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Insensibles
Sensibilidad ante el dolor

Lo peor que le puede ocurrir a la sociedad es insensibilizarse ante la muerte y el dolor humano; hay indicios de que esto está sucediendo en nuestro país, una cuestión que sí debe preocuparnos.

Publicada 15 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Ricardo Chacón*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Los periodistas y los médicos, a lo mejor sin quererlo, pueden contribuir a generar un ambiente de insensibilidad ante el dolor, la enfermedad y la muerte; déjenme explicarme.

Los números fríos nos dicen, dependiendo de la fuente, que en el país mueren violentamente alrededor de diez salvadoreños a diario; ante este hecho fáctico, escandaloso, unos se rasgan las vestiduras por la creciente violencia, denuncian y tratan de echar la culpa al gobierno, politizan la cuestión, pero poco o nada hacen para dar su aporte a solucionar la problemática de manera integral y a largo plazo.

Otros, los más, se quejan, y forma parte de sus conversaciones diarias el tema de la violencia y la inseguridad, pero poco o nada hacen para sumarse masivamente a la creación de espacios de seguridad. En todo caso se toman acciones para que la violencia no toque a mis más cercanos.

En ambos casos, unos menos otros más, suelen achacar a los medios de comunicación la responsabilidad del escándalo; incluso, hay quienes ponen en duda los trabajos informativos que recogen el desarrollo estadístico de los muertos o la cobertura diaria de los hechos de violencia.

No estoy de acuerdo con estas posiciones, a mi modo de ver distorsionadas, porque se centran en el efecto y dejan de lado los hechos mismos y --lo peor de todo-- las causas de una sociedad violenta.

Dicho de otra manera y sin eufemismo, escondiendo u obviando muertos no se solucionará los altos índices de violencia; tampoco creando falsas expectativas publicitarias, sobre todo cuando los hechos de la realidad van por otro lado.

De lo que sí estoy seguro es que la amplia cobertura de la violencia contribuye decididamente a la insensibilidad sobre el dolor; la continua cobertura de los hechos violentos no solo “cotidianiza” la muerte, la muerte violenta, sino que “naturaliza” las acciones de fuerza que llevan a que una persona mate a otra.

Incluso, un trabajo periodístico con pocas fuentes, sin contraste, sin la historia humana, hace insensible a la población ante hechos de barbarie; los cada vez más frecuentes hallazgos de cuerpos desmembrados por distintas parte de la ciudad son un ejemplo.

Esto es semejante con la medicina y los médicos: tras la práctica de muchos años y ante el dolor provocado por la enfermedad, muchos médicos han perdido la sensibilidad ante el dolor de la persona y la tratan como objeto.

El médico peruano Martín Nizama Valladolid nos dice que durante los últimos 50 años, gran parte de los profesionales de la medicina progresivamente han perdido la imagen humanista que los identificó con el modelo hipocrático durante siglos, para ser considerados como simples técnicos, ávidos de reconocimientos económicos, adheridos al modelo racional cientificista y divorciado con la sensibilidad humanista.

“El ejercicio de la medicina moderna adolece actualmente de un proceso de deshumanización en la sociedad globalizada, principalmente en las sociedades desarrolladas en las que prevalecen los estilos de vida materialista, el hedonismo, el vacío espiritual y la cultura de la banalidad”, dice Nizama Valladolid.

Pero también en países subdesarrollados como el nuestro sucede este proceso, donde muchos médicos no han terminado de entender que una persona, sin importar si es pobre o rica, es una persona que padece, que sufre dolor cuando está enfermo.

En el sistema de salud, sobre todo los hospitales públicos, carecen de atención al usuario, al enfermo. Aplicar encuestas periódicas a pacientes y familiares sobre la calidad del trato humano en el Seguro Social o en el Rosales daría resultados reveladores de cómo tratan los médicos, las enfermeras, los técnicos (y ahora los vigilantes privados con poca educación) a los miles de pacientes que buscan una palabra amable antes de encontrar la medicina a un mal.

Olvidarse de la persona, de su familia, de la vida, de su dignidad y convertirlo en una cifra fría fruto de la violencia, o un paciente más que sirve para cubrir una meta son realidades que hacen insensibles a la población.

Editor Jefe El Diario de Hoy

 

 

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