| Ricardo
Chacón*
El Diario de Hoy
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Los periodistas y los médicos, a lo mejor sin quererlo, pueden
contribuir a generar un ambiente de insensibilidad ante el dolor, la enfermedad
y la muerte; déjenme explicarme.
Los números fríos nos dicen, dependiendo de la fuente, que
en el país mueren violentamente alrededor de diez salvadoreños
a diario; ante este hecho fáctico, escandaloso, unos se rasgan
las vestiduras por la creciente violencia, denuncian y tratan de echar
la culpa al gobierno, politizan la cuestión, pero poco o nada hacen
para dar su aporte a solucionar la problemática de manera integral
y a largo plazo.
Otros, los más, se quejan, y forma parte de sus conversaciones
diarias el tema de la violencia y la inseguridad, pero poco o nada hacen
para sumarse masivamente a la creación de espacios de seguridad.
En todo caso se toman acciones para que la violencia no toque a mis más
cercanos.
En ambos casos, unos menos otros más, suelen achacar a los medios
de comunicación la responsabilidad del escándalo; incluso,
hay quienes ponen en duda los trabajos informativos que recogen el desarrollo
estadístico de los muertos o la cobertura diaria de los hechos
de violencia.
No estoy de acuerdo con estas posiciones, a mi modo de ver distorsionadas,
porque se centran en el efecto y dejan de lado los hechos mismos y --lo
peor de todo-- las causas de una sociedad violenta.
Dicho de otra manera y sin eufemismo, escondiendo u obviando muertos no
se solucionará los altos índices de violencia; tampoco creando
falsas expectativas publicitarias, sobre todo cuando los hechos de la
realidad van por otro lado.
De lo que sí estoy seguro es que la amplia cobertura de la violencia
contribuye decididamente a la insensibilidad sobre el dolor; la continua
cobertura de los hechos violentos no solo “cotidianiza” la
muerte, la muerte violenta, sino que “naturaliza” las acciones
de fuerza que llevan a que una persona mate a otra.
Incluso, un trabajo periodístico con pocas fuentes, sin contraste,
sin la historia humana, hace insensible a la población ante hechos
de barbarie; los cada vez más frecuentes hallazgos de cuerpos desmembrados
por distintas parte de la ciudad son un ejemplo.
Esto es semejante con la medicina y los médicos: tras la práctica
de muchos años y ante el dolor provocado por la enfermedad, muchos
médicos han perdido la sensibilidad ante el dolor de la persona
y la tratan como objeto.
El médico peruano Martín Nizama Valladolid nos dice que
durante los últimos 50 años, gran parte de los profesionales
de la medicina progresivamente han perdido la imagen humanista que los
identificó con el modelo hipocrático durante siglos, para
ser considerados como simples técnicos, ávidos de reconocimientos
económicos, adheridos al modelo racional cientificista y divorciado
con la sensibilidad humanista.
“El ejercicio de la medicina moderna adolece actualmente de un proceso
de deshumanización en la sociedad globalizada, principalmente en
las sociedades desarrolladas en las que prevalecen los estilos de vida
materialista, el hedonismo, el vacío espiritual y la cultura de
la banalidad”, dice Nizama Valladolid.
Pero también en países subdesarrollados como el nuestro
sucede este proceso, donde muchos médicos no han terminado de entender
que una persona, sin importar si es pobre o rica, es una persona que padece,
que sufre dolor cuando está enfermo.
En el sistema de salud, sobre todo los hospitales públicos, carecen
de atención al usuario, al enfermo. Aplicar encuestas periódicas
a pacientes y familiares sobre la calidad del trato humano en el Seguro
Social o en el Rosales daría resultados reveladores de cómo
tratan los médicos, las enfermeras, los técnicos (y ahora
los vigilantes privados con poca educación) a los miles de pacientes
que buscan una palabra amable antes de encontrar la medicina a un mal.
Olvidarse de la persona, de su familia, de la vida, de su dignidad y convertirlo
en una cifra fría fruto de la violencia, o un paciente más
que sirve para cubrir una meta son realidades que hacen insensibles a
la población.
Editor Jefe El Diario de Hoy

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