elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Anécdota
Virtudes y valores vrs. tecnología

Nuestra sociedad, incluso en el mundo académico, no domina aún la cultura de la investigación, que requiere la práctica de virtudes como la constancia, la paciencia, la laboriosidad.

Publicada 15 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Mariano Grondona, periodista y abogado argentino, en un interesante artículo titulado “Las causas del subdesarrollo”, comenta su experiencia como profesor visitante de la Universidad de Harvard, y las expectativas que tenía al llegar por primera vez a esta prestigiosa casa de estudios, cuestionándose las razones de su extraordinario prestigio.

No encontró nada excepcional en cuanto a tecnología e instalaciones pero sí le sorprendió encontrar una serie de cosas pequeñas que se cumplían con rigurosa precisión. Las clases comienzan y terminan a tiempo; los profesores están disponibles para atender a sus alumnos; preparan concienzudamente sus clases; desarrollan constante labor de investigación; la copia se considera como un robo de conocimientos, lo cual es condenado por profesores y alumnos, con la misma rigurosidad que si se saqueara un “locker”. Se cuidan los pequeños detalles, se lucha por lograr un trabajo de calidad y por terminar todo lo que se emprende.

Al analizar el panorama del mundo actual, Grondona afirma que el triunfo de la tecnología ha llevado a las personas y a los pueblos a despreciar las humanidades, la historia, la filosofía y la literatura. Que muchos jóvenes escasamente dominan la lectura comprensiva con resultados verdaderamente alarmantes. Esto lo confirma el Dr. José Miguel Ibáñez Langlois, escritor chileno, al decir que por la estrecha relación que existe entre leer escribir y pensar, las nuevas generaciones no estarán en capacidad para hacer frente a los serios problemas del mundo actual.

Grondona considera que el error de muchos países en vías de desarrollo, está en creer que comprar tecnología supone obtener las claves del éxito de los países que la venden. Mientras que la realidad es que las computadoras y todos los inventos son fruto del desarrollo de pueblos cuyas raíces son cultura y valores, ya que la adquisición de hábitos y virtudes es lo que los llevó finalmente a la tecnología. Que las computadoras son sólo el hardware, la cáscara, mientras el software es el espíritu de los pueblos que la desarrollaron.

Nuestra sociedad, incluso en el mundo académico, no domina aún la cultura de la investigación, que requiere la práctica de virtudes como la constancia, la paciencia, la laboriosidad. El empezar y volver a empezar una y otra vez, hasta lograr el éxito. Casos como Edison, Pasteur, los Curie cuyas vidas fueron ejemplos de renuncia a tantos placeres legítimos, incomprendidos por sus congéneres, sacrificándose en aras de un ideal. Práctica constante de virtudes y cosas pequeñas que los llevaron cosas grandes.

Una experiencia local que comprueba que la tecnología, sin virtudes no constituye una certeza de progreso y desarrollo, ocurrió en la década de los 60, con la remodelación del antiguo aeropuerto de Ilopango, para permitir la llegada de los primeros aviones jet. Fue una obra de gran envergadura en la que participaron empresas locales en la ampliación de la terminal, y empresas extranjeras en la construcción de las pistas, que incluirían la construcción de un túnel sobre la línea del tren y la carretera. Además, sería uno de los primeros aeropuertos en Centroamérica en tener vuelos nocturnos, gracias a la iluminación de las pistas.

Gran expectativa y multitud de salvadoreños se aglomeraron para el gran acontecimiento. Entusiasmo ante las muchas posibilidades que se abrían con las llegadas y salidas nocturnas. Gran frustración cuando se suspendió esta facilidad a los dos meses de la inauguración. Des-concierto sobre las razones que la causaron, elucubrando que tal vez no había suficiente mercado, que nos habíamos adelantado a las necesidades de la zona y muchas otras razones valederas.

Sin embargo la verdad fue que nuestros compatriotas se robaron las lámparas de las pistas, al descubrir que las podían vender en las pupuserías por la suma de dos colones, que las empleaban como azucareras, cumpliéndose así la afirmación de Grondona: Comprar tecnología no asegura el desarrollo, si antes no hay virtudes y valores que la respalden, lo cual debe ser tomado muy en cuenta en este momento en que nuestro país tiene el gran reto de abrirse al turismo.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

elsalvador.com WWW