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Teatro y mujeres para no olvidar

Diversidad de géneros dramáticos y estilos distinguieron esta jornada teatral que fue dedicada a las mujeres en situaciones extremas.


Publicada 16 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Petición de mano. La Bocha Teatro (imagen) tuvo un mano a mano con el grupo Vivencias.
Morena Azucena
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

El Teatro Poma concluyó sus presentaciones para este año. Los actores y directores han dejado su huella, bueno unos más que otros.

Largos aplausos, carcajadas singulares y momentos de reflexión fueron las manifestaciones que el público regaló a los participantes de esta jornada.

Pero tampoco se dejan de lado las expresiones, gestos y declaraciones de un público poco satisfecho.

A estas alturas es importante hacer un alto para comentar lo que se vio en la VII Temporada del Teatro Poma.

El platillo de entrada tuvo una sazón tica. El escenario nacional recibió “El Diario de Ana Frank” y “Los Monólogos de la Vagina”.

El primero no puedo comentarlo pues no asistí a la presentación. Pero si pude conversar con el director Hugo Carrillo, quien justificó por qué es importante llevar a escena este drama que ocurrió en 1942.

Ahora, ¿Qué es lo que más recuerdo de Monólogos de la vagina? La sensualidad, la fuerza y la provocación que ambas actrices transmitieron cuando contaron los testimonios de varias mujeres que tuvieron una buena o mala experiencia con sus vaginas.

La confianza e intimidad es otro de los logros que las costarricenses pudieron crear con el público. También se destaca la gracia y la entrega que ambas actrices manifestaron en algunos detalles tan dispares como la simulación de un orgasmo y el dolor de una chica que sufrió una violación.

El teatro de casa

Costa Rica. El Monólogo de la Vagina sedujo a la audiencia.

Seguido a este espectáculo, el director Roberto Salomón presentó el drama “Ángel de la guarda”, obra escrita por Jorge Ávalos (periodista, poeta y escritor salvadoreño). Ángelica, el personaje principal del monólogo, fue interpretado por la actriz Naara Salomón.
La fineza y la sutilidad son las principales características del montaje.

La incorporación del lenguaje poético es sin duda el indicador de que el texto traspasó lo periodístico y se transformó en un texto artístico.

Luego de este montaje, Salomón demostró su versatilidad al presentar una “comedia agridulce”: “Sabor a miel”, escrita por la inglesa Shelagh Delaney, quien plasmó una relación disfuncional entre madre e hija.

Su representación tuvo altos y bajos. Entre sus aciertos se destaca la cotidianidad con que es abordada esta situación. Además es capaz de trasladar el ambiente frío, de soledad y los chispazos de esperanza que se viven en las grandes ciudades.

La actuación tuvo que pasar varios túmulos. El ritmo y la desapropiación de los personajes fueron elementos que pudieron haberse mejorado.

El Diario de Ana Frank. Fue la obra que abrió la VII Temporada del Luis Poma.

“La Petición de mano” al cuadrado funcionó. La combinación de dos grupos teatrales representando la misma obra dio un resultado químico interesante: comparar el estilo de los actores del grupo Vivencias y de la Bocha Teatro. También se percibió el sello de los directores de este dúplex: Dorita de Ayala y Fernando Umaña.

La adaptación popular de Dorita, que se apegó a los conceptos tradicionales de teatro, fue singular. El hecho memorable de esta pieza es haberla recreado en un entorno salvadoreño. Y Dorita lo logró sin caer en frases o situaciones trilladas y sobreactuación.

Por su parte, La Bocha Teatro y su director invitado (Umaña) otorgaron al montaje una sobriedad y solvencia artística. Si bien hay un buen apego al texto y al entorno ruso, el director incorporó elementos musicales y de escenografía de carácter contemporáneo, esto hizo que se tornada dinámico y fresco.

Dos semanas después, el Poma recibió a “Esta clase media”, dirigido por Eugenio Acosta Rodríguez.

La debilidad del texto y los vacíos escénicos de esta propuesta no me parece que sea un buen cierre de esta jornada. Este comentario no puede obviar la desaprobación de una espectadora que salió corriendo muy digustada al tercer acto de la obra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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