultado químico interesante: comparar el estilo de los
actores del grupo Vivencias y de la Bocha Teatro. También se percibió
el sello de los directores de este dúplex: Dorita de Ayala y Fernando
Umaña.
La adaptación popular de Dorita, que se apegó a los conceptos
tradicionales de teatro, fue singular. El hecho memorable de esta pieza
es haberla recreado en un entorno salvadoreño. Y Dorita lo logró
sin caer en frases o situaciones trilladas y sobreactuación.
Por su parte, La Bocha Teatro y su director invitado (Umaña) otorgaron
al montaje una sobriedad y solvencia artística. Si bien hay un
buen apego al texto y al entorno ruso, el director incorporó elementos
musicales y de escenografía de carácter contemporáneo,
esto hizo que se tornada dinámico y fresco.
Dos semanas después, el Poma recibió a “Esta clase
media”, dirigido por Eugenio Acosta Rodríguez.
La debilidad del texto y los vacíos escénicos de esta propuesta
no me parece que sea un buen cierre de esta jornada. Este comentario no
puede obviar la desaprobación de una espectadora que salió
corriendo muy digustada al tercer acto de la obra.

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